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Un
hombre joven aprende qué es lo más importante en la
vida de un antiguo vecino. Había pasado bastante tiempo desde
que Jack vio al anciano por última vez. La escuela, las chicas,
la carrera y la vida misma se interpusieron en el camino. De hecho,
Jack se había desplazado, a lo largo del país, persiguiendo
sus sueños. Allí, en el ajetreo de su ocupada vida,
tenía poco tiempo para pensar en el pasado y a menudo ni
tan siquiera para pasarlo con su mujer y su hijo. Estaba trabajando
en su futuro y nada podía detenerlo.
Su madre le dijo al teléfono: "El señor Belser
murió ayer por la noche. El funeral es el miércoles"
Los recuerdos relampaguearon en su mente como un viejo nodo mientras
tomaba asiento, en silencio, recordando sus días de infancia.
"Jack, ¿me has oído?"
"Oh, perdona, mamá. Sí, te he oído. Hace
mucho que no pensaba en él. Lo siento, pero sinceramente,
pensaba que había muerto hace algunos años,"
dijo Jack.
"Bueno, él no te olvidó. Cada vez que le veía
me preguntaba cómo te iban las cosas. Él había
recordado viejas historias de los días que pasabas en 'su
lado de la valla' como decía" le dijo su madre.
"Me encantaba la vieja casa en la que vivía" dijo
Jack.
"Ya sabes, Jack, que después de que tu padre muriese,
el señor Belser intervino para asegurarse de que tuvieses
la influencia de un hombre en tu vida" le dijo.
"Él fue quién me enseñó carpintería,
no estaría en este negocio de no haber sido por él.
Pasó mucho tiempo enseñándome cosas que pensaba
que eran importantes". Mamá, estaré ahí
para el funeral dijo Jack.
A pesar de lo ocupado que estaba, mantuvo su palabra. Jack cogió
el próximo vuelo para su pueblo natal. El funeral del señor
Belser fue pequeño y tranquilo. No tenía hijos propios
y la mayoría de sus parientes habían fallecido.
La
noche antes de volver a casa Jack y su madre se detuvieron para
ver la vieja casa del vecino, una vez más.
De
pie, en la entrada, Jack se detuvo por un momento. Fue como cruzar
a otra dimensión, un salto a través del espacio y
el tiempo. La casa estaba exactamente tal y como la recordaba. Cada
paso le traía recuerdos. Cada cuadro, cada mueble... Jack
se paró de repente.
"¿Qué
ocurre, Jack?"le preguntó su madre.
"La
caja no está" dijo él.
"¿Qué caja?" preguntó su madre.
"Había una pequeña caja de oro que tenía
cerrada con llave, encima de su escritorio. Le debí preguntar
miles de veces qué había allí dentro. Lo único
que me dijo fue: 'La cosa que más valoro"dijo
Jack.
Había desaparecido. Todo en la casa estaba exactamente tal
y como Jack lo recordaba excepto la caja. Jack imaginó que
alguien de la familia de Belser se la había llevado.
"Ahora nunca sabré qué era tan valioso para él"
dijo Jack, "Es mejor que me vaya a dormir. Mi vuelo para
volver a casa sale temprano, mamá".
Habían pasado un par de semanas desde que el señor
Belser muriera. Un día, cuando Jack volvía a casa
del trabajo encontró una nota en su buzón. "Se
precisa firma en el paquete. Nadie en casa. Por favor, acuda a la
oficina de correos principal en los tres próximos días"
decía la nota.
Al día siguiente Jack fue a buscar el paquete a primera hora.
El paquete era viejo y parecía como si hubiese sido enviado
hacía cien años. La letra era difícil de leer,
pero la dirección del remitente llamó su atención.
"Señor Harold Belser" decía.
Jack sacó el paquete de su coche y lo abrió rompiéndolo.
En su interior estaba la caja de oro y un sobre. Las manos de Jack
temblaban mientras leía la nota que contenía.
"Después de mi muerte, por favor, enviar esta caja y
su contenido a Jack Bennett. Es la cosa que más valoro en
mi vida". Había una pequeña llave pegada a la
carta. Su corazón estaba acelerado y sus ojos se inundaron
de lágrimas. Jack abrió cuidadosamente la caja. En
su interior encontró un bonito reloj de bolsillo de oro.
Pasando sus dedos lentamente por encima de la cubierta lindamente
grabada, levantó la tapa. En su interior encontró
grabadas estas palabras: "Jack, ¡Gracias por tu tiempo!
- Harold Belser."
"Lo
que más valoraba
era
mi tiempo."
Jack sostuvo en sus manos el reloj durante unos minutos, llamó
a su oficina y anuló sus compromisos para los dos próximos
días. ¿Por qué? Preguntó Janet, su ayudante.
"Necesito tiempo para pasarlo con mi hijo" dijo. "¡Ah,
Janet, por cierto, gracias por tu tiempo!".
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