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De la autonomía e interdependencia
Por Maria Pallarés, coach personal
En este artículo, que completa la trilogía sobre la construcción de la autonomía y la mujer proactiva, os invitamos a reflexionar sobre cómo articular autonomía e interdependencia.

En nuestro ámbito cultural, autonomía se ha convertido en sinónimo de autosuficiencia, independencia y libertad. Nuestro deseo de defender nuestra libertad nos está llevando a construir relaciones rápidas, sin compromiso y a adoptar comportamientos que nos permitan protegernos a toda costa de la pérdida de nuestro espacio personal. Cada vez es más frecuente oír comentarios del tipo: "no estoy dispuesto a renunciar a nada", "soy así, o lo tomas o lo dejas".

Refugiarse en la autosuficiencia no es la solución; somos seres sociales que necesitamos de los demás. No debe confundirse la autonomía con el individualismo. Si todo el mundo fuese individualista la sociedad se disolvería. Como apunta J.M.Terricabras (1) "el yo aislado del entorno no existe. Cada yo consiste en una red compleja de relaciones y de circunstancias. Defender la autonomía personal es defender las circunstancias en que esta autonomía se puede desplegar".
Tampoco debe confundirse la autonomía con la independencia. En muchos momentos quizás habremos pensado que podemos prescindir del otro, pero no es más que una ilusión. Aunque nos cueste reconocerlo, somos seres necesitados de afecto y de estimación.
Hay quien piensa que necesitar a los demás es una muestra de debilidad. Si no necesito a nadie lograré un gran triunfo personal porque habré demostrado mi fortaleza. ¿Es congruente esta manera de pensar ?¿es eso lo que queremos? ¿vivir sin afectos? ¿no necesitar a nadie?.
Algunas pensadoras feministas sostienen precisamente que el concepto de autonomía basada en la autosuficiencia no interesa a la mujer porque el yo femenino se conoce por la experiencia de la vinculación y se define por la interacción. Defienden, en cambio, una autonomía que se construye a través de vinculaciones profundas (2). Entendida de esta manera, la autonomía no es ausencia de compromisos, sino elección de los propios compromisos.
En una línea argumental parecida Neuburger (3) considera que la autonomía no es un estado, sino una capacidad latente, la de saber gestionar las dependencias: capacidad de elegir los fines, justificar los fines y tener energía o valor para realizarlos.
No tiene sentido pretender construir nuestra autonomía al margen de la sociedad, recluyéndonos y aislándonos de nuestro entorno. Saber estar solas es muy importante para alcanzar el equilibrio personal y la autonomía, pero eso no significa que no necesitemos relacionarnos con los demás. Sin el estímulo y la interacción con los otros difícilmente llegaríamos a conocernos.
Para encontrar el equilibrio el camino a recorrer es el que va de la autonomía a la interdependencia. En palabras de Pere Darder y Eva Bach (4):
"Interdependencia significa asumir la necesidad "de" y la vinculación "con" el otro desde mi autonomía personal; significa encontrar el punto de intersección personal entre la independencia que necesito y la necesidad que tengo del otro".
Por otro lado, tal y como apunta José Antonio Marina (5), es importante reconocer que muchas metas personales sólo pueden conseguirse colaborando en metas ajenas:
"Los vínculos afectivos limitan la libertad, sí, pero aumentan la autonomía. Si me comprometo con una persona a la que quiero, limito mi libertad, pero aumenta mi autonomía, porque voy a tener nuevos fines, más ánimos y voy a estar feliz. (...)

Vamos a conseguir niveles más altos de autonomía, y eso significa que tendremos que liberarnos de muchas cosas y que tendremos que someternos a otras. Y que la sabiduría está en saber de qué debemos liberarnos y a qué debemos someternos".
La mujer proactiva construye su autonomía desde la interdependencia. Su objetivo no es ser autosuficiente o recluirse en un santuario, resguardada de cualquier posible peligro. La mujer proactiva es autónoma y sabe alimentarse de la riqueza y la infinidad de posibilidades que le ofrece la vida. Se nutre del apoyo de su círculo de amistades, de su familia, y de todos los recursos que tiene a su alcance para aprender y crecer constantemente.
Referencias

(1) Josep-Maria Terricabras. I a tu què t'importa. Editorial La Campana, Barcelona, 2002.
(2) Sobre este punto nos remitimos a José Antonio Marina en Crónicas de la Ultramodernidad. Anagrama, 2004, Barcelona.
(4) Robert Neuburger La familia dolorosa, Herder, 1997.
(5) Eva Bach y Pere Darder, Sedueix-te per seduir. Viure i educar les emocions. Edicions 62, Barcelona, 2002.
(6) C. Cobo y J. Esteban Entrevista a J.A. Marina http://www.generacionxxi.com/marina.htm

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