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2005 de Mproactiva |
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Junto
con Las Horas, Mproactiva distribuye una vez al mes un número
especial en el que tratamos algún tema que consideramos
puede ser del interés de nuestr@s lector@s. |
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Éste
es un especial sobre El fantasma del desamor. |
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El
miedo a "no ser queridas" es una de las cárceles
más terribles de las mujeres. Por miedo a no ser queridas
cedemos tiempo y espacio, postergamos proyectos, toleramos
dependencias, silenciamos opiniones y asumimos unilateralmente
responsabilidades que no nos corresponden de forma exclusiva.
El precio que pagamos por traicionarnos a nosotras mismas
es demasiado elevado. En este especial, os ofrezco una reflexión
personal sobre este tema, fruto de una experiencia como telespectadora.
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"Tolero
mal que haya alguien en el mundo que no me quiera y debo reconocer
que gran parte de mis comportamientos está dirigida
a que los demás puedan pensar que yo soy buena y macanuda"
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Clara
Coria, Las negociaciaciones nuestras de cada día
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Hace un par de semanas me dispuse a ver la tele. Mi cuerpo me
pedía que me apalancase en el sofá y pensé,
¡bueno!, un día es un día... no puede hacerme
daño, ¿verdad? Lo dicho. Me estiré en el
sofá y cuál fue mi sorpresa al descubrir una serie
que puede dar pie a numeros estudios sociológicos. Me
consta que en la prensa ya se han publicado algunas cartas de
denuncia sobre la forma en que se abordan determinadas psicopatologías.
Se llama Nip/Tuck y ha sido la ganadadora de un Globo de Oro.
Uno de los protagonistas, un cirujano plástico emocionalmente
inmaduro, es prisionero de una adicción al sexo en grado
severo. Su máxima preocupación diaria es encontrar
alguien con quien pasar el rato y no precisamente leyendo
los clásicos para evadirse del fantasma de la soledad. |
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El motivo de que escriba estas líneas no es la conducta
adictiva de este individuo, sino la historia de su socio empresarial,
Sean Mcnamara, otro cirujano plástico, cuyo estilo de
vida es diametralmente opuesto al de su compañero. Responsable,
emocionalmente maduro, felizmente casado, padre de dos hijos...
aparentemente, todo un modelo a seguir. Mientras su amigo sale
al asfalto en busca de alguna chica despampanante que le permita
evadirse de la realidad, nuestro protagonista se enfrenta a
una nueva aventura que promete liberarlo de la rutina: ser padre
por tercera vez. |
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Ésta
podría ser una historia con final feliz, pero no lo es.
Antes de quedarse embarazada, su mujer, Julia, decide que quiere
ir a la universidad para estudiar la carrera de medicina. De
joven abandonó las aulas para dedicarse al cuidado de
sus hijos y, ahora que éstos son mayores, le gustaría
retomar los estudios. Tener otro hijo altera sus prioridades.
Significa perder de nuevo el tren de la universidad y volver
a recluirse en el hogar. En estos momentos lo último
que le apetece es tener otro hijo, pero no se atreve a plantearle
a su marido la posibilidad de abortar para no desilusionarlo. |
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Para
el cirujano, en cambio, este embarazo supone una nueva oportunidad
para asumir una paternidad responsable y poderle dedicar al
nuevo vástago la atención y el tiempo que no dedicó,
en el pasado, a sus otros dos hijos. Además, piensa que
tener un nuevo bebé les ayudará a resolver algunos
problemas matrimoniales que hace tiempo que arrastran y que
hacen peligrar su relación. |
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Por problemas en el embarazo, el ginecólogo aconseja
a Julia que haga reposo absoluto hasta que dé a luz.
Aun así, ella decide presentarse a la prueba de acceso
a la universidad y mientras está fuera de casa, sufre
un aborto. Cuando el marido se entera de que ha perdido la criatura,
la responsabiliza de lo sucedido. La acusa de haberlo hecho
voluntariamente porque no deseaba tener otro bebé y le
echa en cara que no lo quiere lo suficiente. Si me quisieses
le dice hubieras tenido ese hijo por mí.
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En
la serie aparecen otros ejemplos interesantes. Una mujer que
ha sufrido un cáncer de mama y una mastectomía
está decidida a aumentar la talla de pecho para compensar
a su marido por el sufrimiento que le ha ocasionado su enfermedad
y satisfacer, así, sus fantasías eróticas.
"Ese es el regalo que voy a hacerle, ¡pobre!, se
lo merece, ha sufrido tanto con todo esto..." Si a ella
le apeteciese aumentar tu talla, sería fantástico,
pero en cuanto ve los globos de silicona tamaño XL, a
la pobre se le hace un nudo en la garganta. ¿Es necesario
que lo recompense de esta manera? se pregunta. |
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Es
sólo una serie de televisión, me diréis.
Sí, es una serie, pero lo que refleja no se aleja demasiado
de la realidad. Son muy frecuentes los casos de entrega y sacrificio
femenino "por amor". Decidir ser mamá para
complacer a la pareja o para responder al mandato social, es
algo que, por desgracia, todavía es demasiado frecuente.
Entre otras cosas porque nos han socializado para que nos creamos
que el rol de madre va obligatoriamente en el pack de roles
que, como mujeres, nos corresponde asumir (*). ¿Qué
harías tú si alguien te pidiese una prueba de
amor de este calibre? ¿Renunciarías a tus propios
deseos y necesidades para satisfacer las expectativas del otro? |
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Son
muy variados los sacrificios y las renuncias que están
dispuestas a hacer muchas mujeres: "ya me hago yo cargo
de las niñas para que puedas conseguir ese ascenso";
"no te preocupes, me quedaré en casa para no tener
que pagar guardería..."; "hagamos lo que tu
quieras, cariño, a mí me da igual"; "no
importa, puedo posponer mis proyectos, cuando tengamos más
dinero ya lo haré..." |
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Todos estos ejemplos ponen de manifiesto la facilidad con
la que las mujeres caen en la trampa de creer que el único
amor verdadero es el "amor incondicional". Cuando
una mujer actúa de forma incondicional haciendo
todo lo que el otro desea cree que así podrá
garantizar el amor eterno, y con ello erradicar el fantasma
del desamor. Pero la pretensión de garantías
es una creencia ilusoria; a todos y a todas nos consta que
en lo que al amor se refiere, no existen garantías
de ningún tipo (**).
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Según
esta concepción particular del amor, el sacrificio forma
parte del destino femenino. Y es que las fuerzas sociales han
hecho una gran labor de fondo para hacernos creer que la abnegación,
la entrega y la autopostergación son legítimas
si se hacen en aras de la felicidad de aquellos a quienes amamos.
Si soy buena, si me entrego, si me sacrifico, si estoy siempre
disponible para ayudar a los demás... me querrán.
Demasiadas condiciones y demasiadas concesiones. |
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El
miedo a "no ser queridas" es una de nuestras más
terribles y lastimosas cárceles. Ese miedo hace que las
expectativas de los otros funcionen para nosotras como mandatos.
Como dice C. Coria en Las negociaciaciones nuestras de cada
día: "por miedo a no ser queridas, cedemos espacios,
postergamos proyectos, hacemos concesiones innecesarias, toleramos
dependencias, silenciamos opiniones y asumimos unilateralmente
responsabilidades que no nos corresponden exclusivamente a nosotras". |
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Cuando
nos traicionamos a nosotras mismas estamos pagando un precio
demasiado elevado. ¿Adónde van los anhelos y los
planes abortados? ¿Adónde van a parar los deseos
no manifestados? ¿Qué heridas te dejan los silencios
forzados y las renuncias autoimpuestas? |
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Afortunadamente,
el caso de la paciente de Nip/Tuck que ha sufrido una mastectomía
tiene un final feliz. Deja a su marido y decide no hacerse un
implante de silicona talla XL. No está dispuesta a alterar
su anatomía de forma exagerada para complacer a otra
persona. Decide colocar su Yo en el centro. |
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Gracias
a todas y a todos por los comentarios que nos habéis
hecho llegar sobre el último número de Las Horas.
Nos alegra que os haya gustado. Nos vemos en Mayo.
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Maria
Pallarés
Coach Personal
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Notas
y Referencias |
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(*)
Ser mamá es una aventura apasionante para muchas mujeres.
Pero no es una aventura obligatoria. Cada mujer debería
escoger libremente si desea transitar la maternidad o no.
(**) Clara Coria, Las negociaciaciones nuestras de cada día.
Editorial Paidós, 1996. El título de este especial
"El fantasma del desamor", está extraído
de este libro. |