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  Qué es procrastinar  
 


"Mañana es probablemente el día más ocupado de la semana". Anónimo

Procrastinar es aplazar una tarea importante en el tiempo para evitar tener que hacer frente al malestar emocional que provoca. En lugar de ello optamos por hacer otra tarea más fácil o más entretenida pero menos importante, pasando por alto los posibles costes futuros que este comportamiento puede tener sobre nuestros objetivos.

No toda la postergación es procrastinación, sólo lo es aquella que no es responde a un plan intencionado. A diario tenemos que elegir entre distintas tareas que compiten por nuestra atención y decidir cuál es más importante. Establecer prioridades y posponer voluntaria y controladamente una tarea con un objetivo determinado no es procrastinar.

En determinados trabajos, aquellos que tienen una estructura claramente definida a priori, prácticamente no hay margen para la procrastinación. A medida que la estructura decrece aumentan las posibilidades de postergar. Esto es lo que ocurre en profesiones creativas y en trabajos donde la libertad para priorizar es mayor como es el caso de autónomos y pequeños empresarios. Si a ello le añadimos el sinfín de tentaciones que nos brindan las nuevas tecnologías, Internet, y las redes sociales, el riesgo es todavía mayor.

Pero no sólo postergamos en el trabajo. Lo hacemos también en otras áreas de la vida. Posterga el que declara repetidamente que empezará una dieta mañana, el que pospone hasta la semana siguiente las tareas domésticas que no le gustan o el que promete a su esposa una y otra vez que no se llevará trabajo a casa los fines de semana y cuando llega el momento vuelve a encerrarse en el despacho.

La postergación va acompañada de una serie de excusas o racionalizaciones con las que tratamos de justificar nuestro comportamiento de una forma que parezca lógica. "Lo haré cuando tenga más tiempo", "me pondré con ello cuando esté inspirada" o "trabajo mejor bajo presión" son algunas de las excusas más utilizadas. El problema surge cuando llega mañana y ya no tenemos suficiente tiempo para completar la tarea como deberíamos, así que la volvemos a posponer a la espera de que llegue el momento óptimo.

Los costes de la postergación

Mediante la postergación obtenemos el beneficio inmediato que supone liberarnos de una tarea que nos parece difícil, compleja o aburrida, pero el coste que pagamos por ello es muy alto. La postergación acarrea dos tipos de consecuencias:

Consecuencias internas. Cuando postergamos una tarea importante planea sobre nuestras cabezas la sombra de lo que deberíamos haber hecho y no hicimos en forma de pensamientos que alimentan la preocupación, los remordimientos y la culpa. La culpa en este caso no surge de violar un código moral sino de la sensación de estar infrautilizando nuestro potencial, de sentir que nos estamos defraudando.

Consecuencias externas. La postergación no sólo tiene consecuencias negativas para nosotros sino también para nuestro entorno. Acumulamos retrasos en el trabajo, incumplimos nuestras responsabilidades y hacemos que los demás estén pendientes de nosotros, esperando una decisión o una acción que no llega a su debido tiempo. A una escala mayor la procrastinación también puede tener unas consecuencias nefastas: no reconocer una crisis económica a tiempo es un ejemplo de ello.

Cuando postergamos perdemos el control sobre nuestras acciones y sentimos que hay una fuerza interior que nos controla y boicotea nuestras intenciones. Esa fuerza nos hace actuar de forma irracional, buscando el placer inmediato, en lugar de diferir la gratificación y actuar a favor de nuestro mejor interés. La procrastinación es un hábito que nos resta poder personal.

 

 

Qué es postergar Por qué postergamos Cómo funciona...
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