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En
su último libro, Giorgio Nardone, uno de nuestros psicoterapeutas
favoritos, desgrana los entresijos de la comunicación en la
pareja. Un libro breve, sin un ápice de paja –algo que
sinceramente se agradece– en el que nos enseña a dialogar
estratégicamente con el fin de alcanzar y transformar los desacuerdos
en acuerdos, los posibles conflictos en alianzas. El
diálogo estratégico – fruto de una larga y exhaustiva
investigación aplicada a los procesos de comunicación
en el ámbito filosófico, terapéutico y empresarial–
parte de la premisa de que el objetivo de la comunicación
no es vencer haciendo perder al otro, sino vencer juntos. Se busca
descubrir conjuntamente aquellas perspectivas que permiten encontrar
el acuerdo.
Para adentrarnos
en el aprendizaje de la técnica de dialogar estratégicamente
primero hay que liberarse de algún que otro prejuicio moralista:
pensar, por ejemplo, que utilizar estratégicamente la comunicación
es una forma de manipulación. Debajo de este prejuicio subyace
la idea, del todo infundada, de que puede existir un modo de comunicar
que no influencie al otro.
Cualquier interacción entre dos personas, se quiera o no,
consciente o inconscientemente representa un acto de influencia
recíproca. Dialogar estratégicamente no significa
manipular al otro, como podría parecer, sino hacerlo de modo
que encontremos junto a éste el punto de encuentro. Citando
las palabras de Giorgio Nardone:
“Considerado
esto, podemos decidir hacer como el avestruz que esconde la cabeza
bajo la arena cuando es perseguido por un depredador para no verlo;
o bien, decidir aprender a utilizar el lenguaje persuasivo. El instrumento
en sí no es nunca ni bueno ni malo, es el uso que hacemos
de él lo que lo vuelve como tal. Si yo decido no aprender
a manejar las estrategias de comunicación por mero rechazo
moralista, he de tener también en cuenta que seré
víctima de ellas. Si, en cambio, aprendo a manejarlas, puedo
escoger si utilizarlas o no. En otras palabras, la persona ha de
decidir si es artífice de lo que construye y gestiona, o
víctima de aquello que inconscientemente construye y luego
padece”.
Para enseñarnos
a dialogar estratégicamente Giorgio Nardone identifica, primero,
los ingredientes de los diálogos fallidos:
1.
Puntualizar.
2.
Recriminar.
3.
Echar
en cara.
4.
Sermonear.
5.
¡Te lo dije!
6.
Lo hago sólo por ti.
7.
Deja, ya lo hago yo.
8.
Reprobar.
Una vez determinadas
las formas seguras de diálogo fallido, el primer paso consiste
en evitarlas; el segundo, en sustituirlas por estrategias y tácticas
realmente capaces de hacernos alcanzar nuestro objetivo. Para ello
es preciso conocer los ingredientes y la estructura del diálogo
estratégico. ¿Cuáles son esos ingredientes?
Aquí tienes algunos de ellos:
1.
Preguntar
antes que afirmar.
2.
Pedir confirmación antes que sentenciar.
3.
Evocar antes que explicar.
4.
Actuar antes que pensar.
Finalmente, para hacer más claro y accesible el método,
Nardone presenta algunos diálogos mantenidos durante demostraciones
públicas de la técnica del diálogo estratégico.
Fíjate
en el siguiente diálogo:
Tras
una jornada de duro trabajo, su compañera sale a recibirlo
y se pone rígida de inmediato, baja los ojos y no dice nada;
usted experimenta una sensación de fastidio por dentro y
piensa: “Sólo faltaba esto, después de todos
los problemas del día”.
Luego
ella le mira y con expresión dura y voz cortante le dice:
— "¿Te estás dando cuenta de que
últimamente ya no eres tan amable conmigo?"
Usted se siente procesado, la forma le molesta, tiene ganas de contestar
mal o intenta defenderse disculpándose, pero a sus excusas
ella responde:
—"Claro, tú te disculpas, ¡pero luego
continúas haciéndolo! Y además, si no te lo
hubiese dicho, ni siquiera te habrías dado cuenta”.
En este momento su irritación está por las nubes,
así que la increpa verbalmente o aguanta apretando los dientes
y dice:
— "Tendrías que entenderlo... precisamente
tu... sabes los problemas que tengo en esta época”.
Y ella, aún más enfadada:
— "Ah, claro, tus problemas están antes que
yo".
Entonces, desarmado, puede contraatacar generando
un conflicto de órdago o encerrarse en un silencio despreciativo.
La velada avanzará en una atmósfera tensa de incomprensión
y rechazo o de victimismo por su parte. La despedida aparecerá
al final de la velada como una liberación.
¿Te gustaría
saber cómo convertir este diálogo irritante en una
situación agradable a través del diálogo estratégico?
¿Sí? Entonces, te recomendamos encarecidamente la
lectura de este libro. |
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