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¿Aceptación o cambio?
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Autora:
Maria Pallarés |
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En
los últimos años la aceptación se ha convertido
en uno de los grandes remedios terapéuticos. ¿Cuántas
veces hemos oído la frase "acéptate tal y como
eres"? Desde distintos frentes recibimos mensajes sobre los
beneficios que podemos obtener de la aceptación y cómo
cultivarla: mímate, valora lo que tienes, quiérete sin
condiciones, sé benevolente contigo mismo, mírate al
espejo y convéncete de que eres la persona que siempre quisiste
ser... Todos estos eslóganes me parecen peligrosos por lo que
tienen de reaccionarios. Están en sintonía con los sofismas
descontextualizados de ciertas religiones orientales y corrientes
estoicas que proclaman la solución de los problemas mediante
su disolución. |
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La
aceptación acostumbra a ir acompañada de otros métodos
terapéuticos como la autoafirmación o el pensamiento
positivo; un arma de doble filo, que puede causar auténticos
estragos al hacernos minimizar los problemas reales a los que tenemos
que hacer frente. Utilizando las palabras de Bill O'hanlon (1): "El
pensamiento positivo es como coger un buen montón de estiércol,
cubrirlo con una capa de oro y decir que es oro. Puede tener buen
aspecto durante algún tiempo, pero si removemos el montón,
descubriremos que sigue habiendo estiércol bajo la capa exterior"
. |
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La
solución a nuestros problemas no pasa por autoengañarse,
resignarse, o comportarse imitando la estrategia del avestruz: enterrando
la cabeza bajo tierra. Está muy bien reconocer todo lo bueno
que hay en nosotros, pero si queremos cambiar creencias y comportamiento
ineficaces, tenemos que empezar a reconocer nuestras puntos débiles.
Recuerda la frase que dice: "céntrate en tus debilidades
que tus fortalezas ya se cuidarán por sí solas".
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Así,
en lugar de aceptarse a uno mismo sin reservas, es mucho más
eficaz tomar conciencia de las propias limitaciones y decidir qué
hacer con ellas. Son las estrategias de afrontamiento y no las
de evitación las que pueden ayudarnos a resolver nuestros problemas
y a alcanzar nuestros objetivos. Enfrentarse cara a cara a nuestras
debilidades exige tener la valentía necesaria para combatir
uno de los nuestros mayores miedos: el miedo al cambio. ¿Qué
pasará cuando descubramos que hay cosas en nosotros que no
nos gustan? ¿Podremos soportarnos si no nos aceptamos tal como
somos? ¿Cómo afectará eso a nuestra autoestima?
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Para
hallar respuestas a estas preguntas me parece oportuno reflexionar
sobre la autoestima, un concepto complejo cuyos componentes
cognitivos, evaluativos y emocionales han generado ríos de
tinta. N. Branden (2) define la autoestima como "la disposición
a considerarse a uno mismo como alguien competente para enfrentarse
a los desafíos básicos de la vida y ser merecedor de
felicidad". Esta competencia está estrechamente relacionada
con el concepto de autoeficacia. |
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La
autoeficacia, o la eficacia personal percibida, fue descrita
por Bandura (3) como la "creencia de la persona en su habilidad
para llevar a cabo o afrontar con éxito una tarea específica".
El éxito repetido en determinadas tareas aumenta la confianza,
la sensación de competencia personal y, por tanto, las evaluaciones
positivas de autoeficacia; en cambio, los fracasos repetidos las disminuyen.
La persona adquiere consciencia de su autoeficacia cuando se da cuenta
de que está logrando lo que se había propuesto, de que
está obteniendo resultados. |
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Según
Bandura, la autoeficacia determinará en qué tipo
de actividades se implica una persona, cuánto tiempo permanece
inmerso en su consecución y cuánta intensidad pone en
lo que trata de lograr. Las personas que se perciben como autoeficaces
activan el esfuerzo necesario para lograr sus objetivos, sienten que
tienen el control sobre los acontecimientos y que pueden cambiar aquello
que les produce malestar o insatisfacción. |
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Así,
el sentimiento de la propia eficacia tiene que ver con la acción,
tal y como apunta Jose Antonio Marina (4). Se trata de que la persona
se vaya convenciendo de que es capaz de enfrentarse a distintas
situaciones. Luego, como acompañamiento infalible, aparecerá
la autoestima, que es entonces la constatación de un hecho
y no una simple idea.
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Si
la autoestima depende de las expectativas de eficacia y desempeño
personal, y la autoeficacia se construye sobre las expectativas de
logro y los éxitos obtenidos, ¿cuál es la
manera de mejorar nuestra autoestima? ¿a través de la
aceptación? ¿o a través de la acción y
del cambio? ¿aceptando las cosas tal y como son o actuando
para conseguir resultados diferentes? |
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La
autoaceptación es necesaria para no estar enemistado permanentemente
con uno mismo, pero en lugar de concebirla como un recurso para legitimar
el statu quo, debemos entenderla como una palanca para emprender la
acción, si lo que queremos es cambiar nuestra situación
actual. En las áreas de nuestra vida en las que no obtenemos
los resultados que deseamos, o cambiamos de estrategia y empezamos
a pensar y a hacer cosas diferentes, o difícilmente conseguiremos
resultados diferentes a los que obtenemos en la actualidad.
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Afrontar
el cambio puede alterar temporalmente nuestro equilibrio y por eso
suele provocarnos angustia y malestar. Pero, quizá vale la
pena preguntarse: ¿qué nos va a producir más
sufrimiento, cambiar, o continuar en un estado de desasosiego permanente,
con la vana esperanza de que algún día suceda algo que
nos libere de esa pesada carga? |
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La
resistencia al cambio es un auténtico lastre para nuestro desarrollo
y evolución personal. No está escrito en ninguna
parte que estemos condenados a ser toda la vida la misma persona o
que tengamos que hacer siempre las mismas cosas y sentir siempre de
la misma manera. Tenemos derecho a cambiar nuestra manera de pensar
y de actuar hasta que consigamos lo que es verdaderamente importante
para nosotros. |
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El
cambio no está exento de riesgo, pero es un estímulo,
una oportunidad única que no podemos desaprovechar. Si nos
enfrentamos al cambio cara a cara a nuestro cambio, no al de
los demás, si revisamos nuestras maneras de hacer
y las substituimos por cursos de acción alternativos, más
eficaces; tendremos más posibilidades de conseguir los resultados
que deseamos. Y, a medida que vayamos consiguiendo resultados,
por pequeños que sean, aumentará nuestra sensación
de logro y de autoeficacia y se alimentará de nuevo el ciclo
de la autoestima. Retomando las palabras de Branden: "cuando
la autoestima es alta, los dispositivos de acción tienden a
moverse hacia delante más que a retroceder (...)" . |
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Referencias |
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(1)
Bill O'Hanlon. Pequeños grandes cambios. Diez maneras sencillas
de transformar tu vida. Editorial Paidós, Barcelona, 2003.
(2) Nathaniel Branden, La autoestima en el trabajo. Cómo
construyen empresas fuertes las personas que confían en sí
mismas. Paidós Plural, 1999.
(3) Bandura, A. (1977): "Self-efficacy: toward unifying theory
of behavior change", Psychological Review, 84, pp.191-
215.
(4) Nativel Preciado y José Antonio Marina. Hablemos de
la vida. Temas de hoy, Colección Tiempo de encuentro, Madrid,
2002. |
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