Especial nº 12 Julio de 2005  
2005 de Mproactiva 
Junto con Las Horas, Mproactiva distribuye una vez al mes un número especial en el que tratamos algún tema que consideramos puede ser del interés de nuestr@s lector@s.
En este número reflexionamos sobre el miedo a mostrarse.

El secreto de la intimidad emocional reside en conocernos y en permitir que el otro nos conozca. Mantener un vínculo profundo, sólido y significativo comporta abrirse al otro mediante actos, palabras y sentimientos. A veces, por culpa de nuestros miedos, construimos unas barreras infranqueables a nuestro alrededor y nos ocultamos bajo máscaras que nos impiden darnos a conocer y aprender del espejo del otro. No darnos la oportunidad de experimentar la intimidad tiene un coste muy elevado.

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Nuestra salud emocional está relacionada con la salud de nuestros límites. En el especial del mes de marzo escribía sobre los peligros de tener unos límites demasiado frágiles y quebradizos. Hoy voy a hablaros del extremo opuesto: los peligros de erigir unas barreras infranqueables a nuestro alrededor; y de cómo estos muros de hormigón pueden reducir nuestra capacidad para conectar con los demás.
Al igual que hay personas que por no defender sus límites se diluyen en el otro, hay quienes sienten la presión de la intimidad y están siempre alerta para evitar que amigos, vecinos, familiares, compañeros y compañeras, invadan su territorio. Cuando alguien está demasiado cerca se sienten amenazados, sus alarmas se disparan... y si la presión es demasiado intensa buscan posibles vías escapatorias.
Mantienen la distancia con los otros como medida de autoprotección; por temor a que éstos puedan absorberles, exigirles y pedirles más de lo que creen que pueden dar. Para preservar esa distancia se esconden detrás de máscaras y roles, y proyectan al mundo exterior una imagen muy concreta de sí mismos. No se atreven a mostrarse vulnerables, les cuesta compartir problemas emocionales; y, cuando las conversaciones se hacen demasiado personales, suelen cambiar rápidamente de tema.
Un día se muestren abiertos y accesibles y al día siguiente, si el otro se acerca "demasiado", aparecen fríos y distantes. Lo que parecía una puerta abierta se convierte en una réplica del muro de Cisjordania. ¿Cómo se explica este tira y afloja? Porque temen la intimidad emocional —las pérdidas que ésta puede ocasionarles— tanto como la desean. Quieren establecer vínculos pero temen ser rechazados por mostrarse tal como son; temen ser controlados si se muestran demasiado accesibles; temen perder su identidad, diluirse en los otros... Temen abrir la caja de Pandora y descubrir cosas que no conocían.
Mostrarse a los demás nos ayuda a conocernos mejor, pero ¿podemos aprender del espejo de los otros si no nos mostramos tal como somos? Aunque hay una amplia gama de cercanías y distancias aceptables, el secreto de la intimidad emocional reside en conocernos y en permitir que el otro nos conozca. Si nos ocultamos demasiado los vínculos desaparecen.
Las relaciones, de amistad o de pareja (*) sobreviven o fracasan según el nivel y la integridad del vínculo entre las dos partes. Mantener un vínculo profundo, sólido y significativo con otro ser humano implica correr riesgos: desmantelar límites innecesarios, abrirse al otro mediante actos, palabras, sentimientos; compartir temores, secretos, confidencias...
¡Ojo!, no se trata de salir corriendo a revelar tus secretos; tu vida no tiene que ser un libro abierto para todo el mundo. La incontinencia verbal es un mal hábito. La clave está en poder elegir con quién quieres compartir tus sentimientos y con quién no; que tu decisión no esté condicionada por tu incapacidad de mostrarte. Las fronteras saludables son lo suficientemente flexibles como para permitirnos decidir qué queremos dejar entrar y qué queremos dejar fuera.

El coste de no darse la oportunidad de experimentar la intimidad emocional es muy elevado. Puedes perderte la posibilidad de aprender a establecer límites con otras personas; de aprender a responder de manera satisfactoria a sus demandas; de experimentar la satisfacción de ser aceptado y amado por ser quien eres; de descubrir que puedes tolerar la intimidad sin perderte a ti mismo...

Sentirse rechazado es muy doloroso, pero aún es más doloroso perderse la oportunidad de mantener vínculos afectivos por no tener el valor de darse a conocer. Tus amigos, parejas y seres queridos están dispuestos a aceptarte con todas tus virtudes y tus defectos. Están ansiosos de celebrar con júbilo que te arriesgues a mostrarles día a día, paso a paso, ese ser maravilloso que se esconde bajo la armadura. Ese ser que siempre supieron que estaba ahí y que ahora tú les muestras en todo su esplendor.
Empezar a "desnudarse" es un viaje apasionante.

Un fuerte abrazo,

Maria Pallarés
Coach Personal

Referencias
(*) Para l@s que estéis interesados en profundizar en este tema desde la perspectiva de la relación de pareja, podéis leer: S. Carter y J. Sokol: Del amor al compromiso. Para alcanzar una relación de pareja estable. Editorial Urano, Barcelona, 2000.

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