Núm. 2, Agosto de 2004 Números anteriores  
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1. ¿Sabías que...? Más allá de la bella bailarina del imaginario occidental, la Sherezade oriental era una mujer tremendamente inteligente que recurrió a su capacidad oratoria para salvar la vida.
2. Ellas tienen la palabra. Tener a mano El primer sexo, de la antropóloga Helen Fisher, es sin duda, uno de los mejores recursos para aumentar nuestra autoestima en los momentos más delicados.
3. Vale la pena leer. En El regalo de la comunicación, Sebastià Serrano, catedrático de lingüística de la Universidad de Barcelona, reflexiona de una forma lúcida y original sobre la comunicación no verbal.
4. Está en tus manos. En este número reflexionamos sobre algunos de los rituales que utilizan los hombres y las mujeres para comunicarse, tomando como referencia los trabajos de Deborah Tannen. Te ofrecemos algunas pautas que pueden ayudarte a mejorar tu habilidades comunicativas.
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Maria Pallarés
Coach personal
mariapallares@mproactiva.com
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Sherezade fue una mujer cerebral que recurrió a la palabra para salvar su vida. Urdió una estrategia para evitar ser asesinada por su esposo, el rey Sahriyar, quien había instaurado la tradición de decapitar a todas las mujeres con las que se casaba, para vengarse por la infidelidad de su esposa. (1)

Cuando la llevaron ante el trono Sherezade comenzó a narrar historias fascinantes cuidando que el momento más interesante llegara siempre al alba, para que el rey, ávido de conocer el desenlace, le diera un día más de vida. Durante más de dos años estuvo contando historias y dio origen a lo que hoy conocemos bajo el título de las Las Mil y una noches. Nada que ver con las el mito de la bailarina sensual que ha construido la cinematografía norteamericana.

Sin duda, los tiempos han cambiado desde que Simone de Beauvoir escribiese su célebre obra El segundo sexo. Cincuenta años después, la antropóloga Helen Fisher, en su provocador libro El primer sexo (2), afirma que las capacidades y aptitudes innatas de las mujeres están transformando el mundo. Estas capacidades nos proporcionan una ventaja competitiva adicional porque encajan a la perfección con las exigencias del mundo actual. Así que, es hora de sacarles partido.

Entre la facultades excepcionales de la mujer, Fisher destaca las siguientes: sensibilidad emocional; empatía; paciencia; capacidad para pensar y hacer varias cosas simultáneamente; una amplia visión contextual de las cuestiones; talento para crear redes de contacto y para negociar; preferencia por cooperar, llegar a consensos y liderar sirviéndose de equipos igualitarios, etc.

En cuanto al tema que nos ocupa —la comunicación—, Fisher hace especial referencia a la habilidad verbal y a nuestra increíble capacidad para interpretar las expresiones faciales:

"Los tests realizados con miles de hombres y mujeres de diecinueve países demuestran que la mujer es superior a la hora de interpretar las emociones de los demás por su tono de voz, su postura, sus gestos y otros impulsos no verbales. Niñas y mujeres prestan más atención al lenguaje corporal, mientras que es más probable que los hombres se concentren en las palabras. A consecuencia de ello, las mujeres captan más señales no verbales y las advierten con mayor rapidez".
Fisher concluye su ensayo con optimismo:"Pienso que este mundo eliminará las categorías de primer y segundo sexo. Poco a poco estamos avanzando hacia una sociedad en la que se fomentará una verdadera colaboración, hacia una cultura global en la que se entenderán, se valorarán y se emplearán los méritos de ambos sexos".
En El regalo de la comunicación (3), el lingüista Sebastià Serrano reflexiona sobre la comunicación no verbal como herramienta estratégica. Aborda diferentes sentidos y elementos que tienen que ver con la comunicación, como el tono de voz, la mirada y el saber escuchar y ofrece pequeñas reflexiones sobre cosas obvias que benefician el día a día de las personas.
Aquí tienes algunos fragmentos del libro, que hemos seleccionado para ti:
Sobre el tacto:
"Con tacto y con contacto nuestros antepasados mamíferos empezaron a escribir la historia evolutiva de las emociones, a cuya letra le pusieron música los primates"
Sobre la mirada:
"El contacto de los ojos proporciona experiencias simultáneas y recíprocas de conexión mutua y ayuda a romper posibles barreras a la comunicación"
Sobre la voz:
"Crear una calidad de voz que transporte competencia, seguridad y afecto es el reto de la excelencia"
Sobre el saber escuchar:
"La persona que tiene más habilidades comunicativas es aquella que sabe escuchar mejor, la que escucha con los ojos y con todo el cuerpo"
La comunicación entre hombres y mujeres
Siguiendo la línea iniciada en el número anterior, continuamos reflexionando sobre los principales enemigos de la comunicación y los recursos estratégicos que podemos utilizar para comunicarnos con eficacia.
"El lingüista A.L. Becker, utilizando términos del filósofo español J.Ortega y Gasset, señala que cuanto decimos, cada frase aportada a una conversación, es a un tiempo exuberante y deficiente. Nuestras frases son exuberantes en la medida que los otros siempre sacan significados que no quisimos darle ni sospechamos, porque tienen asociaciones con palabras y expresiones que nosotros no tenemos. Y cuanto decimos es deficiente, por cuanto los otros pasan necesariamente por alto parte del significado que creemos haber expresado, pues nosotros tenemos asociaciones con palabras y expresiones que ellos no poseen; por lo tanto, suponemos significados que ellos no entienden ni sospechan" (4)
Estos problemas son todavía más acuciantes cuando la comunicación se produce entre sexos contrarios. Desde la lingüística se han estudiado científicamente los estilos de comunicación entre hombres y mujeres. D. Tannen (4) considera que los estilos comunes a las mujeres suelen ponernos en desventaja en distintos contextos laborales, donde todavía predominan los estilos característicos de los hombres.

Los ritos coloquiales típicos de mujeres y de hombres tienen mucho en común pero pueden diferir; y basta una diferencia sutil para llevar a groseros errores de interpretación. Una de las diferencias entre ambos estilos es que las mujeres utilizamos con mayor frecuencia formas de hablar confusas y vacilantes que pueden hacernos parecer inseguras. Tannen demuestra, mediante distintos ejemplos, que estas maneras, en lugar de estar asociadas a una mayor inseguridad, forman parte de un rito coloquial que utilizamos para suavizar el impacto de nuestras palabras en la persona que escucha.

Otra de las diferencias es la inhibición social contra la jactancia. La tendencia de la mujer a no exhibir sus propios logros configura un estilo menos efectivo para conseguir reconocimiento y ascensos. Pero si la mujer utiliza los estilos que resultan efectivos para los hombres (expresarse con firmeza, mostrarse seguras de sí mismas y destacar lo que han hecho) corre el peligro al que se enfrentan todos los que no responden a las expectativas culturales: en este caso, disminuir su femineidad a los ojos del prójimo.
El objetivo de esta reflexión no es determinar qué estilo de comunicación es mejor, sino identificar diferencias para una mayor comprensión mutua. Utilizando las palabras de Deborah Tannen: no hay un estilo que sea mejor que otro, simplemente son diferentes; pero eso no significa que todos los estilos funcionen igualmente bien en cualquier situación. Por eso, el mejor estilo es el más flexible.

¿Qué podemos hacer para flexibilizar nuestro estilo? A continuación te sugerimos algunas pautas:

1. Toma conciencia de tu propio estilo de comunicación. Escúchate, evalúa el léxico que utilizas, tu tono de voz, tu lenguaje corporal, la forma como respiras, la velocidad con la que hablas... Compara tu estilo con los de las personas que consideras buenos comunicadores. La autoevaluación es el primer paso para mejorar tus habilidades de comunicación.
2. Identifica el estilo de comunicación del sexo opuesto. Escucha cuidadosamente al sexo opuesto a tu alrededor (amigos, pareja, hijos...). Discute estas diferencias en el momento oportuno, en lugar de hacerlo cuando tiene lugar un conflicto. Trata de determinar si tus percepciones son acertadas. Con esta información podrás incorporar cambios que te permitan comunicarte de forma eficaz.
3. Ajústate a otros estilos si lo consideras oportuno. La comunicación es un comportamiento aprendido y como tal puede ser modificado. Por ejemplo, si estás acostumbrada a hablar de forma vaga e imprecisa, quizá puedas tratar de dar más detalles o información más específica en tus conversaciones.
4. Altera tu estilo conversacional para adaptarte a un contexto determinado. La comunicación efectiva se adapta a las particularidades de cada contexto. Es importante disponer de los recursos necesarios para adaptar tanto el lenguaje verbal como el no verbal a cada situación y a cada interlocutor/a.
5. No des por hecho que el sexo opuesto entiende tu mensaje. Una de los principales errores en la comunicación es la suposición; el dar por sentado que nuestro interlocutor ha establecido las mismas asociaciones y conexiones que nosotras. Siempre es preferible explicar el mensaje que queremos transmitir de forma minuciosa y detallada que correr el riesgo de ser malinterpretadas.
Si somos conscientes de las diferencias que existen entre estilos de comunicación, nos resultará más fácil adaptarnos a diferentes contextos y mejorar la manera en que nos comunicamos con distintas personas, independientemente de cuál sea su género, raza, edad o nivel sociocultural.
(1) Si quieres conocer más detalles sobre la historia de Sherezade, te remitimos al libro de Fatema Mernisi, El harén en Occidente, Espasa Hoy, Madrid, 2001
(2) Helen Fisher, El primer sexo. Las capacidades innatas de las mujeres y cómo están cambiando el mundo. Ed. Taurus. Madrid, 2000
(3) Sebastià Serrano, El regalo de la comunicación. Ed. Anagrama. Edición en catalán: El regal de la comunicació. Ara Llibres, Barcelona, 2003
(4) Deborah Tanen La comunicación entre hombres y mujeres a la hora del trabajo. Ed. Vergara, 1996.
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