Especial nº 9 Marzo de 2005  
2005 de Mproactiva 
Junto con Las Horas, Mproactiva distribuye una vez al mes un número especial en el que tratamos algún tema que consideramos puede ser del interés de nuestr@s lector@s.
En este número reflexionamos sobre la importancia de Establecer límites.

Los límites son necesarios para construir relaciones sanas, para preservar nuestra individualidad y nuestra singularidad. Sin embargo, a menudo éstos son violados por familiares, amistades y compañeros. Por miedo a no ser queridas, las mujeres tenemos más dificultades para identificar cuáles son nuestros límites y para defenderlos de forma asertiva. Aprender a establecer fronteras es un paso necesario para convertirte en tu mejor amiga. Si tú no te proteges, ¿quién lo va a hacer por ti?

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Los buenos vallados hacen buenos vecinos
Robert Frost (*)
 
Uno de los temas que surgen con más frecuencia en los procesos de coaching es la dificultad que tenemos para establecer límites personales; para trazar una frontera entre nosotras y los demás. Por miedo a no ser queridas y a no gustar, a las mujeres nos cuesta más defender nuestro territorio y nuestras necesidades. Estamos dispuestas a ceder y a consentir para evitar el conflicto y el enfrentamiento. De ahí que hagamos favores que en realidad no queremos hacer y que dejemos que los demás invadan nuestro espacio personal, nuestro tiempo y nuestra privacidad.
Nuestra necesidad de aprobación es tal que muchas veces estamos dispuestas a sabotearnos y a traicionarnos a nosotras mismas para evitar caer antipáticas o parecer desagradables. El precio que pagamos por ello es muy alto. Tolerar que trasgredan constantemente nuestros límites nos desgasta, nos provoca frustración y nos hace perder energía que necesitamos para otros menesteres.
Los límites son fronteras que no queremos dejar que los demás crucen. Actúan como filtros que dejan pasar lo que consideramos aceptable y que nos protegen de aquello que no estamos dispuestas a tolerar. Cada persona tiene sus propios límites. Sus formas y tamaños son variables. Algunos límites son como muros de hormigón: infranqueables. Otros son tenues, ligeros e incluso transparentes.
¿Dónde están tus límites? ¿Lo sabes? ¿Qué haces si alguien te hace un comentario grosero o una pregunta indiscreta? ¿Sabes defenderte de la desconsideración y de la manipulación de los demás? ¿Te sientes obligada a responder cualquier pregunta que te hacen aunque no te apetezca contestar? ¿Cómo te sientes si notas que alguien no está respetando tus límites? ¿Qué haces para impedirlo?
Imagina que tienes una amiga que empieza a llamarte por teléfono con frecuencia, primero una vez al día, luego dos, tres... hasta que acaba llamándote cuatro veces en un solo día. Le haces saber que tienes mucho trabajo, pero eso no parece ser un obstáculo para ella; la persistencia es una de sus grandes virtudes. ¿Cómo decirle que respete tus límites sin que se ofenda? Imagina que mantienes una conversación con un profesional de tu sector que te acaban de presentar en una comida. Al cabo de diez minutos, empieza a hacerte preguntas indiscretas sobre tu vida privada ¿Te sientes obligada a contestar? Imagina que le explicas un problema a un amigo. Éste se ofrece amablemente a ayudarte, y empieza a tomar decisiones por ti hasta que un día te das cuenta de que se ha metido en tu vida, en tu casa... y que te está arreglando los armarios de tu habitación. ¿Qué hacer en estos casos?
Para empezar, has de tener claro cuáles son tus límites: hasta dónde estás dispuesta a dejar que lleguen los demás. ¿Cómo quieres que te hablen y que te traten? ¿Qué comportamientos consideras aceptables y cuáles no? ¿Dónde está la línea que no quieres que traspasen? Si alguien te hace una pregunta personal o indiscreta que consideras inadecuada, no tienes por qué responderla. Puedes elegir en cada momento qué pensamientos y sentimientos quieres compartir y con quién. No tienes por qué sufrir las consecuencias de la desconsideración o de la falta de sensibilidad de los demás.
Si alguien trasgrede tus límites tienes derecho a decírselo claramente. Si no lo haces es posible que pagues un precio demasiado elevado. Le estarás comunicando al "intruso" que su comportamiento es aceptable y, entonces, es probable que sea reincidente. Aprender a establecer fronteras es un paso necesario para convertirte en tu mejor amiga. Si tú no te proteges, ¿quién va a hacerlo por ti?

Cuando defiendes esos límites de forma asertiva, con firmeza y amabilidad, les comunicas a los demás cómo quieres que te traten. La mayoría de las personas los respetará, aunque siempre hay excepciones. Como dice Anne Katherine (*) "algunas personas son como la hiedra: intentan constantemente pasar por encima o a través de nuestras fronteras". En estos casos es preciso estar muy alerta y protegerlos de forma activa para que no sean violados. Tu bienestar emocional depende de ello.

Saber establecer límites es básico para construir relaciones sanas y satisfactorias. La dependencia emocional tiene sus raíces en el hábito de quebrantar límites. Cuando dejo que el otro trasgreda mis límites, estoy dispuesta a que mi individualidad se diluya. En las relaciones de pareja cuyos cimientos se han construido sobre este hábito es posible que una de las partes esté dispuesta a renunciar a sus propias opiniones y preferencias voluntariamente para adoptar los puntos de vista del otro. ¿Por qué suelen ser las mujeres las que están dispuestas a sacrificar su propia individualidad por el supuesto bien de la pareja? Sobre este punto hablaré en el próximo especial.
De momento, te dejo con las palabras de Anne Katherine, extraídas de su libro, Límites (*), un trabajo publicado en 1991 que Ediciones Obelisco ha tenido el acierto de rescatar:
Los buenos límites nos permiten definirnos a nosotros mismos. Fomentan nuestra salud física y emocional y promueven la recuperación. Los buenos límites producen relaciones sanas.
La verdadera intimidad es posible sólo entre dos personas enteras y diferenciadas que tengan ambas buenos límites. La dependencia se percibe como intimidad pero no lo es.
¿Cómo puedes tener intimidad con una persona que se mezcla en ti? La intimidad crece a medida que el otro te va conociendo igual que tú vas conociéndole a él. Si la individualidad de la otra persona cambia y desaparece, ¿cómo podrás llegar a conocerla? Si tienes una conciencia temblorosa de ti mismo, ¿cómo podrán conocerte los demás?
A medida que tus límites se definan, recogerás riquezas. Si sabes lo que quieres, podrás conseguirlo. Si te conoces a ti mismo, podrás implicarte en lo que es importante para ti. Los amigos que respeten tus límites serán las amistades que se fortalecerán. La verdadera intimidad con una persona especial se volverá posible.

Un saludo afectuoso,

Maria Pallarés
Coach Personal

Referencias
(1) Anne Katherine, Límites. Donde tú terminas, yo empiezo. Ediciones Obelisco. Barcelona, 2005

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