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2004-2005 de mproactiva |
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1.
¿Sabías que... «altruismo»
no es sinónimo de «solidaridad»? |
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2.
Está en tus manos cuestionar
el significado de los conceptos «altruismo»/«egoísmo». |
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3.
Ellas tienen la palabra. Reproducimos
un fragmento de una sesión de asesoramiento filosófico
en la que Mónica Cavallé ayuda a una clienta a
cuestionar sus creencias sobre el «egoísmo». |
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El
19 de Septiembre, en la librería Excellence de Barcelona,
María Pallarés impartirá una conferencia
sobre coaching personal: Coaching
para mujeres. Organizando valores y prioridades.
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El
día 22 de Septiembre impartimos el taller "Tácticas
de coaching para mejorar la organización personal",
dirigido a mujeres profesionales que desean aprender a organizarse
de forma efectiva. |
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La Real Academia de la Lengua Española define el altruismo
como "la complaciencia por el bien ajeno, aun a costa del
propio". Según esta acepción el altruismo
consiste en una actitud personal basada en el renunciamiento:
la persona altruista es capaz de entregarse sin esperar nada
a cambio. Clara Coria, en Las negociaciones nuestras de cada
día (1), distingue entre altruismo de la solidaridad: |
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El
altruismo, además de la generosidad presenta tres
características distintivas: a) establece vínculos
unidireccionales; b) requiere y exige la incondicionalidad por
parte del que se asume como altruista; y c) termina configurando
una relación jerárquica entre el "proveedor"
y el "proveído" a raíz de complejas
y mutuas dependencias. |
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La
solidaridad, en cambio, no es una actitud personal sino
fundamentalmente social, basada en la ayuda y el respeto mutuos.
El sentimiento preponderante es que la infelicidad ajena enturbia
la propia; de allí surgen el deseo y la necesidad de
contribuir al bienestar de los otros. Pero a diferencia del
altruismo, la solidaridad establece vínculos bidireccionales
y paritarios. Es decir, relaciones donde la trama se teje y
se sostiene con un permanente "ida y vuelta", que
coloca a los participantes en situaciones de paridad. La solidaridad
está basada en la ética de la reciprocidad. |
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Cuestionar
el significado de los conceptos «altruismo»/«egoísmo»
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"Egoísmo
no es vivir como uno desea vivir; es pedir a los demás
que vivan como uno desea vivir" |
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Oscar
Wilde |
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El
altruismo se nos ha vendido como un código ético
cuyo valor más elevado es el amor desinteresado por
el otro, en contraposición al egoísmo, o la
acción motivada por el interés exclusivamente
particular: la preocupación por uno mismo. Tradicionalmente,
todo aquello que requiere altruismo ha sido realizado mayoritariamente
por las mujeres, tanto en el ámbito laboral como en
el espacio doméstico. Las mujeres no sólo se
encargan de cuidar y atender a la familia, anteponiéndola
muchas veces a sus propios proyectos, sino que muchas trabajan
como cuidadoras, enfermeras, puericultoras, educadoras....
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Como nos recuerda Clara Coria (1), la feminización del
altruismo es un mecanismo altamente eficiente que ha contribuido
a generar culpas y a tejer redes atrapantes alrededor de las
mujeres. Hemos sido educadas y socializadas para satisfacer
las necesidades de los demás antes que las propias. La
creencia de que es "egoísta" dar respuesta
primero a los propios deseos y necesidades hace que muchas mujeres
experimenten como un dilema el cuidado de sí mismas vs.
el cuidado de los demás. |
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Pero...
¿Dónde está escrito que desear lo mejor
para sí es ser egoísta? ¿El egoísmo
no está también presente en lo que uno da de sí
a los otros? ¿Cómo saber si detrás del
altruismo hay un amor realmente desinteresado? ¿Qué
hay del altruismo que persigue el control? ¿O del altruista
que da para mantener dependencias? ¿Detrás de
la motivación altruista no se esconden a veces intereses
menos nobles? |
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El
supuesto dilema altruismo/egoísmo ha generado ríos
de tinta en distintas áreas de conocimiento; desde la
filosofía a la teoría económica. Para cuestionar
nuestras creencias limitadoras sobre estos conceptos, podemos
remontarnos a los filósofos griegos. Aristóteles,
en su Ética a Nicómaco, establece una clara
distinción entre el «egoísmo vulgar»,
el de aquellos que sólo obran pensando en sí mismos;
y el «egoísmo noble», que consiste en aspirar
alcanzar el propio desarrollo espiritual. "El hombre de
bien es el más egoísta de todos los hombres porque
ha elegido y quiere lo mejor para sí", porque elige
la parte más elevada de su ser dice Aristóteles.
Para este filósofo está tan enajenado quien se
ocupa permanentemente de los asuntos de los demás, abandonando
su primer deber el cuidado de sí mismo, como
el que busca satisfacer sus caprichos y necesidades artificiales
a costa de los demás. |
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El
sacrificio y la autopostergación no ayudan a nadie a
medio plazo. Sólo podemos dar a los demás lo que
previamente hemos conquistado para nosotras. Cuanto más
nos respetamos a nosotras mismas, más enseñamos
a los demás a respetarse a sí mismos y a asumir
sus propias responsabilidades. |
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Ser
responsable de ti misma no significa que no te preocupes por
los demás o que no seas generosa con tu tiempo y tu energía;
se trata de que esas conductas sean elecciones conscientes y
no un temerario despilfarro de ti misma. Además, es difícil
que los demás se alegren si la ayuda que reciben proviene
de alguien que está pagando un precio tan elevado como
renunciar a sí misma. Cuando se establecen relaciones
que benefician a unos a expensas de los otros, a la larga el
amor se vuelve insalubre. |
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Está
en tus manos decidir si quieres autopostergarte o prefieres
dedicarte la atención que te mereces. Para ello sólo
tienes que cuestionar la creencia de que preocuparse por una
misma es ser "egoísta" y legitimar tu derecho
a tener "una habitación propia". |
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En
La filosofía, maestra de vida. Respuestas a las inquietudes
de la mujer de hoy (3), Mónica Cavallé, doctora
en Filosofía y asesora filosófica, recoge algunos
diálogos que han tenido lugar en sus consultas de asesoramiento
filosófico. A continuación reproducimos un fragmento
de uno de ellos, en el que ayuda a una clienta a cuestionar
sus creencias limitadoras sobre el egoísmo: |
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He
tenido una discusión con mi marido. Me confesó
que está molesto conmigo y.... ¡me llamó
"egoísta"! (...)
¿Cuál fue el origen de la discusión?
indagué.
He contratado a una asistenta para que esté en
casa tres días a la semana ocupándose de mi
padre. Esto me permite, entre otras cosas, asistir al
trabajo de grupo, venir a la consulta sin agobios y tener
algo más de tiempo libre.
¿Qué es, en concreto, lo que molesta a
tu marido: la presencia de la asistenta en vuestra casa, el
dinero que le cuesta...?
No le puede molestar su presencia, puesto que no la
ve. Ella está en casa durante horas en las que él
trabaja. Y le pago con el dinero de la pensión de mi
padre, que yo administro.
¿Cuál es el problema, entonces?
Según él, mi padre no está tan
bien atendido por una asistenta como por mí. Dice,
además, que se trata de un gasto innecesario, de un
capricho.
Sinceramente: si tu marido no te hubiera llamado egoísta,
¿te sentirías así por hacer lo que estás
haciendo?
La verdad es que no.... replicó titubeante.
Además, la asistenta trata muy bien a mi padre y él
está contento. Hacía tiempo, de hecho, que no
le escuchaba reír como a veces lo hace con ella.
Si crees que haces lo adecuado y si no estás
causando a nadie un prejuicio con tu comportamiento, ¿por
qué te sientes tan insegura? ¿Por qué
te sientes culpable si estás siendo fiel a tus propios
criterios?
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Juana
se mantuvo en silencio. Me comentó, al poco, que no entendía
por qué, si pensaba que no estaba haciendo nada malo,
se sentía tan mal al recordar el comentario de su marido.
Era evidente que le resultaba difícil dejar de recibir
su absoluta aprobación, la que ella había "comprado"
con su actitud de docilidad incondicional. En realidad, no dudaba
de sí misma, como había manifestado inicialmente;
sencillamente, tenía miedo a desafiar las expectativas
de su marido, a su rechazo. |
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Esto
quizá pueda ilustrarte continué algo
que hemos comentado en varias ocasiones: tener una vida propia,
estar dispuesto a actuar según las propias apreciaciones
y convicciones, requiere valentía y capacidad para tolerar
la soledad que pueda derivarse de la falta de aprobación
ajena. Puedes verificar, además, a través de esta
experiencia, cómo cuando ciframos nuestro valor en nuestra
capacidad de responder a las expectativas de los demás,
y cómo, cuando en nuestro deseo desordenado de agradar,
tememos que dejen de vernos como personas dóciles o "buenas",
nos convertimos en individuos fácilmente manipulables.
No hay motivos para que te asustes de ti misma proseguí.
Es natural que una relación desequilibrada y dependiente
genere resentimiento. Más aún, es una ley psicológica.
Reconocer ese resentimiento, permitirnos sentirlo, es un paso
importante. Ver lo que con anterioridad no veíamos, es
siempre positivo, sea lo que sea lo que veamos. Como sabes "abrir
los ojos" es el camino.
¡Pero yo no quiero vivir con rencor!
Por supuesto. Hay que aspirar a vivir sin rencor, pero
también sin autoengaños. La cuestión es
que sólo cuando reconocemos nuestros sentimientos "negativos"
podemos ir más allá de ellos. Si no, nos engañaremos;
los taparemos, pero ahí seguirán. Por eso, reconocer
nuestro resentimiento y no culparnos por sentirlo ha de ser
el primer paso. El segundo, como bien sugieres, ha de ser no
asentarnos en él ni reaccionar desde él. ¿Cómo?
Por ejemplo, mediante la comprensión de que, si alguien
ha podido controlarnos es porque somos susceptibles de ser manipulados.
Dejar de serlo es competencia nuestra. Nadie puede manipularnos
sin nuestro consentimiento. |
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Con
esta e-zine celebramos el primer aniversario de "Las
Horas". Tras compartir este año con tod@s vosotr@s,
nos despedimos hasta la próxima temporada. Fieles a
nuestro espíritu de renovación, crecimiento
y aprendizaje continuo, estamos haciendo cambios en nuestra
web y prometemos volver con nuevo look, nuevas propuestas
y algunas sorpresas. Os invitamos a que participéis
en este proceso creativo haciéndonos llegar vuestros
comentarios y sugerencias a: mproactiva@mproactiva.com
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Deseamos
que estas vacaciones descubráis el placer del sano
egoísmo ;-)
¡Nos reencontramos en otoño!
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Referencias
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(1)
Clara Coria.Las negociaciones nuestras de cada día.
Editorial Paidós, Barcelona, 1996. |
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(2)
Mónica Cavallé. La filosofía, maestra
de vida. Respuestas a las inquietudes de la mujer de hoy.
Santillana Ediciones Generales, Madrid, 2004. |
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