Especial nº 11 Mayo de 2005  
2005 de Mproactiva 
Junto con Las Horas, Mproactiva distribuye una vez al mes un número especial en el que tratamos algún tema que consideramos puede ser del interés de nuestr@s lector@s.
Éste es un especial sobre El error del inversionista.

A menudo, cuando hemos realizado un sacrificio de dinero, tiempo o esfuerzo por hacer algo, tendemos a continuar haciéndolo, a pesar de que ello pueda suponer más pérdidas que ganancias. ¿Por qué? Porque ponemos la atención en el coste la inversión realizada y eso nos impide decidir racionalmente. José Antonio Marina define este tipo de comportamiento como el error del inversionista. En este especial repasamos algunas de las disonancias cognitivas relacionadas con la toma de decisiones.

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"Has apostado por un proyecto que te entusiasmaba. Creías en él, soñabas con él. Pasado un tiempo, descubres que tu fe se ha esfumado: ni te apasiona como al inicio ni obtienes los resultados que esperabas. Para colmo, tus valores se han recolocado en el panteón. El que ayer estaba en primer lugar, ha descendido posiciones. Otros valores ocupan ahora el primer puesto y reclaman insistentemente tu atención. Te enfrentas a un posible dilema: ¿continúo con el proyecto? ¿abandono? Difícil decisión. ¡Le he dedicado tanto esfuerzo...! ¿cómo voy a abandonar ahora? No puedo dejarlo, la inversión ha sido enorme. Quizás no estoy consiguiendo lo que esperaba, pero tiene sus cosas buenas... Continuaré: tengo que amortizar el esfuerzo y el tiempo invertido."
¿Os resulta familiar este tipo de razonamiento? En este fragmento se describe una de las numerosas trampas cognitivas a las que estamos expuestos. Se trata de una tipo de comportamiento poco racional que José Antonio Marina (1) define como el error del inversionista y que en la teoría sobre la toma de decisiones se conoce como la trampa de los sunk costs (2). ¿En qué consiste esta trampa? En que, a menudo, cuando hemos realizado un sacrificio de dinero, tiempo o esfuerzo por hacer algo, tendemos a continuar haciéndolo, a pesar de que ello nos acarree más pérdidas que ganancias.
Supón que vas al cine y a los diez minutos te das cuenta de que la peli es malísima. Te estás aburriendo soberanamente, pero en lugar de marcharte, aguantas hasta el final. ¿Por qué? Porque, condicionado por el dinero que has pagado por la entrada, te parece más razonable quedarte. Este tipo de comportamiento explica, por ejemplo, la persistencia de muchas relaciones de pareja.
El error del inversionista es una de las múltiples modalidades de lo que en psicología se conoce como disonancia cognitiva. La teoría de la disonancia cognitiva fue desarrollada por Leon Festinger en los años cincuenta. Festinger (3) sostiene que siempre que tenemos dos ideas, actitudes u opiniones que se contradicen, estamos en un estado de disonancia cognitiva, de incompatibilidad o desacuerdo. Esto hace que nos sintamos incómodos y que tratemos de hacer algo para disminuir la discordancia.
Las formas más habituales de reducir la disonancia son las siguientes: (a) podemos cambiar nuestro comportamiento; o (b) podemos justificar nuestro comportamiento cambiando o alterando nuestros pensamientos y sentimientos iniciales. ¿Te acuerdas de la zorra de Esopo que no podía alcanzar las uvas? Como no llegaba a cogerlas decidió que no las quería porque estaban verdes.
Al igual que la zorra de la fábula, si una persona actúa de manera incompatible con sus actitudes, es posible que modifique su pensamiento de modo que éste concuerde con sus acciones. Así, en lugar de aceptar la realidad o de plantearse que tal vez se haya equivocado, tratará de convencerse a toda costa de que la alternativa escogida es la más deseable y hará aceptable, a posteriori, lo que inicialmente podría parecer contradictorio o irracional.
Esta forma de proceder responde, según los psicólogos que han propuesto ésta y otras teorías, a la necesidad que tiene el ser humano de mostrarse coherente y de racionalizar su conducta. También puede servir como un mecanismo de defensa del auconcepto, porque contribuye a reducir cualquier contradicción que ponga en peligro la imagen que una persona se construye acerca de sí misma.
Cada vez que alguien tiene que elegir entre dos o más alternativas, lo normal es que experimente disonancia en mayor o menor grado. Retomemos el ejemplo de la introducción. ¿Qué es lo apropiado? ¿persistir o abandonar el proyecto? A veces la postura más inteligente es perseverar. Otras, sin embargo, es mejor desistir. ¿Cómo saber qué camino debemos tomar en cada momento?
Desarrollar los pormenores de la teoría y los métodos de toma de decisiones sobrepasa el propósito de este especial. Déjenme sólo recordarles uno de los principios básicos de la teoría estándar de la decisión: "para decidir racionalmente, un sujeto debería valorar las alternativas de elección considerando únicamente las consecuencias futuras que implicaría elegir una u otra alternativa". (4)

De acuerdo con esta teoría, la decisión de continuar o no con el proyecto debería apoyarse en un análisis de los costes y los beneficios futuros de las distintas alternativas. Ahora bien, para poder llegar a este estadio, el primer escollo que salvar es dejar de aferrarse a la inversión realizada. De no ser así, la ceguera nos hará eludir o minimizar el resto de factores a tener en cuenta.

Si apuestas por continuar con tu proyecto para amortizar la inversión, quizá consigas reducir la tensión interna pero, ¿ese equilibrio tiene garantías de permanencia? La tozudez del inversionista, la trampa de los sunk costs y otras muchas submodalidades de disonancias cognitivas son peligrosas ratoneras. Cuando caemos en estas trampas podemos acabar convirtiéndonos en esclavos de lo que ya hemos hecho; y dejar escapar muchas oportunidades.
En lugar de obstinarse en negar la evidencia y continuar anclado en las consecuencias de decisiones pasadas, sin duda, vale la pena detenerse, analizar los pros y los contras de las distintas opciones y valorar la posibilidad de emprender un curso de acción alternativo. Admitir los errores crea disonancia, pero es una buena manera de aprovecharnos de ellos y acumular aprendizajes de cara al futuro.
Seguimos con más reflexiones en el próximo especial.

Maria Pallarés
Coach Personal

Notas y Referencias
(1) José Antonio Marina. La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez. Editorial Anagrama, Barcelona, 2005
(2) Sun cost: coste a fondo perdido. Se refiere a los costes ya pagados y no recuperables que no deberían tomarse en consideración cuando, en un dilema decisional, evaluamos dos opciones. Condicionados por el coste a fondo perdido, muchas veces renunciamos a la alternativa que realmente deseamos. Véase Rino Rumiati. Decidirse: ¿cómo escoger la opción correcta? Riesgo, prudencia o rapidez. Editorial Paidós.
(3) Festinger, L. (1957). A theory of cognitive dissonance. Evanston, IL: Row and Peterson.
(4) Rino Rumiati. Decidirse: ¿cómo escoger la opción correcta? Riesgo, prudencia o rapidez. Editorial Paidós. Barcelona, 2001.

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