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Julio de 2006

   
 

Por qué nos cuesta discrepar del resto del grupo. La paradoja de Abilene

Recientemente he impartido un curso de comunicación interna y algunas de mis alumn@s me han compartido la siguiente preocupación: la dificultad para expresar sus deseos y opiniones cuando están en grupo, sobre todo cuando discrepan respecto a la opinión de la mayoría.

¿Por qué es tan difícil no estar de acuerdo con lo que un grupo “parece” estar pensando? Cuando en mis clases surge esta pregunta explico la paradoja de Abilene (1): una parábola que creó Jerry Harvey, profesor de la George Washington University, para describir los aspectos que entran en juego en la forma en que las personas alcanzan el acuerdo en las organizaciones.

Os invito a leer una versión resumida de esta historia y a reflexionar sobre algunos aspectos de la forma en que expresamos nuestras opiniones cuando estamos en grupo. Deseo que os guste y que os aporte información útil para mejorar vuestras comunicaciones en casa y en el trabajo.

    Con esta e-zine nos despedimos hasta Septiembre. ¡Feliz verano!    
           
       
Maria Pallarés
Coach Personal
       

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La paradoja de Abilene

Una calurosa tarde de verano en Coleman, Texas, una pareja y sus suegros están tomando limonada y jugando al dominó cómodamente en el porche de su casa. La conversación fluye lentamente al ritmo de las aspas del ventilador, que trata de mitigar una temperatura de más de 40 grados.

El suegro propone hacer un viaje a Abilene, ciudad situada a 80 km. para comer en una cafetería en la que han estado anteriormente. Su hija dice: "Es una gran idea" (pese a tener reservas porque el viaje sería caluroso y largo). Su marido, pensando que sus preferencias no coinciden con las de los demás dice: "A mí me parece bien. Sólo espero que tu mamá tenga ganas de ir." La suegra dice a continuación: "¡Por supuesto que quiero ir. Hace mucho que no voy a Abilene!"

El viaje es caluroso, polvoriento y largo. Cuando llegan a una cafetería, la comida es mala y vuelven agotados, cuatro horas después.

Uno de ellos dice, con un cierto tono irónico: "¿Fue un gran viaje, no?". La suegra responde que, de hecho, hubiera preferido quedarse en casa, pero decidió seguirlos sólo porque los otros tres estaban muy entusiasmados. El marido dice: "No me sorprende. Sólo fui para satisfacer al resto de ustedes". La mujer dice: "Sólo fui para que estuviesen felices. Tendría que estar loca para desear salir con el calor que hace". El suegro después refiere que lo había sugerido únicamente porque le pareció que los demás podrían estar aburridos.

El grupo se queda perplejo por haber decidido hacer un viaje que nadie entre ellos quería hacer. Cada cual hubiera preferido estar sentado cómodamente, pero no lo admitieron entonces, cuando todavía tenían tiempo para disfrutar de la tarde.

Sorprendente ¿verdad?. Ninguno expresa sus preferencias. Es más, todos comunican lo contrario de lo que realmente desean. Cuando alguien finalmente se arriesga a decir lo que piensa –aunque sea de forma irónica– se abre la caja de Pandora. Nadie quería ir a Abilene.

Todos dieron por hecho que a los demás les apetecía hacer ese viaje y que tenían que estar contentos por ello, en lugar de arriesgarse a expresar sus propios deseos y mostrar su desacuerdo. Esta decisión produce un resultado negativo. Se sienten frustrados, enfadados e insatisfechos porque han hecho algo que no querían: un viaje caluroso y polvoriento.

¿Cómo es posible que cuatro personas se pongan de acuerdo para hacer algo que en realidad no desean? En el ámbito de la psicología este comportamiento se explica según la teoría de la “conformidad social”. Esta teoría sugiere que los seres humanos a menudo les cuesta actuar de una forma contraria a la tendencia del grupo; a lo que piensan que quieren los demás.

En el ámbito de la empresa esta historia se utiliza para analizar la gestión del acuerdo. En realidad, todos están de acuerdo pero no comunican sus sentimientos y acaban negando el acuerdo que no saben que existe entre ellos. Ésta es la gran paradoja: la falta de correspondencia entre la versión privada y la versión pública de la realidad.

Esta historia pone de manifiesto algunos de los problemas y de las interferencias que suelen darse en la comunicación. Aquí tenéis algunas de ellas:

Interpretar y hacer presuposiciones: Todos los miembros de la familia de Coleman presuponen. Ésta es una de las principales trampas de la comunicación. Emitir conclusiones a partir de nuestras presuposiciones sobre las que creemos que son las intenciones y deseos del otro.

Atraparse en los miedos y las fantasías negativas. Con la mente llena de pensamientos negativos sobre lo que podría suceder si manifestasen sus deseos y opiniones, los individuos actúan muy conservadoramente como grupo. Evitan correr riesgos y por eso no dicen lo que piensan abiertamente. El miedo a sentirse aislado y/o la censura les lleva a decir sí, cuando en realidad quieren decir NO.

La necesidad de aprobación. Ésta es una de las razones que nos lleva a silenciar nuestros propios deseos y opiniones. Para evitar la desaprobación y por complacer a los demás estamos dispuestos a hacernos autosabotaje. Poco importa que no dispongamos de la información necesaria para saber cuáles son los auténticos pensamientos e intenciones del resto del grupo.


Está en tus manos... decidir si quieres pasar calor o no

Hoy en día en las organizaciones americanas, cuando se hace una reunión y hay dudas sobre los acuerdos alcanzados, alguien suele preguntar: ¿realmente es así, o nos vamos a ir de viaje a Abilene? Ésta es la pregunta clave para determinar si la decisión es un deseo legítimo de los miembros del grupo o es simplemente un resultado de este “pensamiento de grupo”.

¿Qué hacer entonces para no tener que viajar a Abilene?

En primer lugar, adoptar un comportamiento asertivo y decir lo que piensas, para no traicionarte a ti mism@. Hacer cosas que no deseamos nos hace sentir infelices porque una vez tomada la decisión nos cuesta entender por qué no hemos sido capaces de decir que no. Recuerda que hay muchas técnicas para mostrar desacuerdo sin ser desagradable.

En segundo lugar, escuchar de verdad. Este tipo de escucha no significa adivinar o presuponer sino saber exactamente qué piensan y qué quieren los otros. Nuestra idea de lo que piensan los demás debe quedarse en la categoría de hipótesis. Y las hipótesis están para ser contrastadas. Para ello es preciso equilibrar la defensa de nuestros intereses y la indagación genuina para descubrir las opiniones de los demás. En el caso de la familia en cuestión, el suegro podría haber tratado de descubrir los auténticos deseos de los demás, preguntándoles directamente qué estaban pensando, y revelando por qué estaba haciendo la sugerencia de ir a Abilene.

En tercer lugar, combatir nuestros temores y pensamientos deformados sobre las consecuencias futuras de nuestras acciones. Los demás no van a dejar de querernos porque digamos que no y tampoco nos van a echar del trabajo porque discrepemos de la opinión de la mayoría en una reunión. Cuestionar estas creencias es el primer paso para abrirse al diálogo y poder alcanzar acuerdos que estén verdaderamente alineados con los intereses de la mayoría.

No sé cuáles son tus planes para el verano. Han anunciado que las vacaciones serán calurosas. Está en tus manos evitar un polvoriento y caluroso viaje a Abilene. ;-)


Referencias


(1) Jerry, B. Harvey, The Abilene Paradox and Other Meditations on Management. Jossey-Bass, 1996.

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