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"Sea positivo: diga no a menudo"
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Entrevista
de Lluís Amiguet a Steven Poelmans, profesor del IESE, autor
de Tiempo de calidad y calidad de vida, McGraw-Hill, 2005
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Publicada
en La Vanguardia, el martes, 21 de Junio de 2005 |
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Siempre
llego tarde
¿Valía la pena llegar puntual?
¿?
Por educación, claro que sí, pero esto no es un
tratado de urbanismo. Quiero que reflexione sobre el sentido profundo
de sus prisas: ¿de verdad valía la pena lo que le ha
hecho correr?
Supongo que si estaba en mi agenda
¿De verdad valía la pena anotarlo?
Lo pensaré.
Soy coach de ejecutivos y analizo muchas de sus agendas. Corren
de un lado para otro. Les cuesta meses descubrir lo que querían
hacer de verdad antes de limitarse a cumplir con su agenda. Les pregunto
por el sueño de su vida y responden: "Quiero escribir
un buen libro" y, en cambio, el más coherente le dedica
algún ratito al libro los fines de semana, aunque luego me
confiese que es el objetivo más importante de su vida.
Es que hay que pagar la hipoteca.
¿De verdad necesita todo lo que gasta? ¿Cuánto
de todo lo que paga y por tanto le roba su tiempo necesita usted realmente?
Tampoco voy sobrado de dinero.
Al principio le parecerán renuncias, pero luego verá
que son liberaciones. Yo he dejado de tener coche: era mi mayor ladrón
de tiempo. Lo he liquidado. Analice a fondo cómo emplea su
tiempo y verá que la mayoría de las obligaciones de
agenda son prescindibles, pero usted las ha asumido por dos motivos:
por puro acto reflejo, pero irref lexivo, y porque no ha aprendido
a decir que no.
Es que sabe mal
Negarse es tan imprescindible como afirmarse: sea positivo y
diga no a menudo, es la mejor manera de no perjudicar a nadie, empezando
por usted.Ydespués destierre de su vida esos actos reflejos:
voy porque me invitan, pero no quería; respondo porque me llaman,
pero no me interesa; contesto porque me preguntan, pero sin nada que
decir
-No se trata de ser maleducado.
-Antes de reaccionar ante un estímulo exterior y darle su tiempo,
reflexione, elimine todo trámite y verá que el resto
de su agenda adquiere un sentido más profundo. Si no lo hace,
su vida acaba fragmentada en pedacitos puestos en agenda que no le
permiten gozar de nada profundo. Empiece a buscar la calidad de su
tiempo.
¿Cómo?
Imprégnelo de su propia elección. No haga nada
porque sí o por obligación, ni siquiera lo más
banal: estudie el precio de esa renuncia a la aceptación rutinaria
y verá que es barato. Puede recuperar su vida hipotecada si
todo lo que hace lo hace de corazón.
¿Cómo conocer mi corazón?
Consagre tiempo a su higiene mental, tan importante como la
dental. Empiece por localizar sus objetivos a largo plazo
¿Cómo los localizo?
¿Cuándo fue la última vez que pasó
un día entero usted solo pensando?
Perdí un avión de vuelta a casa y
¡Los aeropuertos no valen! Y usted no ha entendido: sólo
tiene calidad el tiempo deseado empleado en hacer lo decidido, y un
avión perdido no es un tiempo deseado.
Lo pensaré.
Si no sabe descubrirse y descubrir esos objetivos en su intimidad,
cree intimidad para descubrirlos: dedíquese un poco de tiempo
a sí mismo y adquirirá más sentido el que da
a los demás. Medite, analice lo hecho cada día y puntúelo
de acuerdo con la satisfacción que le ha proporcionado.
¿Con una hoja de cálculo?
Si lo hace así, mejor, pero con papel y lápiz
basta. Tras unas semanas, verá que hay un tipo de actividad
que siempre puntúa usted más alto. Pregúntese
por qué.
Porque es más divertido.
Sea más profundo. Hay actividades que le exigen y no
son divertidas, incluso son aburridas o penosas, pero le aportan,
le realizan. Por ahí va la definición de objetivos.
¿Se trata de maximizar esos momentos?
Los griegos distinguían cronos de kairós.
Cronos era el tiempo medible y distribuible, pura extensión
de la rutina; kairós, en cambio, es el tiempo profundo,
el decidido, el deseado, saber esperar el momento preciso y disfrutar
de la espera y después actuar. No corra. Si quiere cazar el
tigre, no entre en el bosque a buscarlo
Lo asustará.
¿Debo esperarle agazapado?
Siéntese a esperar el momento de cazar el tigre. Porque
hay un tiempo para cada cosa.
Eso ya lo decía la Biblia.
Pero lo olvidamos. Tal vez el tigre pase algún día
ante usted o tal vez no, pero en el fondo ya lo ha cazado, porque
usted está haciendo exactamente lo que quiere, luego no está
perdiendo el tiempo. El tiempo se gana por elección y se pierde
por obligación. Si quiere dar calidad a su tiempo, confíe
más en su voluntad y recele de su conformismo.
Pueden ser muchas horas de espera.
Espíritu es esperar. Espere su momento, madure. No renuncie
a darle tiempo al tiempo. La ideología imperante y la lógica
del capitalismo quieren reducirle a usted a una sola dimensión
del tiempo: convertirle en un ser con la vida fragmentada en plazos
de hipoteca, en horas de trabajo y otras, menos, de ocio. Usted así
vive para ellos: produce tantas horas al mes, pasa ante la tele otras
tantas y consume otras tantas
Y corre
Tiempos modernos.
Reaccione: no deje que lo urgente desplace a lo importante en
sus días. Pareto demostró que el 80 por ciento del valor
de nuestras vidas, lo que realmente nos satisface, lo creamos con
tan sólo el 20 por ciento de nuestro tiempo. ¡Imagínese
las satisfacciones que se dará si dedica tan sólo el
80 por ciento de su tiempo a hacer lo que realmente quiere!
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