¿Las
mujeres no sabemos pedir?
Los hombres negocian entres dos y nueve veces más que
las mujeres.
¿Es
una cosa genética?
Pesa mucho la educación. Desde el nacimiento tratamos
de manera muy diferente a los niños y a las niñas.
A las niñas les enseñamos a pensar en las necesidades
de los otros, mientras que a los niños les animamos a pensar
en las propias necesidades.
¿Y
eso es grave?
En Estados Unidos, las mujeres con un master de Administración
de Empresa pierden un millón y medio de euros por no discutir
su salario. Parten de un sueldo inferior inicial y este diferencial,
junto al tiempo que dedican a sus hijos, se acumula a lo largo del
tiempo.
La
mujer sufre al negociar.
Sí. Los hombres identifican el hecho de negociar con
ganar un partido y las mujeres con ir al dentista. Y esto es así
porque las mujeres aprenden que, cuando negocian, se encuentran
con reacciones muy negativas. Tienen miedo de oír que son
unas "trepas". En cambio, entre los hombres, esta conducta
es aplaudida como una sana ambición.
Pero
las mujeres no tienen problema a la hora de regatear.
Las mujeres negociamos muy bien en nombre de los demás.
De la familia, de una causa, de la empresa. Pero no utilizamos nunca
esta habilidad en beneficio propio.
Quizás
es que no les interesa el poder.
No todas aspiran a ser consejeras delegadas, por supuesto,
pero lo importante es que si aspiran a ello han de negociar más
y mejor.
Enseñe
cómo se tiene que hacer.
Hay cuatro pasos esenciales. El primero es identificar con claridad
lo que se quiere. El segundo paso es prepararse para saber qué
es lo que se puede pedir.
¿Prepararse?
Si se ha de negociar un salario, por ejemplo, se tienen que
consultar tablas de salarios medios y preguntar a los amigos qué
cobran.
¿Y
el tercer paso?
El tercero es practicar hasta que gane desenvoltura. Se tiene
que negociar en la gasolinera, en la tienda, por teléfono.
Y se tiene que aprender a pedir con voz de mujer. Moverse hacia
la cooperación y la resolución de problemas, escuchando
a la otra parte. Esto resulta muy eficaz.
Y
si el jefe dice de entrada que "ni hablar".
Si el jefe dice "no", es una postura de negociación,
no una cosa definitiva. No hay que abandonar. Se ha de preguntar
por los motivos, saber hasta donde está dispuesto a ceder.
Negociar es un proceso con etapas.
¿Qué
argumentos no se deben utilizar en ningún caso?
Todos valen. Pero en una negociación nos hemos de centrar
menos en lo que quiere uno y más en lo que quiere el otro.
Si uno habla mucho, no escucha al otro. Y la buena negociación
se encamina a resolver los problemas de los dos a la vez.
¿Diría
que son peores las jefas?
La gente opina que las jefas son peores. ¿Por qué?
Porque esperamos de las mujeres que sean amables, consideradas,
que piensen en los demás. Así que cuando se comportan
como jefes, no concuerdan con esta imagen. Les exigimos criterios
diferentes y eso no está bien.
Si
todo falla, ¿nada de lágrimas?
Llorar asusta a los hombres. Es mejor un trato de diálogo.
Por eso es importante la práctica previa.
Oiga,
negociar quién friega y quien barre en casa ya es dramático.
Se ha de intentar. Pero es preciso escoger las luchas y apostar.
Las mujeres esperan que las cosas se les ofrezcan y se desmoralizan
cuando los hombres pasan por delante. Mire, se ha demostrado que
las mujeres que practican la negociación con frecuencia reducen
el estrés, porque consiguen mejores condiciones de trabajo
y compañeros de vida de más calidad en casa.
La
maternidad quizás es un freno.
Algunos empresarios utilizan la maternidad como excusa de
la discriminación. Personalmente, no entiendo por qué
la sociedad no espera lo mismo de los padres, por qué no
se les permite a ellos ejercer la paternidad a tiempo completo.
¿Porque
no lo quieren?
Se ha perpetuado la idea de que ser hombre es ganarse el pan.
No se le permite experimentar cosas que le agrada hacer. No somos
justos con las mujeres, pero tampoco lo somos con los hombres. Se
tiene que permitir que tanto los unos como los otros tengamos menos
restricciones en lo que queramos hacer con nuestra vida.
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