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Noviembre de 2006

La alergia a negociar

Se han publicado varios estudios que sugieren que las mujeres nos sentimos incómodas cuando tenemos que negociar, sobre todo si es a favor de nuestros intereses. En un ejemplar anterior de Las Horas me refería al trabajo de Linda Blabock y Sara Laschever (1) en el que se examina el modo en que nuestra cultura desanima con todas sus fuerzas a las mujeres para que no pidan lo que quieren.

Para muchas mujeres –dicen– negociar es peor que ir al dentista. Yo comparto esta opinión y así me lo han manifestado también otras mujeres con las que he conversado sobre este tema.

Una de las razones de nuestros temores a la hora de negociar es la falta de información y de referentes. Las mujeres hace relativamente poco que hemos entrado en el mundo de los negocios y muy raramente contamos con el apoyo de un mentor/a. Cuando tenemos que tomar una decisión y la información disponible es ambigua podemos ser presas fáciles de la duda y caer en el autosabotaje aceptando ofertas que no queríamos o tirando la toalla antes de tiempo.

En casa el panorama no es mucho más esperanzador. Expertas negociadoras en el ámbito profesional pidiendo por cuenta ajena tienen serias dificultadas para negociar con sus parejas o con sus hijos. Piensan que negociar puede poner en peligro el amor y la aprobación de los otros. Como nos recuerda la psicóloga Clara Coria negociar significa "dejar de ser incondicionales”, y a muchas mujeres les cuesta desprenderse de una creencia interiorizada a lo largo de muchos años de historia y de educación: el opresor e interesado mito de la incondicionalidad.

Los expertos y las expertas en el tema y mi experiencia en coaching así lo avala dicen que las mujeres se hacen autocensura a la hora de negociar porque (1) no están del todo seguras de lo que se merecen; (2) porque les preocupa que los demás reaccionen negativamente ante sus peticiones; y (3) por miedo a que la relación se resienta, ya que les cuesta separar lo que se está negociando de la relación que mantienen con quien negocian. De no superar estas trampas, la negociación puede estar condenada al fracaso. En esta e-zine vamos a ver el porqué.

¿Cuántas veces has negociado un aumento de sueldo? ¿Y un préstamo o una hipoteca? ¿Cuántas posibilidades has dejado en el camino por pensar que no te lo iban a dar? ¿Cómo habría cambiado tu vida si hubieses sabido negociar de forma efectiva?

Si estas preguntas no te dejan indiferente, te invito a que sigas leyendo.    
   
Maria Pallarés
Coach Personal
mariapallares@mproactiva.com :: www.mproactiva.com :: Tel. 34 93 5922936
Rambla Sant Jordi, 124, 4º 3º 08291 Ripollet (Barcelona)

 
 
Las creencias limitadoras en la negociación
La mente ocupa su lugar y puede ser un cielo o un infierno, un infierno o un cielo.
John Milton

El mandato social reclama en la mujeres conductas altruistas. Eso explica por qué brillantes negociadoras por cuenta ajena tienen serias dificultades cuando han de pedir y negociar para sí mismas. A continuación te invitamos a que identifiques las creencias que te provocan algún tipo de conflicto cuando tienes que negociar en favor de tus intereses.

Para ayudarte en la tarea hemos recogido algunas de las creencias limitadoras que describen Babcock y Laschever (1) y que nosotras hemos tenido la ocasión de identificar en los procesos de coaching:

1. Esta situación no es negociable. A menudo las mujeres piensan que no tienen opciones, que las circunstancias son menos negociables de lo que son en realidad y que dependen de fuerzas externas. Este comportamiento no es extraño si tenemos en cuenta que la vida de las mujeres ha sido controlada en gran parte por los hombres hasta hace bien poco. Un ejemplo típico es pedir un aumento de sueldo. Los hombres piensan que pueden ejercer un cierto control sobre lo que se les paga, en cambio, muchas mujeres piensan que otras personas decidirán lo que valen.

2. ¡Negociar es peor que ir al dentista! Para las mujeres negociar genera incomodidad y estrés porque amplifican el lado negativo de la negociación en lugar de concentrarse en las ventajas que pueden obtener. Les asalta el miedo a perder el control, a cometer equivocaciones o a rendirse demasiado rápido. Todos estos pensamientos y temores ponen muy cuesta arriba la negociación.

3. No sé si merezco más. A menudo las mujeres no están seguras de merecer más, a no ser que otra persona les confirme que así es. A ello se suma el desconocimiento de cuáles son sus derechos. Si creo que no tengo derecho a pedir y no estoy segura de lo que me merezco, seguramente me conformaré con menos. Comprensible, ya que se nos enseñó que las “buenas chicas” no piden.

4. Es demasiado egoísta pedir algo así para mí. Querer algo para una misma y hacer o que sea necesario para conseguirlo choca con la expectativa social que espera de las mujeres que se preocupen más por cubrir y satisfacer las necesidades de los demás que las propias. Otra creencia que se nos ha inculcado hasta en la sopa: preocuparse por una misma es ser egoísta. El precio que pagamos por créernosla es hacernos íntimas amigas de la culpa.

5. Si pido lo que quiero puedo poner en peligro la relación. Numerosos estudios han llegado a la conclusión de que las relaciones tienen un papel más importante en la vida de las mujeres que en la de los hombres. Por eso a ellas les cuesta más separar los problemas concretos que negocian de las relaciones que mantienen con quiénes negocian. Las mujeres temen más que un desacuerdo por el resultado de una negociación represente un conflicto personal.

6. Si me dicen que no, me están rechazando. Precisamente esa tendencia a ver las cosas en el contexto de las relaciones hace que a menudo las mujeres se tomen la falta de acuerdo como algo personal. Si piden algo y no se lo dan, lo interpretan como un rechazo. Piensan que el no es una manifestación de falta de afecto: que les están diciendo “no” a ellas.

7. Los demás se darán cuenta de lo que merezco. Se nos ha enseñado a ser evasivas e indirectas respecto a lo que queremos y a esperar en lugar de pedirlo. Así, en lugar de hacer públicos nuestros logros, confiamos en que con trabajo duro nos ganaremos el reconocimiento de los demás, aunque tengamos pruebas suficientes de que no es así. En una ezine anterior Las Horas nº 14 abordamos este tema de forma monográfica.

Con este abanico de creencias en la cabeza es lógico que negociar se nos haga cuesta arriba. Reconocer que estamos condicionadas social y culturalmente para pensar de esta manera es un primer paso para cambiar nuestra visión sobre la negociación. Por eso es tan importante reconocer el peso que ejercen sobre nosotras los estereotipos. Sobre este punto volveremos en próximos boletines.

Está en tus manos... evitar los típicos errores de la negociación
 

You may be disappointed if you fail, but you are doomed if you don't try
 
Beverly Sills

Identificar y cuestionar las creencias limitadoras es un primer paso, pero no es suficiente. El siguiente paso es fortalecer y ejercitar las habilidades necesarias para negociar de forma efectiva a favor de nuestros intereses. Para empezar vamos a ver algunos errores que cometemos cuando negociamos.

A continuación resumimos las pautas que proponen Jessica Miller y Lee Miller (2) para combatir los 10 errores más frecuentes de las mujeres en las negociaciones. Estos errores han sido identificados a partir de numerosas entrevistas hechas a mujeres de distintos ámbitos profesionales.

1. Sé tu misma. Para tener éxito debes emplear un estilo de negociación con el cual te sientas a gusto. Si no eres auténtica, los demás se darán cuenta y perderás credibilidad. Eso explica por qué algunas mujeres son “castigadas” cuando negocian desde la impostura, con un estilo agresivo que no encaja con su manera de ser. La mayoría de mujeres prefieren un estilo de negociación relacional; la negociación por intereses es el tipo de negociación que mejor encaja con este estilo.

2. Que no te duela pedir, casi todo es negociable. Las oportunidades para negociar existen en casi cada interacción. No tienes por qué aceptar o rechazar lo que te ofrecen, también tienes la opción de preguntar por algo diferente. Recuerda, ¡no puedes conseguir algo si no lo pides! Y, si decides aceptar algo sin negociar, es importante que sea una decisión consciente, algo que tu hayas escogido.

3. Negocia por ti misma como si estuvieses negociando por otro. Como nos sentimos mucho más cómodas cuando negociamos por otros, una técnica útil es visualizarte como si estuvieras negociando para otra persona. Piensa qué harías si estuvieras haciendo recomendaciones en nombre de alguien que te importa y haz un acercamiento a tus negociaciones personales de forma similar.

Otra forma que te ayudará a negociar con más efectividad es mejorar el diálogo que mantienes contigo misma. Antes de comenzar una negociación fíjate en tu cháchara interior. En lugar de centrarte en lo que puedes perder, examina todas las razones por las que mereces lo que estás pidiendo. Tú eres tu audiencia más difícil. Si te convences a ti misma, no tendrás problemas para convencer a cualquiera.

4. Controla los detalles pero sé flexible y nunca pierdas de vista tu último objetivo. Dicen que las mujeres están más orientadas a los detalles. Esto puede ser una fortaleza porque suelen estar mejor preparadas para la negociación, pero también puede ser una debilidad, porque corren el riesgo de atraparse en los detalles y perder de vista sus objetivos. Es importante tener en cuenta los detalles pero sin perder de vista todo el cuadro, para poder discernir qué es importante y qué no lo es.

5. Evita la trampa de la empatía. Las mujeres somos muy buenas escuchando y poniéndonos en la piel de los otros. Eso es un punto a tu favor, pero no caigas en la trampa de ser demasiado empática. Entender la posición del otro no significa creerse que debe prevalecer su opinión, especialmente si va en detrimento tuyo. Mantener una actitud empática significa entender sus necesidades, no darles lo que quieren y olvidarte de ti misma. Ten siempre presentes cuáles son tus objetivos.

6. Prepárate para decir no, pero no estés demasiado dispuesta a aceptar un no por respuesta. El NO es la palabra más poderosa en la negociación. Recuerda que el no es una manifestación de desacuerdo, sólo eso. No es algo personal; no tiene nada que ver con la relacion que mantienes con la persona con quien estás negociando. Decir NO es una forma de intercambiar información sobre vuestras necesidades. Visto de ese modo, decir no y encajar un no es mucho más sencillo.

7. No te lo tomes de forma personal: regula tus emociones
. Es normal que sientas emociones cuando negocias, no podría ser de otra manera. El problema surge cuando dejas que esas emociones te secuestren. Pon en práctica técnicas de autorregulación emocional para no sentirte herida, atacada o cuestionada. Nadie puede herirte sin tu consentimiento. Y, si estás demasiado distraída, irritada, estresada, cansada o enfadada... es mejor que te plantees dejar la negociación para otro momento.

8. No temas romper las reglas. Las únicas limitaciones reales cuando negocias son las que te impones a ti misma. Las buenas chicas han sido socializadas para seguir las reglas y evitar asumir riesgos. Hacer las cosas siempre de la misma manera porque así nos lo enseñaron es una forma de pensar limitadora que nos conduce a la escasez. Recuerda que la creatividad es clave para en la negociación: ¡Cuando negocias puedes crear y cambiar las reglas del juego!.

9. Un poco de humor puede ser muy útil. En las negociaciones puede haber momentos tensos y delicados. El propósito de utilizar el sentido del humor en la negociación no es contar chistes o soltar una carcajada sino reducir la tensión y suavizar una posición dura. El humor te ayuda a conectar con los demás a un nivel personal. No está demás recordar la importancia de tener en cuenta el contexto y saber utilizar este recurso en el momento apropiado y de la forma adecuada.

10. Acepta la naturaleza humana, no luches contra ella
. Cuando negocias debes tener en cuenta cómo es tu interlocutor sexo, edad, experiencia... y cómo es su estilo de negociación. Esta información es vital para planificar la negociación y poder alcanzar tus objetivos. No se trata de cambiarlo. No podrías hacerlo aunque quisieses. Se trata simplemente de estudiar sus puntos fuertes y sus puntos débiles, aceptarlos y con este conocimiento, definir la mejor estrategia de negociación.

Esperamos que estos consejos te ayuden a ver la negociación como una oportunidad. Está en tus manos convertirte en una buena negociadora. Negociar es una habilidad que como cualquier otra puede aprenderse a fuerza de voluntad, repetición y constancia. ¡Nadie nace enseñado!

Referencias


(1) Linda Babcock y Sara Laschever. Las mujeres no se atreven a pedir. Saber negociar ya no es sólo cosa de hombres. Amat Editorial. 2005.

(2) Lee E. Miller y Jessica Miller. A woman’s guide to successful negotiating. How to convince, collaborate & create your way to agreement. McGraw-Hill, 2002.

Oportunidades para pasar a la acción


Para todas aquellas que estén interesadas en fortalecer sus habilidades de negociación, hemos desarrollado un programa de negociación específico para mujeres: ©Negociamujer.

Es un programa de coaching personalizado de dos meses de duración, con una periodicidad de 10 días entre sesión y sesión. Si deseas que te informemos sobre este programa, llámanos al +34 93 592 29 36 o envíanos un mensaje directamente a: reserva@mproactiva.com.

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