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2004 de mproactiva |
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"Los
españoles somos los europeos que más horas dedican
a su trabajo en perjuicio de su vida personal y familiar".
Así lo pone de manifiesto España en hora...,
un estudio editado por la Fundación Independiente que
recoge los trabajos de 72 personalidades del mundo empresarial,
sindical, del Gobierno y de las autonomías, en el que
se compara el horario laboral en España con el del
resto de Europa. Todos ellos coinciden en que el horario
laboral de nuestro país es irracional y que esto
perjudica al trabajador/a, que siente que su vida se desarrolla
en exclusiva en el trabajo.
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Hace
tiempo que desde distintos frentes se reclama la necesidad de
adoptar unos horarios laborales acordes con los europeos. Esperamos
que este nuevo estudio contribuya a hacer presión para
que, desde las instituciones, se tomen las medidas necesarias
para que esta propuesta no se quede en una prioridad meramente
teórica. |
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La
organización personal: una cuestión de prioridades
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¿Qué
es lo acertado? Una vez un estudiante le preguntó al
metafísico y filósofo Peter Ouspensky: ¿Cómo
sé qué es lo acertado para mi? Ouspensky respondió:
Si me dice cuál es su objetivo, le diré que
es lo acertado para usted.
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Para
organizarnos de forma efectiva es muy importante tener claro
cuáles son nuestras prioridades y cuál es nuestra
jerarquía de valores. Cuando sabemos qué
es lo que realmente queremos hacer con los objetos, el espacio,
las personas y el tiempo, entonces podemos traducir nuestras
prioridades en objetivos y podemos planificar y a organizar
nuestras actividades diarias.
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La experiencia nos dice, sin embargo, que no siempre somos concientes
de nuestros valores. Imaginemos a alguien que dice que lo más
importante para él/ella es su familia, pero al mismo
tiempo quiere convertirse en el líder de su partido político.
Puede hacer las dos cosas al mismo tiempo, pero si no es consciente
de qué es lo más importante en cada momento, es
probable que acabe diciendo una cosa y haciendo otra. ¿Cuántas
personas se quejan de que trabajan demasiado y que no les queda
tiempo para ver a su familia, y no hacen nada para cambiar una
situación que, implícitamente, les conviene? A
menudo el "no tengo tiempo" es la coartada perfecta
para ocultar otros problemas. |
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El
problema de base de la desorganización o la mala gestión
del tiempo es la "disonancia de prioridades".
Jane Allen (1) define esta disonancia como: "la disparidad
entre las actividades operativas de un sistema y sus objetivos
teóricos", es decir, la distancia entre lo que decimos
que queremos hacer o que vamos a hacer (prioridades teóricas)
y lo que hacemos (prioridades operativas). Así, mientras
que los objetivos son prioridades teóricas, los usos
que hacemos del tiempo son prioridades operativas. |
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Los
problemas de desorganización surgen cuando no estamos
seguros de si estamos haciendo lo que deberíamos hacer
para cumplir nuestros propósitos. Es bastante habitual
que, tras duras jornadas laborales, estemos consiguiendo unos
resultados que tienen una escasa relación con nuestras
prioridades teóricas, es decir, con los objetivos establecidos
conscientemente. Cuando esperamos una cosa y luego hacemos otra,
tenemos muchos puntos para sentirnos estresados e incongruentes. |
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Tratar
de combatir los síntomas del problema, como hacen muchos
programas de gestión del tiempo, no nos ayudará
a ser más operativos. Para organizarnos de forma efectiva
deberíamos empezar respondiendo a estas preguntas: ¿qué
es lo que realmente quiero? y ¿qué estoy haciendo?
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Si
quieres saber qué estás haciendo, empieza por
llevar un registro de las actividades que realizas a diario
durante un cierto tiempo. La finalidad de este ejercicio no
es identificar ladrones de tiempo y tareas superfluas, sino
obtener información sobre tus prioridades. Tus acciones
son manifestaciones de tus prioridades más importantes.
Si algo no tiene sentido para ti, probablemente no lo harás.
Y si estás haciendo algo, entonces, es que de alguna
manera eso tiene algún sentido para ti. |
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Es
posible que al analizar cómo usas tu tiempo te lleves
unas cuantas sorpresas; quizá descubras prioridades que
no eras consciente que tenías. Cuando sepas cuáles
son tus prioridades operativas y compares esa información
con los datos recogidos sobre las prioridades teóricas,
la disparidad entre unas y otras definirá tu problema
de desorganización. Pongamos un ejemplo: |
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Ángela
ha decidido convertirse en una gran oradora independiente, y
para hacerlo se ha fijado como objetivo impartir un mínimo
de seis conferencias al mes. Sin embargo, ha declinado numerosas
invitaciones para hacer presentaciones porque siempre ha tenido
otros compromisos más importantes. Al analizar el uso
que hace de su tiempo durante los pasados tres meses se ha dado
cuenta de que ha invertido menos del 2% de su tiempo en dar
charlas, mientras que ha dedicado un 46% del mismo a escribir
artículos para distintas revistas. Eso significa que,
a nivel operativo, escribir estos artículos es importante
para ella; probablemente escribir es algo más importante,
operativamente, que dar charlas. |
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¿Qué
pasa entonces con el objetivo de Ángela? En primer lugar,
habría que analizar hasta qué punto este objetivo
es realmente importante para ella. A menudo decimos que queremos
hacer cosas que en realidad no deseamos. Son autoimposiciones
que nos hacemos debido a los condicionamientos y a la influencia
de nuestro entorno: lo que nos dicen los demás que deberíamos
hacer o lo que pensamos que los demás esperan que hagamos.
Si estas actividades no conectan con nuestro sistema de valores
es muy probable que nos resistamos a hacerlas y que nos sintamos
incongruentes. |
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Muchos
de los bloqueos que nos impiden pasar a la acción son
consecuencia, precisamente, de un conflicto de valores.
Estos conflictos se producen cuando dos valores parecen incompatibles.
Por ejemplo: independencia/relaciones, trabajo/familia, metas
propias/metas ajenas, etc. |
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En
cualquier caso es importante dedicar el tiempo necesario a analizar
si se trata de un objetivo propio y si está alineado
con nuestros valores. Para ello puede ser útil formularse
las siguientes preguntas: |
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¿Qué valor respalda este objetivo?
¿Es ese valor realmente importante para mi?
¿Por
qué es importante este objetivo? ¿Qué
me dará?
¿Es eso algo que yo quiero? ¿o lo quieren
los demás para mi?
¿Qué me va a permitir tener ese objetivo?
¿Qué voy a perder?
¿Es
algo con lo que estoy realmente comprometido?
¿Es compatible ese objetivo con mis otros objetivos?
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Puede
ser que Ángela descubra que en realidad ese objetivo
no va con ella, y que cambiando el objetivo puede eliminar
la tensión y el estrés que le provoca su incongruencia
interna. Puede ser que descubra que sí que es un objetivo
deseado o necesario para conseguir un determinado fin. Si
se trata de un objetivo personal, tiene dos alternativas:
integrarlo con el resto de objetivos para reconciliar su conflicto
interno o escoger cuál es el valor que tiene más
protagonismo en la actualidad. Dar más protagonismo
a un valor en un momento determinado de nuestra vida no significa
renunciar al resto de valores.
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En
Beyond Time management Jane Allen Petrick examina
la relación que existe entre la disonancia de prioridades
y la dilación. En la medida en que la dilación
es decir que voy a hacer algo y luego no lo hago, ésta
es un tipo especial de disonancia de prioridades. |
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El
remedio para vencer la dilación acostumbra a ser el cambio
de conducta. Esta aproximación asume que entiendo y quiero
los objetivos que estoy postergando y que, probablemente, tan
sólo necesitaré algunos elementos motivadores
y refuerzos para emprender la acción. (*) |
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Sin
embargo, tal y como nos recuerda esta psicóloga, hay
dos opciones para vencer la dilación: puedo modificar
lo que hago para conseguir mis objetivos; o puedo cuestionar,
reevaluar y cambiar mis objetivos. Un mismo valor
puede ser respaldado por varios objetivos diferentes. |
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Veamos
un ejemplo: |
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Imaginemos que mi objetivo es ir cuatro veces por semana a la
piscina para estar en forma. He sido constante durante todo
el verano, pero en cuanto empezó a hacer frío
cogí una bronquitis aguda y desde entonces no he sido
capaz de volver al polideportivo. Puedo seguir peleándome
conmigo misma y castigarme duramente si no consigo ir a la piscina
o puedo cambiar este objetivo por otro que me permita conseguir
resultados similares. En este caso podemos preguntarnos: |
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¿Qué
valor hay detrás de este objetivo? El valor de estar
en forma.
¿Es importante este valor para mi? Sí, por
supuesto. |
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Entonces,
¿además de ir cuatro veces por semana a la piscina,
qué otras actividades pueden permitir ser congruente
con este valor? Algunos ejemplos podrían ser: |
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1.
Ir al gimnasio tres veces por semana.
2. Salir con la mountain bike tres veces por semana.
3. Hacer mantenimiento en casa cuatro veces por semana.
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¿Qué
actividades son mas consistentes con lo hago en la actualidad?
Sin duda, las actividades 2 y 3. Así pues, diseñaré
un plan de acción que contemple estas opciones, bien
de forma secuencial, bien de forma combinada. En este caso,
cambiar de objetivo puede ser la manera más rápida
y eficaz de eliminar la disonancia. Quizá pueda parecer
que es claudicar, pero en realidad no es así. Es tan
solo una muestra de flexibilidad. Podemos tomar distintos caminos
para llegar a nuestro destino. |
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| (*)
En el próximo número identificaremos algunos de
los bloqueos emocionales que se esconden detrás de la
dilación y la falta de organización personal. |
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(1)
J. Allen Petrick. Beyond Time Management. Life balancing
connections. Informed Decisions. Int. 1998 |