Especial nº 8 Febrero de 2005  
2005 de Mproactiva 
Junto con Las Horas, Mproactiva distribuye una vez al mes un número especial en el que tratamos algún tema que consideramos puede ser del interés de nuestr@s lector@s.
En este número reflexionamos sobre la congruencia.

En geometría dos figuras son congruentes si al superponerse coinciden todos sus puntos. Si definimos la congruencia del ser humano como la correspondencia entre pensamientos, palabras y acciones, y nos imaginamos que cada uno de estos elementos es un círculo, ¿qué pasaría? ¿se solaparían los círculos? ¿estarían próximos o alejados? Cuanto más alejados se hallen entre sí, mayor será la incongruencia entre las partes del sistema. Si no queremos que la incongruencia nos robe energía debemos comprometernos activamente para obrar de forma alineada con nuestros principios y valores.

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Somos lo que hacemos día a día.
De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito.
Aristóteles
 
En geometría dos figuras son congruentes si al superponerse coinciden todos sus puntos. Para que dos triángulos sean congruentes sus lados y sus ángulos deben ser iguales. Asimismo, para que dos círculos sean congruentes debe ser concéntricos. ¿Podemos aplicar este principio para medir nuestro grado o nivel de congruencia? Veamos primero algunas posbiles definiciones de congruencia.
Hay quien define la congruencia como "la concordancia entre las palabras y el comportamiento". Soy congruente si mantengo mi palabra y cumplo mis compromisos, si predico con el ejemplo. En cambio, me comporto de forma incongruente si me comprometo a hacer algo y no lo hago; si pido un feedback sincero y castigo a mis empleados cuando su opinión no coincide con la mía; si me siento indignada cuando los demás no cumplen sus compromisos conmigo pero yo incumplo los míos, etc.
También se puede definir la congruencia como "la concordancia entre convicciones, pensamientos, palabras y acciones". Entendida así, la congruencia no significa únicamente cumplir lo que digo a los demás, sino cumplir lo que me digo a mí misma que voy a hacer porque es importante para mí. Ser congruente es, entonces, obrar de forma alineada con mis principios y valores.
Si me digo que la familia es lo más importante para mí y me quedo trabajando en el despacho hasta las tantas; si me preocupa mi salud pero maltrato mi cuerpo descuidando mi alimentación; o si quiero estar en forma pero no hago nunca deporte... me estoy comportando de forma incongruente. Esta forma de obrar me ocasiona malestar, me hace desperdiciar mucha energía y debilita mi autoestima. Cuando actúo en contra de mis valores me estoy traicionando a mí misma.
Aún podemos establecer otra distinción de más alto nivel: que la imagen que proyectamos a los demás coincida con lo que pensamos acerca de nosotros mismos y con quienes somos realmente. En este caso, la congruencia está relacionada estrechamente con la autenticidad. Cuando no disociamos entre nuestro pensar, nuestro sentir y nuestro actuar podemos mostrarnos tal y como somos, genuinamente, en lugar de escondernos detrás de fachadas o roles. Las personas congruentes generan fácilmente confianza porque son percibidas como auténticas y honestas.
Imagina ahora que tienes tres círculos: el círculo de los pensamientos (Pe), el círculo de las palabras (Pa) y el círculo de las acciones (Ac) y trata de superponerlos. ¿Coinciden sus contornos? ¿Están próximos o alejados? ¿Qué parte de sus áreas se solapa? Cuanto más alejados se hallen, mayor será la incongruencia entre las partes del sistema. ¿Pueden llegar a ser círculos concéntricos?
Este verano mantuve una entretenida conversación con un amigo sobre el ser o no ser de la congruencia mientras tomábamos un café en la terraza de un bar. "Se es congruente o no se es" —me decía él con convicción. "Si no eres 100% congruente, no eres congruente". Yo compartía la esencia de su argumento, pero no la forma. Es cierto que si no eres congruente en alguna área dejas de ser congruente por definición pero me temo que, entendida de esta forma, la congruencia se puede convertir en un objetivo demasiado difícil de alcanzar. Que los tres círculos se solapen completamente —en todas las áreas, las etapas y los momentos de nuestra vida— es lo desable, pero no siempre es fácil de conseguir; entre otras cosas porque somos seres humanos, falibles e imperfectos.

La congruencia no es algo tangible y estable, existe en un continuum. Es un estado no-permanente y por eso tenemos que cuidarla y mimarla constantemente, para que su luz no se apague. Coincido, desde luego, con mi amigo en la importancia de comprometerse activamente para vivir con la máxima congruencia. Si queremos que todas las partes de nuestro sistema estén alineadas debemos esforzarnos día a día, con tesón y perseverancia, para pasar cada vez más tiempo en ese estado.

Cuanto mayor sea nuestro compromiso, más posibilidades tendremos de convertir la congruencia en un hábito y menos tiempo pasaremos en las tinieblas. Así que lo mejor es que nos pongamos manos a la obra cuanto antes. Como dijo Marco Aurelio, emperador y filósofo romano: Deja de hablar acerca de cómo debe ser la persona buena y sencillamente sé esa persona.
Un cordial saludo,

Maria Pallarés
Coach Personal


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