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La alergia a negociar |
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Se
han publicado varios estudios que sugieren que las mujeres
nos sentimos incómodas cuando tenemos que negociar,
sobre todo si es a favor de nuestros intereses. En
un ejemplar anterior de Las Horas me refería al
trabajo de Linda Blabock y Sara Laschever (1) en el que
se examina el modo en que nuestra cultura desanima con
todas sus fuerzas a las mujeres para que no pidan lo que
quieren.
Para muchas mujeres –dicen– negociar es peor
que ir al dentista. Yo comparto esta opinión y
así me lo han manifestado también otras
mujeres con las que he conversado sobre este tema.
Una
de las razones de nuestros temores a la hora de negociar
es la falta de información y de referentes. Las
mujeres hace relativamente poco que hemos entrado en el
mundo de los negocios y muy raramente contamos con el
apoyo de un mentor/a. Cuando tenemos que tomar una decisión
y la información disponible es ambigua podemos
ser presas fáciles de la duda y caer en el autosabotaje
aceptando ofertas que no queríamos o tirando la
toalla antes de tiempo.
En
casa el panorama no es mucho más esperanzador.
Expertas negociadoras en el ámbito profesional
—pidiendo por cuenta ajena—
tienen serias dificultadas para negociar con sus parejas
o con sus hijos. Piensan que negociar puede poner en peligro
el amor y la aprobación de los otros. Como nos
recuerda la psicóloga Clara Coria negociar significa
"dejar de ser incondicionales”, y a muchas
mujeres les cuesta desprenderse de una creencia interiorizada
a lo largo de muchos años de historia y de educación:
el opresor e interesado mito de la incondicionalidad.
Los
expertos y las expertas en el tema —y mi
experiencia en coaching así lo avala—
dicen que las mujeres se hacen autocensura a la hora de
negociar porque (1) no están del todo seguras de
lo que se merecen; (2) porque les preocupa que los demás
reaccionen negativamente ante sus peticiones; y (3) por
miedo a que la relación se resienta, ya que les
cuesta
separar lo que se está negociando de la relación
que mantienen con quien negocian. De no superar estas
trampas, la negociación puede estar condenada al
fracaso. En esta e-zine vamos a ver el porqué.
¿Cuántas
veces has negociado un aumento de sueldo? ¿Y un
préstamo o una hipoteca? ¿Cuántas
posibilidades has dejado en el camino por pensar que no
te lo iban a dar? ¿Cómo habría cambiado
tu vida si hubieses sabido negociar de forma efectiva? |
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Si estas preguntas no te dejan indiferente, te invito a
que sigas leyendo. |
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Maria
Pallarés
Coach Personal |
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Las creencias limitadoras en la negociación |
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La
mente ocupa su lugar y puede ser un cielo o un infierno,
un infierno o un cielo. |
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John
Milton |
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El mandato social reclama en la mujeres conductas altruistas.
Eso explica por qué brillantes negociadoras por
cuenta ajena tienen serias dificultades cuando han de
pedir y negociar para sí mismas. A continuación
te invitamos a que identifiques las creencias que te provocan
algún tipo de conflicto cuando tienes que negociar
en favor de tus intereses.
Para
ayudarte en la tarea hemos recogido algunas de las creencias
limitadoras que describen Babcock y Laschever (1) y que
nosotras hemos tenido la ocasión de identificar
en los procesos de coaching:
1.
Esta situación no es negociable. A menudo
las mujeres piensan que no tienen opciones, que las circunstancias
son menos negociables de lo que son en realidad y que
dependen de fuerzas externas. Este comportamiento no es
extraño si tenemos en cuenta que la vida de las
mujeres ha sido controlada en gran parte por los hombres
hasta hace bien poco. Un
ejemplo típico es pedir un aumento de sueldo. Los
hombres piensan que pueden ejercer un cierto control sobre
lo que se les paga, en cambio, muchas mujeres piensan
que otras personas decidirán lo que valen.
2.
¡Negociar es peor que ir al dentista!
Para las mujeres negociar genera incomodidad y estrés
porque amplifican el lado negativo de la negociación
en lugar de concentrarse en las ventajas que pueden obtener.
Les asalta el miedo a perder el control, a cometer equivocaciones
o a rendirse demasiado rápido. Todos estos pensamientos
y temores ponen muy cuesta arriba la negociación.
3.
No sé si merezco más. A
menudo las mujeres no están seguras de merecer
más, a no ser que otra persona les confirme que
así es. A ello se suma el desconocimiento de cuáles
son sus derechos. Si creo que no tengo derecho a pedir
y no estoy segura de lo que me merezco, seguramente me
conformaré con menos. Comprensible, ya que se nos
enseñó que las “buenas chicas”
no piden.
4.
Es demasiado egoísta pedir algo así para
mí. Querer algo para una misma y hacer
o que sea necesario para conseguirlo choca con la expectativa
social que espera de las mujeres que se preocupen más
por cubrir y satisfacer las necesidades de los demás
que las propias. Otra creencia que se nos ha inculcado
hasta en la sopa: preocuparse por una misma es ser egoísta.
El precio que pagamos por créernosla es hacernos
íntimas amigas de la culpa.
5.
Si pido lo que quiero puedo poner en peligro la relación.
Numerosos estudios han llegado a la conclusión
de que las relaciones tienen un papel más importante
en la vida de las mujeres que en la de los hombres. Por
eso a ellas les cuesta más separar los problemas
concretos que negocian de las relaciones que mantienen
con quiénes negocian. Las mujeres temen más
que un desacuerdo por el resultado de una negociación
represente un conflicto personal.
6.
Si me dicen que no, me están rechazando.
Precisamente esa tendencia a ver las cosas en
el contexto de las relaciones hace que a menudo las mujeres
se tomen la falta de acuerdo como algo personal. Si piden
algo y no se lo dan, lo interpretan como un rechazo. Piensan
que el no es una manifestación de falta de afecto:
que les están diciendo “no” a ellas.
7.
Los demás se darán cuenta de lo que merezco.
Se nos ha enseñado a ser evasivas e indirectas
respecto a lo que queremos y a esperar en lugar de pedirlo.
Así, en lugar de hacer públicos nuestros
logros, confiamos en que con trabajo duro nos ganaremos
el reconocimiento de los demás, aunque tengamos
pruebas suficientes de que no es así. En una ezine
anterior Las Horas nº 14
abordamos este tema de forma monográfica.
Con
este abanico de creencias en la cabeza es lógico
que negociar se nos haga cuesta arriba. Reconocer que
estamos condicionadas social y culturalmente para pensar
de esta manera es un primer paso para cambiar nuestra
visión sobre la negociación. Por eso es
tan importante reconocer el peso que ejercen sobre nosotras
los estereotipos. Sobre este punto volveremos en próximos
boletines.
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Está
en tus manos... evitar los típicos errores
de la negociación |
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You
may be disappointed if you fail, but you are doomed
if you don't try
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Beverly Sills |
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Identificar
y cuestionar las creencias limitadoras es un primer
paso, pero no es suficiente. El siguiente paso es
fortalecer y ejercitar las habilidades necesarias
para negociar de forma efectiva a favor de nuestros
intereses. Para empezar vamos a ver algunos errores
que cometemos cuando negociamos.
A
continuación resumimos las pautas que proponen
Jessica Miller y Lee Miller (2) para combatir los
10 errores más frecuentes de las mujeres
en las negociaciones. Estos errores han sido identificados
a partir de numerosas entrevistas hechas a mujeres
de distintos ámbitos profesionales.
1.
Sé tu misma. Para
tener éxito debes emplear un estilo de negociación
con el cual te sientas a gusto. Si no eres auténtica,
los demás se darán cuenta y perderás
credibilidad. Eso explica por qué algunas
mujeres son “castigadas” cuando negocian
desde la impostura, con un estilo agresivo que no
encaja con su manera de ser. La mayoría de
mujeres prefieren un estilo de negociación
relacional; la negociación por intereses
es el tipo de negociación que mejor encaja
con este estilo.
2. Que no te duela pedir, casi todo es negociable.
Las oportunidades para negociar existen
en casi cada interacción. No tienes por qué
aceptar o rechazar lo que te ofrecen, también
tienes la opción de preguntar por algo diferente.
Recuerda, ¡no puedes conseguir algo si no
lo pides! Y, si decides aceptar algo sin negociar,
es importante que sea una decisión consciente,
algo que tu hayas escogido.
3. Negocia por ti misma como si estuvieses
negociando por otro. Como nos sentimos
mucho más cómodas cuando negociamos
por otros, una técnica útil es visualizarte
como si estuvieras negociando para otra persona.
Piensa qué harías si estuvieras haciendo
recomendaciones en nombre de alguien que te importa
y haz un acercamiento a tus negociaciones personales
de forma similar.
Otra forma que te ayudará a negociar
con más efectividad es mejorar el diálogo
que mantienes contigo misma. Antes de comenzar una
negociación fíjate en tu cháchara
interior. En lugar de centrarte en lo que puedes
perder, examina todas las razones por las que mereces
lo que estás pidiendo. Tú eres tu
audiencia más difícil. Si te convences
a ti misma, no tendrás problemas para convencer
a cualquiera.
4. Controla los detalles pero sé
flexible y nunca pierdas de vista tu último
objetivo. Dicen que las mujeres están
más orientadas a los detalles. Esto puede
ser una fortaleza porque suelen estar mejor preparadas
para la negociación, pero también
puede ser una debilidad, porque corren el riesgo
de atraparse en los detalles y perder de vista sus
objetivos. Es importante tener en cuenta los detalles
pero sin perder de vista todo el cuadro, para poder
discernir qué es importante y qué
no lo es.
5. Evita la trampa de la empatía.
Las mujeres somos muy buenas escuchando y poniéndonos
en la piel de los otros. Eso es un punto a tu favor,
pero no caigas en la trampa de ser demasiado empática.
Entender la posición del otro no significa
creerse que debe prevalecer su opinión, especialmente
si va en detrimento tuyo. Mantener una actitud empática
significa entender sus necesidades, no darles lo
que quieren y olvidarte de ti misma. Ten siempre
presentes cuáles son tus objetivos.
6. Prepárate para decir no, pero
no estés demasiado dispuesta a aceptar un
no por respuesta. El NO es la palabra más
poderosa en la negociación. Recuerda que
el no es una manifestación de desacuerdo,
sólo eso. No es algo personal; no tiene nada
que ver con la relacion que mantienes con la persona
con quien estás negociando. Decir NO es una
forma de intercambiar información sobre vuestras
necesidades. Visto de ese modo, decir no y encajar
un no es mucho más sencillo.
7. No te lo tomes de forma personal: regula tus
emociones. Es normal que
sientas emociones cuando negocias, no podría
ser de otra manera. El problema surge cuando dejas
que esas emociones te secuestren. Pon en práctica
técnicas de autorregulación emocional
para no sentirte herida, atacada o cuestionada.
Nadie puede herirte sin tu consentimiento. Y, si
estás demasiado distraída, irritada,
estresada, cansada o enfadada... es mejor que te
plantees dejar la negociación para otro momento.
8. No temas romper las reglas.
Las únicas limitaciones reales cuando negocias
son las que te impones a ti misma. Las buenas chicas
han sido socializadas para seguir las reglas y evitar
asumir riesgos. Hacer las cosas siempre de la misma
manera porque así nos lo enseñaron
es una forma de pensar limitadora que nos conduce
a la escasez. Recuerda que la creatividad es clave
para en la negociación: ¡Cuando negocias
puedes crear y cambiar las reglas del juego!.
9. Un poco de humor puede ser muy útil.
En las negociaciones puede haber momentos
tensos y delicados. El propósito de utilizar
el sentido del humor en la negociación no
es contar chistes o soltar una carcajada sino reducir
la tensión y suavizar una posición
dura. El humor te ayuda a conectar con los demás
a un nivel personal. No está demás
recordar la importancia de tener en cuenta el contexto
y saber utilizar este recurso en el momento apropiado
y de la forma adecuada.
10. Acepta la naturaleza humana, no luches contra
ella. Cuando negocias debes tener en cuenta
cómo es tu interlocutor —sexo,
edad, experiencia...— y cómo
es su estilo de negociación. Esta información
es vital para planificar la negociación y
poder alcanzar tus objetivos. No se trata de cambiarlo.
No podrías hacerlo aunque quisieses. Se trata
simplemente de estudiar sus puntos fuertes y sus
puntos débiles, aceptarlos y con este conocimiento,
definir la mejor estrategia de negociación.
Esperamos que estos consejos te ayuden a ver la
negociación como una oportunidad. Está
en tus manos convertirte en una buena negociadora.
Negociar es una habilidad que como cualquier otra
puede aprenderse a fuerza de voluntad, repetición
y constancia. ¡Nadie nace enseñado!
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Referencias |
(1) Linda Babcock y Sara Laschever. Las
mujeres no se atreven a pedir. Saber negociar
ya no es sólo cosa de hombres.
Amat Editorial. 2005.
(2) Lee E. Miller y Jessica Miller. A
woman’s guide to successful negotiating.
How to convince, collaborate & create
your way to agreement. McGraw-Hill, 2002.
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