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Sabiduría
Menuda, enjuta, afable y señorial, esta leyenda viva de la
ciencia del siglo XX me privilegia con media hora de su sabiduría.
Me impresiona su energía, la viveza de su discurso, su celeridad
en las respuestas. Lamenta que la vista le falle para leer, pero
se alegra de que el resto le funcione la mar de bien, lo que atribuye
al buen estado de sus circuitos neuronales. “Duermo sólo
cinco horas, y el resto de la noche lo aprovecho para pensar…”,
me explica. Ha venido invitada por la Mútua Sabadellenca
y ha hablado en la residencia Qualia de su experiencia como mujer
de edad. Después de la charla espera a que Jordi Clos –estamos
en su hotel- le enseñe piezas de arte egipcio… ¡Su
curiosidad no descansa! Ahora su pasión es ayudar a niñas
africanas con su fundación
—¿Cómo
celebrará sus 100 años?
—Ah, no sé si viviré, y además no me
placen las celebraciones. ¡Lo que me interesa y me da placer
es lo que hago cada día!
—¿Y qué hace?
—Trabajo para becar a niñas africanas para que estudien
y prosperen ellas y sus países. Y sigo investigando, sigo
pensando…
—No se jubila.
—¡Jamás! ¡La jubiliación está
destruyendo cerebros! Mucha gente se jubila, y se abandona…
Y eso mata su cerebro. Y enferma.
—¿Y cómo anda su cerebro?
—¡Igual que a mis 20 años! No noto diferencia
en ilusiones ni en capacidad. Mañana vuelvo a un congreso
médico…
—Pero algún límite genético habrá…
—No. Mi cerebro pronto tendrá un siglo…, pero
no conoce la senilidad. El cuerpo se me arruga, es inevitable, ¡pero
no el cerebro!
—¿Cómo lo hace?
—Gozamos de gran plasticidad neuronal: aunque mueran neuronas,
las restantes se reorganizan para mantener las mismas funciones,
¡pero para ello conviene estimularlas!
—Ayúdeme a hacerlo.
—Mantén tu cerebro ilusionado, activo, hazlo funcionar,
y nunca se degenerará.
—¿Y viviré más años?
—Vivirá mejor los años que viva, que eso es
lo interesante. La clave es mantener curiosidades, empeños,
tener pasiones…
—La suya fue la investigación científica…
—Sí, y sigue siéndolo.
—Descubrió cómo crecen y se renuevan
las células del sistema nervioso…
—Sí, en 1942: lo llamé nerve growth factor (NGF,
factor de crecimiento nervioso), y durante casi medio siglo estuvo
en entredicho, ¡hasta que se reconoció su validez y
en 1986 me dieron por ello el premio Nobel!
—¿Cómo fue que una chica italiana de
los años veinte se convirtió en neurocientífica?
—Desde niña tuve el empeño de estudiar. Mi padre
quería casarme bien, que fuese buena esposa, buena madre…
Y yo me negué. Me planté y le confesé que quería
estudiar…
—Qué disgusto para papá, ¿no?
—Sí. Pero es que yo no tenía una infancia feliz:
me sentía patito feo, tonta y poca cosa… Mis hermanos
mayores eran muy brillantes, y yo me sentía tan inferior…
—Veo que convirtió eso en un estímulo…
—Me estimuló también el ejemplo del médico
Albert Schweitzer, que estaba en África para paliar la lepra.
Deseé ayudar a los que sufren, ¡ése era mi gran
sueño…!
—Y lo ha hecho…, con su ciencia.
—Y, hoy, auyando a niñas de África para que
estudien. Luchemos contra la enfermedad, sí, ¡pero
todo mejorará si acaba la opresión de la mujer en
esos países islamistas…!
—La religión, ¿frena el desarrollo cognitivo?
—Si la religión margina a la mujer frente al hombre,
la aparta del desarrollo cognitivo.
—¿Existen diferencias entre el cerebro del
hombre y el de la mujer?
—Sólo en las funciones cerebrales relacionadas con
las emociones, vinculadas al sistema endocrino. Pero en cuanto a
las funciones cognitivas, no hay diferencia alguna.
—¿Por qué todavía hay pocas científicas?
—¡No es así! ¡Muchos hallazgos científicos
atribuidos a hombres los hicieron en verdad sus hermanas, esposas
e hijas!
—¿De veras?
—No se admitía la inteligencia femenina, y la dejaban
en la sombra. Hoy, felizmente, hay más mujeres que hombres
en la investigación científica: ¡has herederas
de Hipatia!
—La sabia alejandrina del siglo IV…
—Ya no acabaremos asesinadas en la calle por monjes cristianos
misóginos, como ella. Desde luego, el mundo ha mejorado algo…
—Nadie ha intentado asesinarla a usted…
—Durante el fascismo, Mussolini quiso imitar a Hitler en la
persecución de judíos…, y tuve que ocultarme
por un tiempo. Pero no dejé de investigar: monté mi
laboratorio en mi dormitorio… ¡y descubrí la
apoptosis, que es la muerte programada de las células!
—¿Por qué hay tan alto porcentaje de
judíos entre científicos e intelectuales?
—La exclusión fomentó entre los judíos
los trabajos intelectivos: pueden prohibírtelo todo, ¡pero
no que pienses! Y es cierto que hay muchos judíos entre los
premios Nobel…
—¿Cómo se explica usted la locura nazi?
Hitler y Mussolini supieron hablar a las masas, en las que siempre
predomina el cerebro emocional sobre el neocortical, el intelectual.
¡Manejaron emociones, no razones!
—¿Sucede eso ahora?
—¿Por qué cree que en muchas escuelas de Estados
Unidos se enseña el creacionismo en vez del evolucionismo?
—¿La ideología es emoción, es
sinrazón?
—La razón es hija de la imperfección. En los
invertebrados todo está programado: son perfectos. ¡Nosotros,
no! Y, al ser imperfectos, hemos recurrido a la razón, a
los valores éticos: ¡discernir entre bien y mal es
el más alto grado de la evolución darwiniana!
—¿Nunca se ha casado, no ha tenido hijos?
—No. Entré en la jungla del sistema nervioso ¡y
quedé tan fascinada por su belleza que decidí dedicarle
todo mi tiempo, mi vida!
—¿Lograremos un día curar el alzheimer,
el parkison, la demencia senil..?
—Curar… Lo que lograremos será frenar, retrasar,
minimizar todas estas enfermedades.
—¿Cuál es hoy su gran sueño?
—Que un día logremos utilizar al máximo la capacidad
cognitiva de nuestros cerebros.
—¿Cuándo dejó de sentirse patito
feo?
—¡Aún sigo consciente de mis limitaciones!
—¿Qué ha sido lo mejor de su vida?
—Ayudar a los demás.
—¿Qué haría hoy si tuviese 20
años?
—¡Pero si estoy haciéndolo!
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