Especial nº 6 Diciembre de 2004  

2004 de mproactiva 
Junto con Las Horas, Mproactiva distribuye una vez al mes un número especial en el que tratamos algún tema que consideramos puede ser del interés de nuestr@s lector@s.

El miedo es uno de los grandes obstáculos que se interponen en la consecución de nuestros objetivos. Nuestro miedos son muy variados: miedo al fracaso, miedo a cometer errores, miedo a ser rechazados, miedo a no saber, miedo a hacer el ridículo, miedo al cambio, miedo a lo desconocido, miedo a tomar la decisión equivocada...; y un largo etcétera. En este especial te invitamos a identificar tus miedos y te proponemos algunas pautas para Covertir el miedo en un aliado.

Si no te interesa recibir este especial puedes darte de baja ahora mismo en: bajaespecial@mproactiva
Para cualquier comentario o sugerencia, puedes dirigirte a: mproactiva@mproactiva.com

Si no lees bien este especial, accede directamente a:
http://www.mproactiva.com/pages/E6_convertir_miedo_aliado.htm

Quizás todo lo que nos asusta es,
En su esencia más profunda,
Algo indefenso, que reclama nuestro amor.
Rainer Maria Rilke
Muchas veces sabemos qué es lo que debemos hacer para conseguir los resultados que deseamos, sin embargo, no lo hacemos, ¿por qué? ¿qué es lo que nos frena? El miedo es, sin duda, uno de los grandes obstáculos que se interponen en la consecución de nuestros objetivos.
El miedo es una respuesta fisiológica natural ante los peligros. Ha sido, a lo largo de la historia de la humanidad, un mecanismo adaptativo que nos ha permitido sobrevivir. Si hemos llegado hasta aquí ha sido posible gracias a que nuestros antepasados africanos y europeos tuvieron miedo y supieron hacer frente a la amenza de los predadores. El miedo es una mecanismo necesario porque nos pone en alerta, nos protege de los peligros y hace que nos comportemos con precaución en situaciones de riesgo.
Pero no todos los miedos son iguales. No todos son racionales. Muy a menudo aquello que creemos tan terrible y peligroso no es algo real. Es el producto de nuestra imaginación, que se dispara y hace que construyamos historias terribles sobre todo lo que puede llegar a sucedernos si hacemos lo que tememos. Estos pensamientos nos llevan a recluimos en castillos imaginarios llenos de fantasmas.
Los adultos andamos algo escasos de imaginación para visualizar nuestros planes de futuro; en cambio somos muy buenos para imaginar los peores escenarios. Nos atrapamos recreando escenas terribles que pueden anular muchas de nuestras posibilidades. El miedo nos limita, nos inhibe para correr riesgos, nos impide emprender la acción y puede llegar a paralizarnos. Por culpa de nuestros miedos abandonamos proyectos importantes y nos resguardamos en nuestro mundo, aparentemente seguro.
El miedo tiene distintas formas, texturas y dimensiones. A veces es como una nebulosa, no sabemos exactamente por qué está ahí ni cómo se llama. Otras veces lo conocemos perfectamente; podemos definirlo y nombrarlo. Los miedos que nos acechan son muy variados: miedo al fracaso, miedo a cometer errores, miedo a ser rechazados, miedo a no saber, miedo a hacer el ridículo, miedo al cambio, miedo a lo desconocido, miedo a tomar la decisión equivocada...; y un largo etcétera.

Estos miedos aparecen, sobre todo, cuando nos adentramos en territorios desconocidos. Todo es nuevo y para lograr lo que deseamos tenemos que salir de nuestra zona de confort. Es entonces cuando nos asaltan todo tipo de pensamientos negativos: "no sé si tengo las habilidades necesarias...", "no sé lo suficiente", "me falta experiencia", "¿que pasará si fracaso, podré soportarlo?", "¿qué dirán de mi?...".

Detrás de los miedos suelen esconderse problemas como la falta de información o el exceso de dudas. Sólo disponemos de cuatro datos pero nos atrevemos a inferir el resto, rellenando los vacíos de información con imágenes y predicciones negativas. Si esa es la causa de nuestro miedo, la mejor manera de superarlo es obtener la información que nos falta para minimizar el riesgo y sentirnos más seguros. Con esa información podremos planificar los pasos que seguir, anticiparemos las posibles consecuencias de nuestros movimientos y estaremos preparados para afrontar posibles contratiempos.
Independientemente de los recursos utilizados, cuando nos aventuramos más allá de nuestra zona de confort y conseguimos resultados, aumenta nuestra sensación de autoeficacia. Si llevamos a cabo una tarea que percibimos como peligrosa, nos sentimos satisfechos y adquirimos la confianza necesaria para volver a repetir la experienca. Podremos volver a hacer puenting o a hablar ante el auditorio más temido. Es posible que aún nos pongamos nerviosos, pero sabemos que podemos volver a tener éxito.
El primer paso para aprender a gestionar nuestros miedos es reconocer que tenemos miedo. ¿Miedo yo? Sí, admite que está ahí, acéptalo. No te resistas. Cuando reconoces tus miedos éstos se debilitan y se pueden convertir en puntos de fuerza. Quizá te ayude el saber que el miedo es universal, que no sabe de géneros, ni de raza, ni de condición social. Las personas valientes no son aquellas que no sienten miedo sino las que se enfrentan a él y emprenden la acción. Las que hacen algo con su miedo.

A continuación, tómate el tiempo necesario para examinarlo, para adentrarte en él y analizarlo. A lo mejor descubres que es un miedo irracional. Pregúntate: ¿Qué probabilidad hay de que se cumpla? ¿Es real o imaginario?. Quizás las posibilidades de que se materialicen tus peores predicciones son muy reducidas. Si es un miedo real, hazte la siguiente pregunta: ¿cómo puedo prepararme para él? ¿qué me falta? ¿dónde puedo obtener lo que necesito? En este caso, busca recursos y rodéate de personas que te puedan aportar valor, que hayan estado ahí antes. A veces basta con un apoyo externo —alguien con quien compartir nuestros proyectos— para poner en orden nuestras ideas y aclarar nuestras dudas.

Nuestro nivel de tolerancia al riesgo es muy variable, así que cada persona debe encontrar su propia manera de gestionar sus miedos. Si tu miedo es muy grande puedes enfrentarte a él gradualmente. Cada pequeño paso que des te preparará para el siguiente. El cómo es lo de menos, lo importante es que conviertas tu miedo en un aliado. Como dice Giorgio Nardone: "Una vez aceptados, nuestros miedos se transforman de debilidad en puntos de fuerza. Si, por el contrario queremos negarlos o reprimirlos, nos pillan desprevenidos, trastocándonos y abriendo la vía al pánico".
Tras todo lo dicho hasta aquí, éste es mi mejor deseo para el 2005:
Expande tu zona de confort. Deja de hacer las cosas fáciles que haces deliberadamente para evitar hacer las que te dan miedo. Arriésgate a hacer lo que temes. Atrévete a experimentar. Apuesta por vivir en la incomodidad hasta que te sientas cómodo.
Gracias por acompañarme en este año y, en especial, a todos aquellos y aquellas que me habéis hecho llegar vuestros comentarios y sugerencias. A todos, muchas acciones felices en estas fiestas.

Maria Pallarés
Ph. D. y Coach Personal

Licencia de Creative Commons Este artículo está bajo una licencia de Creative Commons.


Las Horas es una revista electrónica que distribuye gratuitamente mproactiva, un site sobre coaching.

Para hacernos llegar comentarios, ideas o sugerencias, escribe a:
e-zine@mproactiva.com

Para darte de baja manda un e-mail a:
bajaezine@mproactiva.com

www.mproactiva.com