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Septiembre de 2006

   
 

Saber escuchar: "una habilidad en peligro de extinción"

"Una mujer con cierto sobrepeso conduce su coche junto con su hija por un camino de montaña. De repente, se le cruza otro coche conducido por un señor que le grita: ¡Vacas! La señora se indigna al escucharlo, comienza a insultarlo y desarrolla una interesante conversación interna de lo gorda que debe estar para que ese señor le haya gritado eso. De repente toma una curva cerrada y encuentra que el camino está lleno de vacas. Ya es demasiado tarde. No le da tiempo a frenar..."  

Esta historia pone de manifiesto uno de los problemas más frecuentes en la comunicación: las distorsiones en la escucha. Nada parece tan sencillo como escuchar. Al fin y al cabo escuchar “es una habilidad natural” –dicen algunos. Si realmente fuese así me pregunto por qué una de las quejas más frecuentes en las relaciones interpersonales es el típico: “¡No me estás escuchando!”.

A menudo utilizamos los verbos oír y escuchar como si fuesen sinónimos cuando en realidad designan dos acciones distintas. Oír es un proceso fisiológico pasivo. Escuchar es un proceso activo mucho más complejo que implica, entre otras cosas, atención e interés por nuestro interlocutor/a.

De vez en cuando sondeo a mis conocidos para saber qué piensan sobre su capacidad de escucha. Sus respuestas no dejan de sorprenderme: la mayoría de las personas pensamos que sabemos escuchar. "Yo escuchar, escucho. Otra cosa es que sepa comunicar" –me dicen. Sin embargo, el espejo del otro suele depararnos alguna que otra sorpresa. El ritmo atropellado y frenético del día a día, las múltiples obligaciones a las que estamos sometidos y las constantes intermitencias en nuestro pensamiento reducen considerablemente la atención que nos dedicamos mútuamente.

Escuchar es probablemente la dimensión más importante de la comunicación. A pesar de ello la escucha ha tenido un papel secundario en las teorías de la comunicación. Ha sido relegada a un segundo plano por su compañera de viaje: la admirada y deseada capacidad oratoria. El modelo clásico en la teoría de la comunicación –el modelo de Shannon– pone el acento en la transmisión de información entre emisor y receptor. Si el emisor articula y emite bien su mensaje, misión cumplida.

Sin embargo, la comunicación es un fenómeno complejo que va mucho más allá de la capacidad de emitir correctamente un mensaje. Expresión efectiva no siempre es igual a comunicación efectiva.

La escucha es un proceso clave. Si no escuchamos, la calidad de nuestras relaciones se resiente. Los padres han de escuchar a sus hijos para entenderlos. Empresarios y comerciantes necesitan escuchar a sus clientes para saber cuáles son sus necesidades. El éxito de una relación afectiva depende de que ambas partes se escuchen y se sientan escuchadas…

Un amigo me dijo hace poco que en la sociedad occidental “saber escuchar es una habilidad que se encuentra en peligro de extinción" y pienso que no andaba nada desencaminado. En esta e-zine os propongo un ejercicio de reflexión sobre la importancia de la escucha y sobre los recursos que tenemos a nuestro alcance para fortalecer esta habilidad.

Deseo que la vuelta al cole os proporcione numerosas oportunidades para escuchar activamente.

     
 
Maria Pallarés
Coach Personal
     
 

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Ellas tienen la palabra.... ¿En qué nivel de escucha estás?
«La mayoría de nosotros escuchamos a través de una pantalla de resistencia. De una auténtica escucha nos separan nuestros prejuicios, sean religiosos o espirituales, psicológicos o científicos; nos separan nuestras preocupaciones diarias, nuestros deseos o expectativas, nuestros miedos, etc. Y con esto como pantalla... ¡escuchamos! Por lo cual, lo que realmente escuchamos es... nuestro ruido, nuestro sonido, no lo que realmente está siendo dicho...»
KRISHNAMURTI, The first and the last Freedom.


Existen distintos niveles de escucha. Cuanto más desarrollado sea el nivel de escucha de una persona, más consciente y receptiva será. Madelyn Burley-Allen, experta en comunicación interpersonal, en su clásico Listening, The Forgotten Skill (1), describe tres niveles de escucha:

El nivel 3 es el más bajo y se caracteriza por un estado de inconsciencia. Escuchamos haciendo esfuerzos. Sintonizamos y desintonizamos cuando nos place. Nos damos permiso para estar distraídos y seguimos la conversación sólo lo justo y necesario, esperando nuestra oportunidad para rebatir lo que se ha dicho. En este nivel la persona que está hablando es posible que se cierre en banda, poniendo fin a cualquier comunicación de calidad o que intensifique la conversación para captar la atención de su interlocutor, distorsionando el mensaje que realmente quería comunicar.

El nivel 2 o nivel intermedio, es aquél en el que todavía hay una cierta inconsciencia, aunque la principal barrera es la semántica. Escuchamos las palabras –el mensaje literal de nuestro interlocutor/a– pero no nos esforzamos por entender lo que realmente quiere decirnos. Ignoramos otros aspectos como el lenguaje corporal, las expresiones faciales, el tono de voz, la modulación, la inflexión o la velocidad. Este nivel es peligroso porque las palabras son polisémicas y su interpretación literal –desde nuestro propio marco de referenica– puede causar numerosos malentendidos.

El nivel 1 es el nivel superior, en el que se produce la escucha activa que permite cultivar el respeto mutuo, la confianza y la empatía. Nos abstenemos de emitir juicios sobre nuestro interlocutor/a y tratamos de entender lo que nos dice desde su propio marco de referencia. Mediante nuestros gestos y nuestro lenguaje corporal le comunicamos que estamos poniendo toda nuestra atención en él y que nos preocupa de verdad. Cuando alcanzas este nivel de escucha "no llegas a la conversacion con tus propios sesgos sino que muestras empatía con los puntos de vista de la otra persona" –dice Madelyn.

Todos experimentamos en diferentes momentos alguno de estos niveles de escucha. La autora propone distintos ejercicios para adquirir habilidades de escucha activa y ponerlas a trabajar para nosotros. Un programa de mejora supondría eliminar la escucha del nivel 3, reducir el tiempo que pasamos en el nivel 2 y maximizar nuestros esfuerzos para convertirnos en "escuchadores” de nivel 1.

Para saber más, te recomendamos la lectura de este instructivo libro, todo un clásico.


Está en tus manos... practicar la escucha activa
 

Hablo porque conozco mis necesidades, dudo porque no conozco las tuyas. Mis palabras vienen de mi experiencia de vida. Tu entendimiento viene de la tuya. Por eso, lo que yo digo, y lo que tu oyes, puede no ser lo mismo. Por lo que si tu escuchas cuidadosamente, no sólo con tus oídos, sino también con tus ojos y tu corazón, puede ser que logremos comunicarnos.

 
Herbert G. Lingren


Cuando uno no se siente escuchado la comunicación fracasa. Algunos enemigos de la comunicación son: interrumpir y cortar a tu interlocutor en medio de la conversación; pensar que ya sabes lo que va a decirte antes de que lo haga; pensar en lo que vas a decir tú a continuación; querer tener la razón en lugar de tratar de comprender; cambiar constantemente de tema; prejuzgar; etiquetar…

Estos comportamientos proyectan mensajes negativos del tipo: "No me interesa lo que tienes que decir”, “No valoro tu opinión”; “Lo que yo tengo que decir es más importante”, "A ver si acaba, tengo prisa..."; "Qué aburrimiento..."
entre otros.

Escuchar activa y empáticamente significa pensar y actuar de manera que conectes con tu interlocutor/a y que éste se sienta comprendido. Aunque este tipo de escucha a menudo ocurre de forma natural, cuando estamos muy interesados en lo que nos dice, también podemos escoger escuchar activamente siempre que lo deseemos. Escuchar es una destreza que puede ser aprendida.

A continuación recogemos algunos pasos sencillos para mejorar tu escucha y mantenerte en el nivel 1.

1. Dejar de hablar. La mayoría de nosotros, dependiendo de la situación, podemos hacer más de una cosa a la vez. Sin embargo, no podemos escuchar mientras estamos hablando. Si tienes la tendencia a monopolizar la conversación, difícilmente escucharás; especialmente si estás preparándote para lo que vas decir a continuación. No temas los silencios, respétalos.

2. Prestar atención. Escuchar activamente significa estar presente, con los cinco sentidos, concentrada en lo que dice tu interlocutor. Para ello es preciso dejar de hacer otras cosas y liberar la mente de asuntos pendientes… y de cualquier idea preconcebida sobre quién te habla o sobre lo que piensas que va a decirte. Los prejuicios y las presuposiciones no son buenos compañeros de viaje.

3. Identificar las emociones. En una conversación pueden aflorar emociones en relación con nuestro interlocutor o con los contenidos que nos está transmitiendo. El estado emocional puede ser una de las principales interferencias en la escucha. Por eso es necesario identificar nuestras emociones. ¿Cómo me siento? ¿Estoy inquieta, ansiosa, dolida, temerosa…? Tomar conciencia de estas emociones y del filtro que representan te ayudará a liberar energía para enfocarla en la escucha, y no en ti.

4. No interrumpir o acabar las frases
. La paciencia es fundamental en la escucha: deja que tu interlocutor se tome el tiempo que necesita para comunicar sus ideas. A menudo tenemos urgencia por terminar y practicamos la escucha selectiva: oímos sólo las partes de la comunicación que nos interesan. A veces es nuestro protagonismo el que no tolera que el otro lleve la voz cantante.

5. Fijarse en la comunicación no verbal. Es importante escuchar lo que se dice, pero también entender lo que no se dice. Los gestos, las expresiones faciales, el tono de voz, el volumen y los silencios hablan por nosotros. Si nuestro lenguaje corporal comunica que no estamos interesados, que estamos aburridos o que tenemos prisa, nuestro interlocutor se dará cuenta.

6. Dar feedback
. Las personas que escuchan activamente utilizan gestos y expresiones para comunicar que verdaderamente están escuchando; y hacen preguntas para invitar a su interlocutor a que continúe hablando y para clarificar cualquier aspecto que se preste a confusión. Otras formas de demostrar que estás escuchando son: parafrasear lo que dice y reflejar lo que escuchas.

En resumen, escuchar es todo un arte que se aprende ejercitándolo, detectando las dificultades y los hábitos ineficaces para poder intervenir sobre ellos. Las recompensa a nuestro esfuerzo por mejorar nuestras habilidades de escucha son enormes: evitaremos conflictos, mejorarán nuestras relaciones, seremos mejores comunicadores…y nos escucharán más.

En nuestras manos está decidir en qué nivel de escucha queremos pasar la mayor parte del tiempo.


Referencias


(1) Madelyn Burley-Allen, Listening, The Forgotten Skill. A Self-Teaching Guide. Simon and Schuster, 1995. Segunda Edición.

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