|
2005 de mproactiva |
|
 |
|
Si no puedes leer este boletín, accede directamente a:
http://www.mproactiva.com/pages/las_horas7.htm
Para cualquier comentario o sugerencia, puedes enviarnos un
e-mail a: mproactiva@mproactiva.com
|
|
|
 |
|
En
la antigua Grecia el joven Demóstenes soñaba
con ser un gran orador, a pesar de ser tartamudo. Lo consiguió
gracias a su coraje, tenacidad y perseverancia. Aquí
tienes un fragmento del cuento El Joven de carácter
(1), en el que Tihamér Tóth relata la historia
del padre de la oratoria:
|
|
|
|
|
|
"Demóstenes
perdió de siete años a su padre; su tutor astuto
lo despojó de toda la fortuna. En una ocasión
el muchacho asistió a un juicio y oyó el discurso
del defensor; y cuando el pueblo acompañaba en triunfo
al orador, decidió dedicarse también a la oratoria.
Desde entonces no tuvo otro pensamiento, ni de día ni
de noche. Pero la tarea no era fácil. A su primer discurso
la multitud levantó tanto alboroto y escándalo,
que tuvo que interrumpirlo, sin poder llegar al final. Abatido
discurría por la ciudad, hasta que un anciano le infundió
ánimo, y le alentó a seguir ejercitándose.
Se aplicó entonces con más tenacidad a conseguir
el propósito concebido de antemano. Era blanco de mofas
continuas por parte de sus contrarios; pero él no se
preocupaba. |
|
|
|
|
|
|
|
De
vez en cuando se apartaba por completo de los hombres, y en
grutas subterráneas seguía perorando. Tartamudeaba
un poco al hablar; para remediar este defecto y para que su
lengua se moviera sin trabazón, poníale una piedrecita
debajo; íbase a la orilla del mar y gritaba con todas
sus fuerzas. Sus pulmones eran débiles; para robustecerlos
daba grandes paseos al aire libre y recitaba en voz alta discursos
y poesías... Siempre que oía una discusión
seria, se iba a su cuarto, pesaba una y otra vez los argumentos
de ambas partes, y procuraba fallar quién tenía
razón. Y ved ahí, que con esta formación
de sí mismo, que no conoció desalientos, poco
a poco corrigió sus defectos y llegó a ser orador
tan formidable, que sus discursos hoy todavía, después
de dos mil trescientos años, son el modelo en que deben
estudiar cuantos desean destacarse en el campo de la oratoria".
(1) |
|
|
|
|
 |
|
Sobre
el miedo al fracaso
|
|
En
el último número de las horas hicimos referencia
a la dilación o la tendencia a dejar las cosas
para el día siguiente. Este hábito se sustenta
en el convencimiento de que emprender la acción es
más doloroso que aplazar o posponer la tarea que tenemos
entre manos. Según dicen los psicólogos, en
la raíz de la dilación suele existir un temor
oculto, un conflicto o un bloqueo emocional, que cortocircuita
la acción. El miedo al éxito, el miedo al fracaso,
el miedo al cambio, el perfeccionismo, la impaciencia, la
baja tolerancia a la frustración o el sentimiento de
culpa son algunos de estos bloqueos emocionales.
|
|
|
|
En
este número os invitamos a reflexionar sobre uno de
estos bloqueos: el miedo al fracaso. Según el
diccionario de la Real Academia Española el fracaso
es "un suceso lastimoso, inopinado y funesto", "un
malogro o resultado adverso de una empresa o negocio".
En la cultura occidental el fracaso es visto como la cara
opuesta del éxito. El éxito es un "resultado
feliz", en cambio, el fracaso es el peor de nuestros
enemigos: produce vergüenza, desánimo y una pérdida
considerable de autoestima.
|
|
|
|
En realidad, es el miedo al fracaso y el dolor que asociamos
a ese fracaso lo que tememos, más que el fracaso
en sí mismo. Cuando asociamos dolor a iniciar una nueva
tarea estamos dirigiendo nuestra atención hacia las pérdidas
potenciales y las consecuencias negativas que nos puede ocasionar
el no obtener los resultados deseados. Ese dolor nos lleva a
inhibir la acción, a demorar tareas y a evitar correr
riesgos. Así es como boicoteamos y frustamos muchas de
nuestras iniciativas personales. |
|
|
|
Nuestro
temor a fracasar está estrechamente relacionado con la
percepción personal de la propia eficacia. No actuamos
porque no nos sentimos capaces todavía. Claro que la
capacidad no aparece de golpe, sino que es el resultado de un
proceso continuo de aprendizaje. Y las conductas de evitación
ni generan confianza ni favorecen el aprendizaje. Como dice
el refrán: "nadie nace enseñado". |
|
|
|
Si queremos adquirir la confianza necesaria para hacer frente
a una tarea específica, debemos pasar por una primera
fase de inseguridad, probar cosas, reconocer y analizar nuestros
errores y aplicar lo aprendido. En la vida no todo son victorias,
también hay que tomar decisiones y equivocarse, enfrentarse
a desafíos y no resolverlos... todo ello forma parte
del juego. Si nos limitamos a actuar sobre seguro y nos anclamos
en nuestra necesidad de certezas, nos estaremos perdiendo muchas
posibilidades. |
|
|
|
La
peor de las catástrofes, vista retrospectivamente, puede
aportarnos un valor inestimable. Como dice Antony Robbins (2):
"si pruebas algo y no te da resultado, pero de ello sacas
la enseñanza que te ayudará a ser más efectivo
en el futuro, entonces en realidad has triunfado". Cuán
acertado es aquel proverbio que dice: El éxito es
el resultado de un juicio certero. El juicio certero es el resultado
de la experiencia. La experiencia es a menudo el resultado de
un juicio erróneo. |
|
|
|
|
Está
en tus manos considerar el fracaso como un enemigo o liberarlo
de la connotación negativa que culturalmente se le atribuye,
y convertirlo en un aliado, en una parte integral del éxito.
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
 |
|
Sobre
el miedo al fracaso se ha escrito mucho, sobre todo en el campo
de la psicología. A continuación recogemos una
reflexión de El techo invisible (3), de Linda
Austin, en el que esta profesora de psiquiatría propone
tres pasos para superar el fracaso y aprender de esta experiencia.
|
|
|
|
Paso
I: Reagrupa tus tropas
|
|
|
|
|
|
|
"(...)
Tras un revés, lo primero que debes hacer para reagruparte
en varias instancias es restablecer tu autoestima. En realidad
es un proceso análogo al de un enfrentamiento bélico.
Algunas "tropas de tu ego" han caído bajo el
fuego enemigo y antes de que comience otra carga, las que han
quedado intactas deben reunirse y ayudar a los heridos. Si no
te tomas tiempo para reagruparlas, tu próximo intento
será débil y fragmentado". |
|
|
|
|
|
|
Paso
II: Revalorízate
|
|
|
|
|
|
|
"Si
reagruparse es un proceso emocional, revalorizarse lo es cognitivo
e intelectual. La revalorización es un análisis
estrictamente frío y cristalino, que tiene lugar después
de la violenta conmoción producida por el fracaso y del
lento proceso de reagrupamiento. En esta instancia analizas
lo que no ha funcionado, los puntos donde haber escogido otras
opciones el resultado hubiese sido distinto y las medidas que
tomarás para volver a la normalidad". |
|
|
|
|
|
|
Paso
III: Realiza un repliegue estratégico
|
|
|
|
|
|
"En
general, después de un revés, las personas de
alto nivel de realización no toman una dirección
totalmente nueva, ni repiten el mismo impulso hacia el objetivo
original, que se mantiene invariable. Más bien utilizan
el proceso de revalorización para redefinir su objetivo
y la forma en que abordarán su trabajo. Se apoyan en
los elementos que funcionaron bien y, a partir de ahí
construyen y se expanden sobre esa base fundamental. Abandonan
los aspectos de su trabajo que no funcionaron y realizan las
modificaciones drásticas precisamente en esas áreas". |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
 |
|
|
(1)
Tihamér Tóth, El Joven de carácter.
Sociedad de Educación Atenas, Madrid, 4a edición.
|
|
|
|
|
|
|
(2)
Antony Robbins, Mensaje a un amigo. Cómo hacerse cargo
de la propia existencia. 1997, Grijalbo, Mondadori, Barcelona. |
|
|
|
|
|
|
(3)
Linda Austin, El techo invisible. ¿Por qué
las mujeres ocupamos sólo el diez por ciento de cargos
directivos? Ediciones Urano, Barcelona, 2001. Si no conocéis
este libro, os recomendamos encarecidamente su lectura. En él
Linda Austin expone cómo el "techo de cristal"
los obstáculos exteriores a los que la mujer tiene
que seguir enfrentándose ha dejado de ser la barrera
más significativa que impide el despegue absoluto de
la mujer; el techo último está en ella misma.
Este libro recoge la voz de mujeres que, desde ámbitos
muy distintos, exponen los retos a los que han tenido que enfrentarse
para ir más allá de ese techo de cristal interno.
|
|
|
|
|