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¿Por
qué no me entiende? |
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Mejorar
las habilidades de comunicación –en el trabajo,
con la pareja, con los hijos– es una de las demandas
más frecuentes en coaching. En los próximos
números de Las Horas, y respondiendo a algunas
peticiones recibidas, vamos a tratar de desenmarañar
algunos aspectos de la comunicación.
La
comunicación es un fenómeno complejo en
el que confluyen muchos factores de distinta naturaleza.
Comunicarse de forma efectiva no consiste únicamente
en emitir un mensaje correctamente o ser un buen orador.
La comunicación, como veremos, tiene mucho de escucha
y de gestión emocional; y también de conocimiento
del estilo de comunicación del interlocutor.
Para
empezar, te propongo una reflexión sobre las diferencias
de género en la comunicación y cómo
estas diferencias, de no ser atendidas, pueden desencadenar
numerosos conflictos.
¿Te
ha pasado alguna vez que le has contado un problema o
compartido un sentimiento a tu pareja o a un amigo buscando
complicidad o apoyo emocional y no has recibido la respuesta
esperada? En lugar de escucha, apoyo y comprensión
te han regalado una “solución” o un
consejo no solicitado.
Los
comentarios del tipo “no me entiende”, “no
me escucha”, “no quiere que le venga con problemas”,
"se me quiere quitar de encima"… son algunas
quejas frecuentes entre las mujeres cuando se comunican
con sus parejas, amigos y maridos.
En
la base de estos problemas se encuentran, entre otros
factores, las diferencias de género en la comunicación.
Lillian Glass (1), psicóloga experta en comunicación,
identifica 105 diferencias en los patrones de comunicación
de hombres y mujeres, en cinco dominios diferentes: lenguaje
corporal, lenguaje facial, patrones en la conversación
y en el tono de voz, contenido y comportamiento.
En
esta e-zine te invito a reflexionar sobre las diferencias
en los estilos de comunicación de hombres y mujeres
como punto de partida para mejorar la comprensión
mutua y evitar estados emocionales no deseados.
Tus comentarios serán, como siempre,
muy bienvenidos. |
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Maria
Pallarés
Coach Personal |
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Ellas
tienen la palabra... Deborah Tannen You Just Don't
Understand |
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Conversación
en un parvulario |
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Niña:
Mira, Max, mi bebé no se siente bien.
Niño: Lo lamento mucho, pero yo no arreglo bebés
enfermos.
Niña: Yo no te pedía que lo arreglaras. Te
lo contaba, nada más.
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Deborah
Tannen, lingüista, experta en comunicación
y profesora de la Universidad de Georgetown, en su clásico
libro You Just Don't Understand (2), recoge unos
cuantos ejemplos que ponen de manifiesto las diferencias
en la forma en que hombres y mujeres se comunican. Veamos
un ejemplo:
A Eve
le extirparon un tumor benigno en el pecho. Cuando le
confesó a su marido, Mark, que estaba angustiada
porque los puntos habían cambiado el contorno de
su pecho, él le respondió: "Siempre
tendrás la cirugía plástica".
Este comentario le molestó. "Siento que no
te guste cómo ha quedado" –protestó–
"Pero no voy a pasar por ninguna otra operación”.
Mark se sintió dolido y confundido. "No me
preocupa la cicatriz, no me molesta en absoluto"
–respondió.
"¿Entonces por qué me estás
diciendo que me haga la cirugía?" –preguntó
Eve.
"Porque estás preocupada por la forma de tu
pecho".
Este
conflicto se produce, según D. Tannen y su genderlect
(3) por una diferencia en el enfoque. Los hombres a menudo
interpretan una queja como un reto para hallar una solución.
En cambio, las mujeres pueden buscar apoyo emocional,
en lugar soluciones. Para las mujeres hablar de sus problemas
e inquietudes es la esencia de la conexión: “Te
explico mis problemas porque eres importante para mi”.
Los hombres, en cambio, suelen asociar este tipo de conversaciones
con una petición de consejo. Se centran en lo que
se puede hacer; estudian el problema y dan una solución.
Cuando
un hombre ofrece este tipo de información la mujer
a menudo se siente como si él estuviese tratando
de restarle importancia al problema o de evitar ahondar
en el tema. Para los hombres, en cambio, este comportamiento
significa dar apoyo, porque ellos no suelen hablar de
sus problemas a no ser que quieran encontrar una solución.
De acuerdo con esta teoría, los hombres no perciben
de igual forma que las mujeres los metamensajes (4) de
la conversación.
Esto
explica, según Tannen, las frecuentes quejas de
los hombres sobre la tendencia de las mujeres a hablar
de los problemas en lugar de orientarse a la solución
de los mismos. Cuando la mujeres vuelven a hablarles sobre
un mismo “problema” o demuestran que no han
seguido sus consejos, entonces se sienten confundidos
e incluso molestos: “Otra vez el mismo tema…
no me ha hecho caso”.
Estos
estilos de comunicación no son, por supuesto, universales;
no todos los hombres ni todas las mujeres se comportan
ni se comunican igual. La teoría de Deborah Tannen
ha sido criticada por su sencillez y por su excesiva generalización.
Sin embargo, el valor de este trabajo es que nos invita
a reflexionar sobre las diferencias de género y
cómo la comprensión de estas diferencias
puede ayudarnos a identificar patrones recurrentes en
la comunicación y a flexibilizar nuestros estándares.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que los conflictos
en la comunicación no se deben únicamente
a las diferencias de género. En los próximos
boletines iremos desgranando la granada.
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Está
en tus manos... observar cómo nos comunicamos |
Si de veras llegásemos a poder comprender,
ya no podríamos juzgar.
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André
Malraux |
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Conocer las diferencias en nuestros estilos de comunicación
nos ayudará a superar los patrones de comunicación
ineficaces y a ganar en flexibilidad. Para ello
es preciso
ponerse en la situación de nuestro interlocutor:
entender por qué actúa como actúa
y por qué dice lo que dice.
Deborah Tannen sugiere que las mujeres deberíamos
entender que el tipo de conversación íntima
que tenemos con otras mujeres no funciona igual
con los hombres porque ellos no crean sentimientos
de proximidad de la misma manera. También
sugiere que los hombres, a su vez, deberían
entender que cuando las mujeres están hablando
de sus problemas no siempre buscan soluciones o
hablan por hablar sino que muchas veces están
tratando de conectar con ellos.
Aunque
conozcamos la teoría, a menudo se nos olvida.
Somos víctimas de nuestras expectativas y
es fácil caer en la trampa de esperar que
el otro actúe como nosotras deseamos: que
nos escuche, nos apoye y nos muestre empatía.
Por eso, porque somos humanos, imperfectos y olvidadizos
es conveniente adoptar un comportamiento proactivo:
anticiparse en lugar de esperar que el otro se comporte
de acuerdo con nuestros deseos; pedir en lugar de
esperar a que nos lean el pensamiento.
Depende
de nosotras explicitar cuál es el objetivo
de nuestra comunicación –que
no siempre será el mismo–
y cuáles son nuestras reglas. Si tu regla,
en un momento dado, es: “te estoy compartiendo
esto porque eres importante para mi”, "porque
te tengo confianza y me siento bien cuando comparto
mis inquietudes contigo", házselo saber:
“Valoro
mucho tu opinión y tus consejos. Para mi
es muy importante saber que puedo contar contigo
cuando tengo un problema. Esta vez, sin embargo,
te comparto mis preocupaciones porque hablar contigo
me hace sentir bien. Sólo te pido que me
escuches y que trates de comprenderme”.
Depende de ellos atender a nuestra petición
y entender que a veces nos bastará con un
“sé como te sientes”, eso es
todo. Y que otras veces, cuando queramos una solución,
pediremos consejo.
Tomar conciencia de las discrepancias en los estilos
de comunicación hace más fácil
negociar las diferencias. En nuestras manos está
poner más atención en la metacomunicación
–la
forma como nos comunicanos–
e introducir los cambios que consideremos oportunos
para mejorar nuestras relaciones.
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Referencias |
(1) Lillian Glass, He Says, She Says:
Closing the Communication Gap Between the
Sexes. NY: Putnam Publishing Group, 1993.
(2) Deborah Tannen, You Just Don't Understand.
Women and men in conversation. Ballantine
Books; Reprint edition, 1991.
(3)
La genderlect es la teoría
que sostiene que existen diferencias de género
en la comunicación y que defiende el
estudio de estas diferencias para superar
conflictos comunicacionales.
(4) Un metamensaje es un mensaje sobre el
mensaje. La mayor parte de las frases tienen
dos niveles de significado. El primer nivel
es la información básica que
se comunica con palabras y oraciones. El segundo,
el metamensaje, comprende las actitudes y
los sentimientos de la persona que comunica.
Tannen sugiere que las mujeres son más
sensibles al poder comunicativo del contexto,
mientras que los hombres tienden a centrarse
más en los mensajes aislados de los
factores situacionales. Cuando se produce
una falta de comprensión sobre los
metamensajes, las mujeres acusan a los hombres
de ser “insensibles” y los hombres
culpan a las mujeres de “leer cosas”
en lo que ellos dicen.
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