N. 12, Junio de 2005

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1. ¿Sabías que...? La historia del prisionero chino que guardaba alambres en una botella es un buen ejemplo para reflexionar sobre los peligros de repetir las mismas conductas de forma mecánica.
2. Está en tus manos. Hacer algo distinto para dejar de ser una esclava de tus propios estándares.
3. Ellas tienen la palabra. Recogemos algunos de los consejos que propone Jan Yager, doctora en sociología y experta en gestión del tiempo, para liberarse del sentimiento de culpa.

El día 5 de Julio en la librería Excellence de Barcelona, Maria Pallarés compartirá algunos principios del coaching personal en la conferencia: Coaching para mujeres. Organizando valores y prioridades.

El día 14 de julio, impartimos un taller intensivo de verano, "Coaching para organizarse de forma efectiva", dirigido a mujeres profesionales que están cansadas de hacer juegos malabares para llegar a todo.
Un hombre pasó varios años en una cárcel de China. Un día, en el taller de la prisión en el que trabajaba, encontró unos pequeños trocitos de alambre que brillaban entre las virutas del suelo. Empezó a recogerlos y a guardarlos en una botella que tenía en su habitación para alegrar un poco la celda. Finalmente salió de la prisión después de años de confinamiento, llevándose consigo la botella llena de alambres como recuerdo del tiempo que había pasado allí. Convertido en un hombre mayor que ya no tenía edad para trabajar, seguía levantándose todos los días exactamente a la misma hora a la que el guardián había decretado que los prisioneros debían levantarse y yéndose a dormir a la hora en que solían apagarse las luces de la prisión. Se movía dentro de sus habitaciones siguiendo los mismos patrones que había seguido cuando estaba confinado en su celda; cuatro pasos a adelante y cuatro pasos atrás. Después de algún tiempo haciéndolo, un día su frustración le hizo romper la botella que se había llevado como recuerdo. Y pudo ver cómo la masa de alambres oxidados había adoptado la forma de la botella. (1)
Esclavas de nuestros propios estándares
En muchas ocasiones nos comportamos como el prisionero chino descrito por Bette Bao Lord: repetimos como autómatas los mismos pasos una y otra vez y nos preguntamos: ¿cuándo cambiarán las cosas? Esto es muy frecuente en el día a día de la mujeres profesionales. Muchas se quejan de la falta de tiempo para sí mismas, pero no hacen nada diferente para cambiar su situación actual.

Son muchas las mujeres que se autoexigen cumplir a la perfección con un sinfín de tareas las 24 horas del día para poder compatibilizar profesión, pareja, hijos y padres mayores. Atrapadas en rutinas poco flexibles y desbordadas por la multitud de tareas del día a día, no encuentran tiempo para detenerse a pensar si pueden cambiar las reglas del juego que ellas mismas se autoimponen. El precio que pagan por ello es de sobras conocido: estrés, cansancio, dificultades para priorizar, falta de realización personal...

Una de las causas de esta situación de desbordamiento es la poca flexibilidad para cambiar nuestras pautas de conducta y nuestros estándares. Quizás os resulten familiares algunas de estas frases: "Me gusta hacerlo a mi manera";"yo soy la única capaz de tomar ese tipo de decisiones"; "Mi ex lleva a la niña hecha un asco. ¡No le ha puesto el vestido que le dije!"; "Mi marido es un desastre para las tareas domésticas; prefiero hacerlo todo yo, acabo mucho antes".
Pensar que solo existe una manera correcta de hacer las cosas —la propia— aboca a muchas mujeres a un excesivo despilfarro energético. Al final no disponen del tiempo que desearían y su espacio mental está permamentemente ocupado por los "tengo que" y los "debería", propios y ajenos.
Para más mortificación, es frecuente oír voces que defienden la supuesta habilidad de las mujeres para hacer varias cosas al mismo tiempo. ¿La multitarea es una cualidad intrínseca al género femenino? ¿o de tanto oírlo —y hacerlo— al final nos lo hemos acabado creyendo? ¿Cuánto tiene de diferencia biológica y cuánto de diferencia cultural? ¿Qué pensáis vosotras?
Nosotras pensamos que la creencia "somos buenas para la multitarea" legitima la expectativa social según la cual las mujeres deberíamos tener un alto nivel de desempeño en los múltiples roles que se nos atribuye. Y, a fuerza de repetir una determinada conducta, cualquiera puede acabar convirtiéndose en un experto/a. Pregunta de examen: ¿La mutitarea juega a nuestro favor o en nuestra contra?
Sólo tres apuntes que nos parecen especialmente relevantes:
(1) Practicar la multitarea no nos hace ser más productivas. Aunque hay algunas tareas ligeras que pueden hacerse al mismo tiempo —véase planchar y ver la tele— si queremos acometer una tarea más sesuda es necesario poder mantener el nivel de concentración adecuado. Cuando atacamos muchos frentes e incompletos a la vez nuestra energía se dispersa y acabamos saltando de una cosa a la otra. Ya lo dice el refranero popular: quien mucho abarca poco aprieta.
(2) Una de las formas de liberarse de la multitarea es delegar más a menudo. Eso significa evitar caer en la trampa de hacer las cosas por el otro bajo el pretexto de ganar tiempo. A medio y a largo plazo, es más rentable enseñar al otro a pescar antes de darle el pez. Para conseguir que los demás asuman sus responsabilidades hemos de creer que ellos/ellas son tan capaces como nosotras de hacer esas tareas —aunque las hagan de una forma distinta— y que tenemos derecho a pedir y a negociar.
(3) Eliminar aquellas tareas no esenciales que nos roban tiempo, espacio y energía es otra buena manera de rebajar nuestros estándares. A la hora de tomar una decisión con respecto a hacer o no hacer una determinada tarea casi siempre disponemos de más opciones de las que percibimos como posibles. Veamos algunas de ellas: eliminarla, hacerla, delegarla, subcontratarla, posponerla, hacer trueque, comprar ayuda... ¿Cómo saber cuál es mejor en cada momento? Aquí tienes algunas preguntas que pueden ayudarte: ¿es realmente necesario hacer esta tarea?; ¿qué va a suceder si no se hace?; ¿de verdad tiene que hacerse ahora mismo?; ¿qué pasaría si se quedase sin hacer?; ¿de qué otras maneras puedo hacerla?; ¿quién más podría hacerla?; ¿hay una forma más fácil de hacerla?
Quizá vale la pena recordarse de vez en cuando que nuestros estándares no están labrados en piedra. Está en nuestras manos cambiarlos y ajustarlos a medida que cambian nuestras prioridades y valores si queremos evitar que nuestra vida acabe, a la larga, encajándose en la forma de una botella.
¿Qué precio pagamos si no actuamos de acuerdo con nuestros propios estándares? Podemos hacernos íntimas amigas de la culpa. Culpabilizarnos por no haber actuado como supuestamente deberíamos es uno de los castigos que nos autoimponemos por no ser "perfectas". Detrás de este castigo suelen haber pensamientos irracionales muy variados. Pensar, por ejemplo, que debemos ser siempre pacientes con nuestros hijos e hijas, es una idea poco racional. Nadie tiene paciencia absoluta. Querer a alguien no significa que debamos ser siempre perfectas o que debamos estar siempre disponibles.
Se han escrito muchos tratados sobre cómo liberarse de la culpa en sus distintas formas y manifestaciones. A continuación recogemos algunos de los consejos que propone Jan Yager (2), doctora en sociología de la City University de Nueva York y experta en gestión del tiempo :
1. Clarifica tus valores, prioridades y creencias. La culpa surge de tratar de gustar a los demás. Si estableces tus propias directrices no te dejarás sacudir por la presión que ejercen los otros sobre ti.
2. Date permiso para cometer errores. Deja de darle vueltas a los errores. Aprende de los errores actuales y pasados y toma notas sobre lo que pasó y por qué, pero deja de castigarte una y otra vez.
3. Recuerda que hay cosas que puedes controlar y otras que no; y establece la diferencia. No deberías culparte por el mal humor de tu jefe o por la decisión de recolocar tu empresa. Tú no eres responsable de los demás, sólo de ti misma, aunque los otros pueden escoger comportarse de una manera determinada en función de tus acciones.
4. Baja tus expectativas. Si tus expectativas son inalcanzables te estás condenando a sentirte culpable si fracasas, aunque tus estándares sean impracticables. Si tus objetivos no son realistas, ajústalos.
A las puertas de la verbena de San Juan, ¿qué os parecería organizar un ritual para enterrar la culpa?
Referencias
(1) Bette Bao Lord, 1990, A Chinese mosaic, Nueva York, Fawcett Books, 1991.
(2) Jan Yager. Creative Time management for the New Millenium. Hannacroix Creek Books, Inc. 1999.

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