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Una directiva que quería equilibrar trabajo y familia

En el marco de un curso de gestión del tiempo, una directiva solicitó nuestros servicios para afrontar una situación coyuntural de sobrecarga y estrés. Había conseguido hacer malabarismos durante mucho tiempo pero ahora sentía incapaz de llegar a todo. Se había marcado unas exigencias muy elevadas en todas las esferas de su vida: tenía que ser una gran profesional, una madre perfecta y una esposa entregada. En ese programa no le quedaba tiempo para ella.

Cuando contactamos por primera vez sufría bloqueos que le impedían resolver todas las tareas que se le iban acumulando en la agenda a lo largo del día. Además, se sentía culpable porque no podía atender a sus hijos de la manera que hubiera querido.
En primer lugar analizamos en qué y cómo empleaba su tiempo, tanto en el trabajo como en casa. Una vez identificados todos los "ladrones de tiempo" (interrupciones, dificultades para priorizar, etc.), diseñamos un programa para que aprendiese a programar sus tareas de forma realista y a usar su agenda eficazmente.
La siguiente fase consistió en cuestionar las creencias que provocaban sus sentimientos de culpa. Había hecho suyos todos los tópicos sobre la "buena madre": la necesidad de sacrificarse por sus hijos, de dedicarles el máximo tiempo posible, etc. Tras un par de sesiones se dio cuenta de que la falta de tiempo no tenía por qué convertirse en una carencia emocional para sus hijos; y que éstos se merecían tener la oportunidad de aprender a resolver sus propios problemas.

A continuación diseñamos un plan de acción para ahorrar tiempo en el hogar, basado en lema "delegar, delegar, delegar". Reconvirtió algunos hábitos familiares, consiguió movilizar a su familia y hacer participar a sus hijos en los quehaceres domésticos, buscó ayuda eventual para determinadas tareas y, con todo ello, logró reducir en una tercera parte el tiempo que dedicaba a estos menesteres.

Por último, identificamos cuáles eran sus necesidades personales: qué tiempo y qué espacio quería dedicarse a sí misma. Tenía muchas aficiones que había aparcando durante mucho tiempo: "ya las haré cuando mis hijos sean mayores" —se decía, pero ese momento no llegaba nunca. Gracias a una gestión de las actividades más eficiente y a que empezó a tomarse en serio sus propios deseos, consiguió encontrar el tiempo necesario para retomar sus clases de equitación, uno de sus grandes hobbies. Ahora ha empezado a disfrutar de verdad de su familia y de su trabajo.
 

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