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"La importancia del tiempo"

Autor: Bob Perks (www.bobperks.com)

Un hombre joven aprende qué es lo más importante en la vida de un antiguo vecino. Había pasado bastante tiempo desde que Jack vio al anciano por última vez. La escuela, las chicas, la carrera y la vida misma se interpusieron en el camino. De hecho, Jack se había desplazado, a lo largo del país, persiguiendo sus sueños. Allí, en el ajetreo de su ocupada vida, tenía poco tiempo para pensar en el pasado y a menudo ni tan siquiera para pasarlo con su mujer y su hijo. Estaba trabajando en su futuro y nada podía detenerlo.

Su madre le dijo al teléfono: "El señor Belser murió ayer por la noche. El funeral es el miércoles"

Los recuerdos relampaguearon en su mente como un viejo nodo mientras tomaba asiento, en silencio, recordando sus días de infancia.

"Jack, ¿me has oído?"

"Oh, perdona, mamá. Sí, te he oído. Hace mucho que no pensaba en él. Lo siento, pero sinceramente, pensaba que había muerto hace algunos años," dijo Jack.

"Bueno, él no te olvidó. Cada vez que le veía me preguntaba cómo te iban las cosas. Él había recordado viejas historias de los días que pasabas en 'su lado de la valla' como decía" le dijo su madre.

"Me encantaba la vieja casa en la que vivía" —dijo Jack.

"Ya sabes, Jack, que después de que tu padre muriese, el señor Belser intervino para asegurarse de que tuvieses la influencia de un hombre en tu vida" —le dijo.

"Él fue quién me enseñó carpintería, no estaría en este negocio de no haber sido por él. Pasó mucho tiempo enseñándome cosas que pensaba que eran importantes". Mamá, estaré ahí para el funeral— dijo Jack.

A pesar de lo ocupado que estaba, mantuvo su palabra. Jack cogió el próximo vuelo para su pueblo natal. El funeral del señor Belser fue pequeño y tranquilo. No tenía hijos propios y la mayoría de sus parientes habían fallecido.

La noche antes de volver a casa Jack y su madre se detuvieron para ver la vieja casa del vecino, una vez más.

De pie, en la entrada, Jack se detuvo por un momento. Fue como cruzar a otra dimensión, un salto a través del espacio y el tiempo. La casa estaba exactamente tal y como la recordaba. Cada paso le traía recuerdos. Cada cuadro, cada mueble... Jack se paró de repente.

"
¿Qué ocurre, Jack?"—le preguntó su madre.

"
La caja no está" —dijo él.

"¿Qué caja?" —preguntó su madre.

"Había una pequeña caja de oro que tenía cerrada con llave, encima de su escritorio. Le debí preguntar miles de veces qué había allí dentro. Lo único que me dijo fue: 'La cosa que más valoro"—dijo Jack.

Había desaparecido. Todo en la casa estaba exactamente tal y como Jack lo recordaba excepto la caja. Jack imaginó que alguien de la familia de Belser se la había llevado.

"Ahora nunca sabré qué era tan valioso para él" —dijo Jack, "Es mejor que me vaya a dormir. Mi vuelo para volver a casa sale temprano, mamá".

Habían pasado un par de semanas desde que el señor Belser muriera. Un día, cuando Jack volvía a casa del trabajo encontró una nota en su buzón. "Se precisa firma en el paquete. Nadie en casa. Por favor, acuda a la oficina de correos principal en los tres próximos días" decía la nota.

Al día siguiente Jack fue a buscar el paquete a primera hora. El paquete era viejo y parecía como si hubiese sido enviado hacía cien años. La letra era difícil de leer, pero la dirección del remitente llamó su atención. "Señor Harold Belser" decía.

Jack sacó el paquete de su coche y lo abrió rompiéndolo. En su interior estaba la caja de oro y un sobre. Las manos de Jack temblaban mientras leía la nota que contenía.

"Después de mi muerte, por favor, enviar esta caja y su contenido a Jack Bennett. Es la cosa que más valoro en mi vida". Había una pequeña llave pegada a la carta. Su corazón estaba acelerado y sus ojos se inundaron de lágrimas. Jack abrió cuidadosamente la caja. En su interior encontró un bonito reloj de bolsillo de oro.

Pasando sus dedos lentamente por encima de la cubierta lindamente grabada, levantó la tapa. En su interior encontró grabadas estas palabras: "Jack, ¡Gracias por tu tiempo! - Harold Belser."

"Lo que más valoraba… era… mi tiempo."

Jack sostuvo en sus manos el reloj durante unos minutos, llamó a su oficina y anuló sus compromisos para los dos próximos días. ¿Por qué? Preguntó Janet, su ayudante. "Necesito tiempo para pasarlo con mi hijo" dijo. "¡Ah, Janet, por cierto, gracias por tu tiempo!".

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