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Por
qué "trabajar duro" no es suficiente |
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Hace
poco una amiga me comentaba que las mujeres somos como
pequeñas hormiguitas. Me recordó aquél
dicho de que “trabajamos el doble de duro para ser
consideradas la mitad de buenas”.
A pesar de tener muchas pruebas en contra, aún
no hemos desterrado el mito de que para tener éxito
hay que trabajar duro. La lingüista Deborah Tannen
aporta datos en este sentido. En su libro Talking
from 9 to 5: Women and men in the workplace: language,
sex and power (1) explica que es mucho más
probable que las mujeres, y no los hombres, piensen que
sólo con trabajar mucho y hacer un buen trabajo
progresarán y alcanzarán el éxito.
Es
curioso cómo esta creencia todavía está
tan arraigada. Sabemos que la gente no es contratada y
promocionada sólo porque trabaje duro. La efectividad
tiene más valor que la cantidad de trabajo realizado
o el tiempo invertido. Ésta es una de las asignaturas
pendientes en nuestro país: trabajar mejor
en lugar de trabajar más. Algo que en determinados
contextos sociolaborales me temo que sólo se va
a conseguir imponiendo una estructura externa: unos horarios
laborales más racionales.
Mientras las mujeres estamos ocupadas
trabajando duro, los hombres piden las cosas
que quieren, negocian más y consiguen mejores resultados.
L. Babcock y S. Laschever (2) muestran, a partir de ejemplos
bien documentados, cómo los hombres adoptan un
enfoque más activo que las mujeres para conseguir
lo que quieren. ¿Cómo lo hacen? Pidiendo.
Las mujeres, en cambio, tienden a aceptar lo que se les
ofrece en lugar de pedir. Este comportamiento está
relacionado, según las autoras, con la percepción
que tienen las mujeres de que unas fuerzas externas controlan
sus vidas. Y es que las fuerzas sociales se han encargado
de hacer meticulosa y concienzudamente su trabajo.
A
las mujeres les cuesta más hacer públicos
sus logros. Confían en que a través de su
trabajo se ganarán el reconocimiento que se merecen
y que los demás serán justos con ellas.
La realidad, sin embargo, es desalentadora. Es ingenuo
esperar que los demás se den cuenta de lo buenas
que somos y nos recompensen por ello. Tenemos suficientes
pruebas –ya– para saber que no es así.
Para que reconozcan nuestros méritos, tenemos que
hacerlos visibles. De lo contrario podemos quedarnos arrinconadas
en una esquina de la oficina haciendo fotocopias eternamente.
Si
el reconocimiento que anhelamos no llega a través
del “trabajo duro” es hora de cambiar lo que
hacemos. Para empezar, propongo que nos despidamos de
la ética protestante del trabajo cuya sombra planea
constantemente sobre nuestras cabezas. Ya hace tiempo
que la “ética del trabajo duro” está
siendo reemplazada por la “ética social”
cuyos principios básicos son la creencia en el
grupo como fuente de creatividad y el sentido de pertenencia.
El trabajo duro –basado en el esfuerzo individual–
no es el modelo que mejor casa con esta ética social.
Sí lo es, en cambio, un trabajo de dentro hacia
fuera en el que dediquemos tiempo y energía a crear
redes, mantener contactos; y trabajar proactivamente para
hacer visibles nuestros méritos. Todo ello, sin
perder de vista la calidad.
En
este primer ejemplar de la nueva edición de Las
Horas os invito a reflexionar sobre la importancia de
construir relaciones y de ganar visibilidad por encima
del “trabajo duro”. Os animo, también,
a que me hagáis llegar vuestros comentarios para
que, entre tod@s, podamos continuar creciendo. |
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Maria
Pallarés
Coach Personal |
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Ellas
tienen la palabra |
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¿Sabe
tu jefe el fantástico trabajo que estás haciendo?
¿Sabrá alguien cuáles han sido tus
logros si tu supervisor abandona la empresa o es promocionado?
Si no has contestado que sí a estas preguntas, entonces
es que no estás haciendo un buen trabajo de marqueting
personal. |
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Lois
Frankel, coach ejecutiva y autora de varios bestsellers
revela, en su libro Nice Girls don’t get
the corner office (3), por qué algunas mujeres
ascienden en sus carreras y otras se estancan definitivamente.
En este trabajo divulgativo propone numerosos ejemplos
de cómo las mujeres nos hacemos autosabotaje inconscientemente,
perpetuando comportamientos que nos restan poder.
Algunos de estos comportamientos son: el exceso de modestia,
la tendencia a subestimar nuestras capacidades y a no
hacer públicos nuestros logros; la resistencia
a hablar en público; o el hábito de trabajar
demasiado duro, en lugar de construir relaciones y mantenerlas.
Esta autora hace especial hincapié en las dificultades
que las mujeres tienen para promocionarse, debido a la
educación que han recibido desde la infancia y
al peso de los estereotipos de género. Desde edades
muy tempranas a las chicas se les enseña que no
es femenino hablar públicamente de sus logros.
En cambio, a los chicos se les anima a que lo hagan con
orgullo. Depende de nosotras cuestionar estas creencias
caducas que no nos sirven para alcanzar los resultados
que deseamos.
Para combatir el autosabotaje y tener éxito en
el trabajo, Lois Frankel propone cambiar viejos comportamientos
y desarrollar nuevas habilidades. Aquí tienes algunos
de sus consejos:
En
lugar de trabajar duro, sin descansar, date un respiro
cada dos horas. La sensación de estar siempre desbordada
o corriendo no es indicativa de efectividad, sino todo
lo contrario.
Si
alguien te delega una tarea que no te corresponde, recuerda
que tienes derecho a decirle que no. Evita la tendencia
a querer resolver el problema por ellos. Es su problema,
no el tuyo.
En
lugar de ser la última en dejar la oficina, date
permiso para relacionarte más. Los expertos dicen
que deberíamos invertir el 5% de nuestro día
construyendo relaciones.
No esperes a que te den lo que te mereces, pídelo.
Si esperas pacientemente a ser reconocida no conseguirás
lo que deseas.
Considerar el trabajo como un mercado. En este mercado
el producto eres tú. Crea una marca personal identificado
qué te distingue de los demás y haz marqueting
personal de tus rasgos distintivos.
Da a tus logros la importancia que se merecen. No te quites
méritos. Hacer que las cosas parezcan fáciles
cuando han requerido un esfuerzo hercúleo no es
una buena estrategia de marqueting personal. Destierra
definitivamente la frase: “En realidad, no ha sido
nada…”
Cuando alguien te haga un cumplido, mira a la persona
a los ojos y responde simplemente con un “gracias”.
No empieces de nuevo a quitarte méritos o a restarle
importancia al comentario.
Haz una base de datos una colección de cumplidos
de los que te sientas orgullosa: notas de agradecimiento,
informes positivos... para echar mano de ellos en los
momentos bajos.
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Está
en tus manos... hacer una red de contactos |
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La
pregunta no es como decía Hamlet, ser o no ser,
sino “pertenecer o no pertenecer"
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Hannah
Arendt |
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Las
mujeres van al trabajo, hacen bien sus tareas y piensan
que eso es suficiente para evitar el descarrilamiento de
su carrera. Cuando los chicos se ponen a hablar de fútbol
en el pasillo o a la salida de la oficina, piensan, ¡oh,
qué pérdida de tiempo: siempre hablando de
fútbol, con la cantidad de trabajo que hay que hacer!.
Sin embargo, los chicos que se quedan hablando de fútbol
o que se van a jugar a golf los fines de semana con el jefe
están construyendo relaciones que después
trabajarán para ellos. Cuando surja alguna oportunidad
es probable que el jefe se la ofrezca a ellos. |
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¿Te
sientes identificada con este mini-relato? No todas las
mujeres piensan o actúan como en el ejemplo. Es
una generalización. Un recurso que hemos escogido
voluntariamente para reflexionar sobre la importancia
de construir y mantener relaciones. El éxito profesional
–entendido en sus diferentes manifestaciones–
no depende tanto de nuestros conocimientos o de lo duro
que trabajamos como de la forma de relacionarnos con los
demás y del lugar que ocupamos dentro de este conjunto
de relaciones. Tu trabajo incluye orientarte a las relaciones
o, utilizando el concepto de moda:hacer networking.
Networking (networ=red) significa construir una red de
contactos o personas que comparten intereses, inquietudes
y afinidades. En el ámbito laboral cada vez es
más frecuente asistir a “encuentros de networking”
para relacionarse con otros profesionales, compartir recursos
y experiencias, actualizar conocimientos, identificar
oportunidades y establecer posibles vías de colaboración.
A pesar de la importancia del networking, todavía
hay personas reacias a practicarlo debido al peso que
todavía tienen algunos prejuicios y falsas creencias.
A continuación recogemos algunos de los prejuicios
más comunes, según Andrés Pérez
(4), experto en desarrollo de marcas personales:
Networking
significa utilizar a las personas. Crear una red
de contactos no tiene nada que ver con aprovecharse o
utilizar a las personas. No hay que olvidar el espíritu
del networking es establecer relaciones duraderas y desarrollar
contactos sólidos.
Cuando
necesite algo, ya me buscaré la vida. Desgraciadamente,
necesitas la red antes de que eso ocurra. Crearla es un
proceso continuo, no un hecho concreto en el tiempo.
Networking
es conocer gente e intercambiar tarjetas. En parte
es así pero superficialmente. Las relaciones se
construyen mediante intercambios sinceros, genuinos y
de confianza.
Ya
he creado mi red. Ahora la tendré siempre que la
necesite. Las relaciones requieren cuidado y desarrollo.
Sin un mantenimiento continuo, las redes se debilitan
y mueren.
Es
embarazoso pedir ayuda. Piensa más bien en
lo contrario. Mucha gente disfruta ayudando, especialmente
cuando ven una posible reciprocidad en el futuro.
Cuando
haces bien tu trabajo, los contactos no son importantes.
¿Cuánta
gente sabe lo que haces? Si tienes amig@s que te ayuden,
tu visibilidad aumentará y podrás ser percibid@
de forma efectiva.
Es
imposible encontrar a la gente apropiada. Mediante
Internet y la participación activa en asociaciones
y eventos, con poco esfuerzo se puede llegar muy lejos.
Identificar
y cuestionar estas creencias y otras similares es el primer
paso para empezar a hacer networking. ¡Está
en tus manos ampliar tu red de contactos y conseguir una
mayor visibilidad!
En
el número del mes de mayo compartiremos más
recursos sobre marqueting personal y networking. Hasta
entonces, os invitamos a que vayáis practicando.
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Oportunidades
para pasar a la acción
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Referencias |
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(1) Tannen, Deborah. Talking from 9 to 5: Women and
men in the workplace: language, sex and power. Harper
Paperbacks; Reprint edition, September 1, 1995.
(2) Babcock, Linda; Laschever, Sara. Las mujeres no
se atreven a pedir. Saber negociar ya no es sólo
cosa de hombres. Editorial Amat, 2005.
(3) Frankel, Lois P. Nice girls don’t get the
corner office.101 unconscious mistakes women make that sabotage
their careers. Time Warner Book Group, Nueva York,
2004.
(4) Pérez, Andrés. El conocimiento ha
muerto, viva las redes sociales. Revista de la AEC
. http://www.consultoras.org/frontend/plantillaAEC/noticia.php?id_noticia=4262
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