N. 6, Diciembre de 2004 Números anteriores  
2004 de mproactiva 

Si no puedes leer este boletín, accede directamente a: http://www.mproactiva.com/pages/las_horas6.htm

Para cualquier comentario o sugerencia, puedes enviarnos un e-mail a: mproactiva@mproactiva.com

"Los españoles somos los europeos que más horas dedican a su trabajo en perjuicio de su vida personal y familiar". Así lo pone de manifiesto España en hora..., un estudio editado por la Fundación Independiente que recoge los trabajos de 72 personalidades del mundo empresarial, sindical, del Gobierno y de las autonomías, en el que se compara el horario laboral en España con el del resto de Europa. Todos ellos coinciden en que el horario laboral de nuestro país es irracional y que esto perjudica al trabajador/a, que siente que su vida se desarrolla en exclusiva en el trabajo.

Hace tiempo que desde distintos frentes se reclama la necesidad de adoptar unos horarios laborales acordes con los europeos. Esperamos que este nuevo estudio contribuya a hacer presión para que, desde las instituciones, se tomen las medidas necesarias para que esta propuesta no se quede en una prioridad meramente teórica.
La organización personal: una cuestión de prioridades
¿Qué es lo acertado? Una vez un estudiante le preguntó al metafísico y filósofo Peter Ouspensky: ¿Cómo sé qué es lo acertado para mi? Ouspensky respondió: Si me dice cuál es su objetivo, le diré que es lo acertado para usted.

Para organizarnos de forma efectiva es muy importante tener claro cuáles son nuestras prioridades y cuál es nuestra jerarquía de valores. Cuando sabemos qué es lo que realmente queremos hacer con los objetos, el espacio, las personas y el tiempo, entonces podemos traducir nuestras prioridades en objetivos y podemos planificar y a organizar nuestras actividades diarias.

La experiencia nos dice, sin embargo, que no siempre somos concientes de nuestros valores. Imaginemos a alguien que dice que lo más importante para él/ella es su familia, pero al mismo tiempo quiere convertirse en el líder de su partido político. Puede hacer las dos cosas al mismo tiempo, pero si no es consciente de qué es lo más importante en cada momento, es probable que acabe diciendo una cosa y haciendo otra. ¿Cuántas personas se quejan de que trabajan demasiado y que no les queda tiempo para ver a su familia, y no hacen nada para cambiar una situación que, implícitamente, les conviene? A menudo el "no tengo tiempo" es la coartada perfecta para ocultar otros problemas.
El problema de base de la desorganización o la mala gestión del tiempo es la "disonancia de prioridades". Jane Allen (1) define esta disonancia como: "la disparidad entre las actividades operativas de un sistema y sus objetivos teóricos", es decir, la distancia entre lo que decimos que queremos hacer o que vamos a hacer (prioridades teóricas) y lo que hacemos (prioridades operativas). Así, mientras que los objetivos son prioridades teóricas, los usos que hacemos del tiempo son prioridades operativas.
Los problemas de desorganización surgen cuando no estamos seguros de si estamos haciendo lo que deberíamos hacer para cumplir nuestros propósitos. Es bastante habitual que, tras duras jornadas laborales, estemos consiguiendo unos resultados que tienen una escasa relación con nuestras prioridades teóricas, es decir, con los objetivos establecidos conscientemente. Cuando esperamos una cosa y luego hacemos otra, tenemos muchos puntos para sentirnos estresados e incongruentes.
Tratar de combatir los síntomas del problema, como hacen muchos programas de gestión del tiempo, no nos ayudará a ser más operativos. Para organizarnos de forma efectiva deberíamos empezar respondiendo a estas preguntas: ¿qué es lo que realmente quiero? y ¿qué estoy haciendo?
Si quieres saber qué estás haciendo, empieza por llevar un registro de las actividades que realizas a diario durante un cierto tiempo. La finalidad de este ejercicio no es identificar ladrones de tiempo y tareas superfluas, sino obtener información sobre tus prioridades. Tus acciones son manifestaciones de tus prioridades más importantes. Si algo no tiene sentido para ti, probablemente no lo harás. Y si estás haciendo algo, entonces, es que de alguna manera eso tiene algún sentido para ti.
Es posible que al analizar cómo usas tu tiempo te lleves unas cuantas sorpresas; quizá descubras prioridades que no eras consciente que tenías. Cuando sepas cuáles son tus prioridades operativas y compares esa información con los datos recogidos sobre las prioridades teóricas, la disparidad entre unas y otras definirá tu problema de desorganización. Pongamos un ejemplo:
Ángela ha decidido convertirse en una gran oradora independiente, y para hacerlo se ha fijado como objetivo impartir un mínimo de seis conferencias al mes. Sin embargo, ha declinado numerosas invitaciones para hacer presentaciones porque siempre ha tenido otros compromisos más importantes. Al analizar el uso que hace de su tiempo durante los pasados tres meses se ha dado cuenta de que ha invertido menos del 2% de su tiempo en dar charlas, mientras que ha dedicado un 46% del mismo a escribir artículos para distintas revistas. Eso significa que, a nivel operativo, escribir estos artículos es importante para ella; probablemente escribir es algo más importante, operativamente, que dar charlas.
¿Qué pasa entonces con el objetivo de Ángela? En primer lugar, habría que analizar hasta qué punto este objetivo es realmente importante para ella. A menudo decimos que queremos hacer cosas que en realidad no deseamos. Son autoimposiciones que nos hacemos debido a los condicionamientos y a la influencia de nuestro entorno: lo que nos dicen los demás que deberíamos hacer o lo que pensamos que los demás esperan que hagamos. Si estas actividades no conectan con nuestro sistema de valores es muy probable que nos resistamos a hacerlas y que nos sintamos incongruentes.
Muchos de los bloqueos que nos impiden pasar a la acción son consecuencia, precisamente, de un conflicto de valores. Estos conflictos se producen cuando dos valores parecen incompatibles. Por ejemplo: independencia/relaciones, trabajo/familia, metas propias/metas ajenas, etc.
En cualquier caso es importante dedicar el tiempo necesario a analizar si se trata de un objetivo propio y si está alineado con nuestros valores. Para ello puede ser útil formularse las siguientes preguntas:

—¿Qué valor respalda este objetivo?
—¿Es ese valor realmente importante para mi?
—¿Por qué es importante este objetivo? ¿Qué me dará?
—¿Es eso algo que yo quiero? ¿o lo quieren los demás para mi?
—¿Qué me va a permitir tener ese objetivo? ¿Qué voy a perder?
—¿Es algo con lo que estoy realmente comprometido?
—¿Es compatible ese objetivo con mis otros objetivos?

Puede ser que Ángela descubra que en realidad ese objetivo no va con ella, y que cambiando el objetivo puede eliminar la tensión y el estrés que le provoca su incongruencia interna. Puede ser que descubra que sí que es un objetivo deseado o necesario para conseguir un determinado fin. Si se trata de un objetivo personal, tiene dos alternativas: integrarlo con el resto de objetivos para reconciliar su conflicto interno o escoger cuál es el valor que tiene más protagonismo en la actualidad. Dar más protagonismo a un valor en un momento determinado de nuestra vida no significa renunciar al resto de valores.

En Beyond Time management Jane Allen Petrick examina la relación que existe entre la disonancia de prioridades y la dilación. En la medida en que la dilación es decir que voy a hacer algo y luego no lo hago, ésta es un tipo especial de disonancia de prioridades.
El remedio para vencer la dilación acostumbra a ser el cambio de conducta. Esta aproximación asume que entiendo y quiero los objetivos que estoy postergando y que, probablemente, tan sólo necesitaré algunos elementos motivadores y refuerzos para emprender la acción. (*)
Sin embargo, tal y como nos recuerda esta psicóloga, hay dos opciones para vencer la dilación: puedo modificar lo que hago para conseguir mis objetivos; o puedo cuestionar, reevaluar y cambiar mis objetivos. Un mismo valor puede ser respaldado por varios objetivos diferentes.
Veamos un ejemplo:
Imaginemos que mi objetivo es ir cuatro veces por semana a la piscina para estar en forma. He sido constante durante todo el verano, pero en cuanto empezó a hacer frío cogí una bronquitis aguda y desde entonces no he sido capaz de volver al polideportivo. Puedo seguir peleándome conmigo misma y castigarme duramente si no consigo ir a la piscina o puedo cambiar este objetivo por otro que me permita conseguir resultados similares. En este caso podemos preguntarnos:
—¿Qué valor hay detrás de este objetivo? El valor de estar en forma.
—¿Es importante este valor para mi? Sí, por supuesto.
Entonces, ¿además de ir cuatro veces por semana a la piscina, qué otras actividades pueden permitir ser congruente con este valor? Algunos ejemplos podrían ser:
1. Ir al gimnasio tres veces por semana.
2. Salir con la mountain bike tres veces por semana.
3. Hacer mantenimiento en casa cuatro veces por semana.
¿Qué actividades son mas consistentes con lo hago en la actualidad? Sin duda, las actividades 2 y 3. Así pues, diseñaré un plan de acción que contemple estas opciones, bien de forma secuencial, bien de forma combinada. En este caso, cambiar de objetivo puede ser la manera más rápida y eficaz de eliminar la disonancia. Quizá pueda parecer que es claudicar, pero en realidad no es así. Es tan solo una muestra de flexibilidad. Podemos tomar distintos caminos para llegar a nuestro destino.
(*) En el próximo número identificaremos algunos de los bloqueos emocionales que se esconden detrás de la dilación y la falta de organización personal.
(1) J. Allen Petrick. Beyond Time Management. Life balancing connections. Informed Decisions. Int. 1998
Licencia de Creative Commons Esta e-zine está bajo una licencia de Creative Commons.


Las Horas es una revista electrónica que distribuye gratuitamente mproactiva, un site sobre coaching.

Para hacernos llegar comentarios, ideas o sugerencias, escribe a:
e-zine@mproactiva.com

Para darte de baja manda un e-mail a:
bajaezine@mproactiva.com

www.mproactiva.com