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1. ¿Sabías que...? Según apuntan algunos estudios, la sensación de sentido y de dominio sobre nuestras vidas tiene consecuencias positivas en nuestros mecanismos de supervivencia.

2. Está en tus manos. El autoliderazgo es la capacidad de influirnos y motivarnos para dirigir nuestra propia vida en la dirección deseada. Descubre de qué maneras puedes fortalecer tu autoliderazgo.

3. Ellas tienen la palabra. Si las mujeres emulan el estilo de liderazgo masculino es posible que no gusten a sus subordinados hombres. Si adoptan el estilo estereotipadamente cálido y asistencial femenino es posible que gusten pero no siempre serán respetadas. ¿Cómo podemos escapar a esta paradoja?


Las últimas novedades de mproactiva.com son:

1. En la sección Textos para reflexionar puedes leer una reflexión sobre el cambio, los peligros de la aceptación y las maneras de aumentar nuestra sensación de autoeficacia.

2. En la sección Artículos y entrevistas recogemos dos nuevos artículos publicados en La Vanguardia "Sé tu mismo", sobre inmovilismo vs.cambio; y "Gemebundos y quejillosos estamos
", una reflexión sobre la tendencia a anclarse en la queja como coartada para no hacer nada para cambiar las cosas.

3. En la sección Vale la pena leer te recomendamos la lectura del nuevo libro de Sara Berbel Sánchez: Sin cadenas. Nuevas formas de libertad en el siglo XXI.


Los resultados de algunos estudios ponen de manifiesto que tomar las riendas de nuestra propia vida puede llegar a determinar nuestra calidad de vida y nuestra esperanza de vida.

"La doctora Rodin, de la Universidad de Yale, ha demostrado que la sensación de sentido y de dominio sobre nuestras vidas tiene consecuencias positivas en los mecanismos de supervivencia del ser humano. Rodin y su colega Helen Langer estudiaron un asilo de ancianos y demostraron que los sujetos que tenían una major responsabilidad y capacidad de decisión sobre su vida, sufrían a lo largo de los años menos enfermedades y fallecían más tarde que aquellos que no tenían la sensación de poder ejercer ninguna forma de control sobre el ambiente en el que se encontraban. Por supuesto, todos los ancianos estudiados partían de condiciones de salud similares". (1)
Sobre el autoliderazgo
Los líderes nos conducen a lugares que no hemos visitado jamás pero, antes de embacar a otras personas en un viaje, tienen que estar convencidos ellos mismos de que quieren seguir adelante. Tienen que saber lo que es importante para ellos, lo que les preocupa. Tienen que encontrar su propia voz (2)
Hay diversas maneras de entender y definir el liderazgo, tantas como estudios e interpretaciones se han publicado en los últimos años. En un sentido amplio, el liderazgo consiste en influir en los demás, inyectarles energía y movilizar sus recursos más valiosos. Ahora bien, para liderar a otras personas es necesario liderarse primero a una misma, conocer las capacidades personales y utilizarlas con eficacia.
Entendemos el autoliderazgo como el proceso de influirnos y motivarnos a nosotras mismas para conducir nuestra vida en la dirección deseada. Liderar nuestra propia vida significa asumir de forma consciente la responsabilidad de tomar nuestras propias decisiones, saber escoger en cada momento lo más apropiado y aceptar la responsabilidad sobre las decisiones que hemos tomado.
Aunque coincidamos en que el autoliderazgo es necesario para alcanzar nuestra realización personal, lo cierto es que a las mujeres aún nos quedan muchos obstáculos por superar si queremos gestionar nuestras vidas y construir nuestra autonomía. Es cierto que cada día son más las mujeres que, por encima de todo, están comprometidas consigo mismas, pero todavía hay muchas las mujeres que viven los guiones que les dictan otras personas y que se embarcan en proyectos que no les pertenecen; que no toman decisiones en función de sus deseos y necesidades, que están siempre dispuestas a satisfacer las necesidades de los demás y a aceptar expectativas externas como propias...

Y esto es así porque aún arrastramos creencias limitadoras que dificultan nuestra realización personal. La buena noticia es que las creencias limitadoras se pueden cambiar y que las habilidades para el autoliderazgo se adquieren y aprenden a través del entrenamiento. Una de las claves del autoliderazgo es, precisamente, el compromiso con el desarrollo personal y el aprendizaje continuo. Cuanto más fuertes y diversas sean tus habilidades, mayor será tu eficacia personal y más fácilmente podrás superar los obstáculos que se interponen en la consecución de tus metas y objetivos.

El autoliderazgo implica gestionarse a sí misma en distintos planos, no sólo en la toma de decisiones y en la forma de comportarse, sino también en la regulación de nuestros pensamientos y de nuestras emociones. A continuación, recogemos los cinco pilares en los que se apoya el autoliderazgo:
1. Autoconocimiento. Para liderar tu propia vida es preciso que te conozcas, que sepas quién eres, cuáles son tus fortalezas y tus debilidades, qué es importante para ti y qué quieres conseguir a corto, medio y largo plazo. Cuando sabes lo que quieres de verdad no te dejas guiar por los mandatos de otras personas o por lo que dicta el entorno, sino que actúas en función de tus principios y valores.
Como autora de tus propios actos, te corresponde asumir la responsabilidad de hacer las cosas por ti misma en lugar de buscar el permiso o la aprobación de los demás. Nadie está en este mundo para agradar a los demás o para satisfacer constantemente sus exigencias. En primer lugar están tus deseos, tus proyectos y tu espacio personal. Si sabes de verdad lo que quieres te resultará más fácil establecer tus propios límites —podrás renunciar a cosas secundarias que te roban tiempo y energía— y los límites que no quieres que transgredan los demás.
2. Establecimiento de metas. Para tener el mando de tu propia vida es muy importante que te escuches a ti misma en lugar de escuchar lo que los otros quieren que hagas. Concentra tu energía en aquello que es verdaderamente importante para tu desarrollo personal y profesional. Esfuérzate por descubrir tu propia visión y asume la responsabilidad de planificar estratégicamente tu vida: elige tus metas, establece de forma clara y específica tus objetivos y planifica las acciones que te permitan alcanzarlos. Cuando tienes claro dónde quieres llegar es más fácil tener el entusiasmo y la motivación necesarios para poder superar los obstáculos y las dificultades que se interpongan en tu camino.
3. Comportamiento proactivo. El hábito de la proactividad es otro de los pilares del autoliderazgo. No esperes a que vengan a rescatarte; toma la iniciativa y asume la responsabilidad de hacer que ocurran cosas. Manten tu foco de atención en lo que puedes controlar en lugar de perder el tiempo quejándote, lamentándote y compadeciéndote. Actúa con determinación y persevera hasta alcanzar tus objetivos.
4. Flexibilidad. Ser flexible en la forma de pensar y de actuar es muy importante para conducir tu vida hacia el éxito. Trabaja para desarrollar la capacidad de cambiar de estrategia y diseñar planes de acción alternativos si no consigues los resultados que esperas. Reevalúa tus metas y tus objetivos a la luz de nueva información, adáptate a diferentes situaciones y aprende constantemente de tus errores.
No olvides que es muy importante pedir y recibir feedback. Capitaliza tu capacidad para escuchar y pedir opinión a los demás. Acepta las críticas como lo que son: juicios o maneras diferentes de ver las cosas; eso evitará que tu autoestima se resienta. Recuerda que tu imagen o valoración personal no debería estar determinada por la mirada o la opinión de los otros.
5. Regulación emocional. Otro principio básico del autoliderazgo es la capacidad de regular tus respuestas emocionales. Si quieres eliminar emociones negativas, superar bloqueos y mantener la calma en situaciones de estrés es preciso que aprendas a examinar tu diálogo interior y a cambiar creencias limitadoras. Así podrás alcanzar un mayor grado de libertad mental y emocional.
La persona que lidera su propia evita el sufrimiento innecesario. Está dispuesta a enfrentarse al mundo tal y como es en lugar de como le gustaría que fuera. Asimismo, sabe reencuadrar y reestructurar la forma en que percibe e interpreta los hechos porque es consciente, tal y como dijo Epícteto en el siglo I d.C., de que "no son las cosas lo que nos disturban, sino nuestra opinión sobre las cosas".
Un líder asume, en definitiva, la responsabilidad de crear las circunstancias que le permitan elevar su autoeficacia y su autoestima; y tener así un mayor control sobre su vida.
Liderar tu propia vida es fundamental para poder liderar a otros, pero cuando accedes a un cargo directivo ¿Qué estilo de liderazgo te conviene adoptar para tener éxito en la empresa? Éste es uno de los principales interrogantes que se plantean las mujeres directivas de todo el mundo.
Existe mucha literatura y distintas maneras de definir, conceptualizar y entender el liderazgo. Algunas aproximaciones se centran en los rasgos de personalidad del individuo, otras analizan las competencias, el estilo o el contexto situacional en el que éste tiene lugar. En los últimos años, las teorías que defienden que el género es una variable determinante de los estilos directivos han hecho especial hincapié en las diferencias entre el liderazgo transaccional —asociado tradicionalmente al género masculino— y el liderazgo transformacional, más acorde con las habilidades características del género femenino.
El liderazgo transaccional es más jerárquico y está más orientado a la tarea, mientas que el liderazgo transformacional es un estilo orientado a las personas, participativo, horizontal, flexible, comunicativo... Teniendo en cuenta que las expectativas sociales relacionan a las mujeres con los roles de asistencia y de cuidado, según estas teorías las mujeres serían más proclives al liderazgo transformacional.
Por tanto, si las organizaciones reconocen la necesidad de incorporar estilos de liderazgo transformacional para afrontar el cambio constante de las economías globalizadas, en teoría las mujeres tendrían más posibilidades de ser aceptadas como líderes y esto les ayudaría a ocupar posiciones ejecutivas y cargos directivos con plenos derechos, superando el famoso "techo de cristal".
Esto es lo que se cuece en las discusiones teóricas, ¿pero que ocurre en la práctica? La realidad es que todavía son muchas las mujeres que se someten a un proceso de aculturación como estrategia para poder sobrevivir en organizaciones donde existe una cultura dominante masculina. Como grupo minoritario se ven obligadas a adoptar comportamientos, estilos de comunicación y valores del grupo dominante.
Muchas mujeres comentan (3) que cuando adoptan roles femeninos se las tacha de blandas y poco eficaces. Por otro lado, si adoptan estilos y rasgos de un estilo de liderazgo más masculino también son valoradas negativamente. Un hombre agresivo y directo es percibido como valiente y enérgico, mientras que ese mismo comportamiento en una mujer puede considerarse airado, despótico y altivo.
Otra hipótesis considera que la congruencia entre el estilo de liderazgo y el rol de género es evaluada más favorablemente que la incongruencia con el rol de género (4). Es decir, que en determinadas ocasiones, se espera que las mujeres directivas se comporten de manera consistente con los roles femeninos. Sobre los problemas derivados de la rígida estereotipación en función del género, os recomendamos la lectura de Mujeres, dirección y cultura organizacional (5). En este libro, M.Sánchez-Apellaniz analiza las diferencias entre el sexo biológico y el rol de sexo biológico; y nos invita a reflexionar hastá qué punto todas las mujeres son femeninas y todos los hombres son masculinos.

Así las cosas, el reto al que parece ser que han de hacer frente las mujeres líderes es cómo actuar de acuerdo a lo que "se espera" de ellas, al mismo tiempo que mantienen su credibilidadd y efectividad. Si emulan el estilo de liderazgo masculino no gustarán a sus subordinados hombres, quienes las considerarán poco genuinas. Si adoptan el estilo cálido y asistencial femenino es posible que gusten, pero no siempre serán respetadas. ¿Cómo podemos escapar a esta paradoja? ¿Tú que piensas?

Te invitamos a que nos hagas llegar tu opinión a: mproactiva@mproactiva.com
(1) Fragmento extraído de Mario Alonso Puig, Madera de líder. Claves para el desarrollo de las capacidades de liderazgo. Empresa Activa. Gestión del conocimiento. Barcelona, 2004.
(2) El futuro del liderazgo. Los pensadores más brillantes de hoy escriben para los directores del mañana. W. Bennis; G.M.Spreitzer y Th.G. Cummings (eds). Deusto, 2004.
(3) Jean Lau Chin, "2003 division 35 presidential address: feminist leadership: feminist visions and diverse voices". Psychology of Women Quaterly, 28 (2004), 1-8. Blackwell Publishing. 2004.
(4) J. B. White; E. J. Langer. "Mindful and Maculine: Freeing women leaders from the constraints of Gender Roles" Journal of Social Issues, vol. 56, nº 1, 2000, pp. 49-63.
(5) Mercedes Sánchez-Apellaniz, Mujeres, dirección y cultura organizacional, Fedepe, CIS, 1997.
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