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2004-2005 de mproactiva |
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Una
de las fábulas más memorables de Samaniego es
"El ciervo en la Fuente". El protagonista de esta
fábula es un ciervo perfeccionista que se deleita contemplando
su reflejo en un hermoso y cristalino manantial. Prendado
de la belleza de su cornamenta y de sus preciosas ramificaciones,
se lamenta, sin embargo, de que los dioses no le hayan concedido
unas extremidades más bellas y proporcionadas. ¡Qué
tristeza más profunda le embriaga al contemplar sus
largas, delgadas y huesudas patas!
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Mientras
el ciervo continúa lamentándose de su "imperfección"
ve venir a un lebrel fiero y para evitar ser devorado parte
presto y ligero hacia el espeso bosque. Pero, ¡ay, maldición!,
sus lindos y curvilíneos cuernos le juegan una mala pasada:
se enredan entre las ramas y lo atrapan en la maleza. Cuando
todo parece presagiar que va caer en las garras de su temible
atacante, gracias a sus delgadas, elásticas y "feas"
patas, consigue escapar raudo y veloz de una muerte
anunciada. |
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Al
igual que el ciervo de esta fábula, muchas personas son
incapaces de identificar la grandeza y la belleza de lo que
ya tienen, porque están cegadas por un ideal inalcanzable
de absoluta perfección. |
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La
ilusión del perfeccionismo
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Que
te gusten tus imperfecciones es lo más liberador
Virginia Woolf
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Esforzarse,
ser meticuloso y querer hacer las cosas bien es una actitud
deseable y saludable. Sin embargo, exigirse hacer las cosas
perfectamente es una autoimposición que nos coloca
en una posición de vulnerabilidad y de dependencia.
La trampa del perfeccionismo no es fijarse unos estándares
elevados sino fijarse unos estándares inalcanzables:
tratar de obtener lo imposible.
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¿Tiene
sentido pretender alcanzar la "perfección"?
¿Existe realmente la perfección? ¿Es una
ilusión? ¿O tal vez una falacia? La idea de un
trabajo "bien hecho" no es una verdad absoluta, es
una representación que se encuentra en nuestra cabeza.
Cada persona tiene su propia representación; aunque,
por supuesto, el perfeccionista cree que la suya es la buena,
la correcta. "¡Los demás no son conscientes
de la diferencia entre hacer las cosas bien y hacerlas mal;
les da igual!" se lamenta. |
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¿Acaso no hay nada más entre estos dos extremos?
¿Las cosas están bien o mal? ¿Son perfectas
o imperfectas? El pensamiento polarizado es característico
de las actitudes perfeccionistas. Creer que sólo podemos
escoger entre dos opciones lo
correcto y lo incorrecto nos impide ver el amplio abanico
de posibilidades existente y nos conduce al tan socorrido arte
de amargarse la vida. |
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El
perfeccionismo está en la base de muchos problemas de
gestión del tiempo. La persona perfeccionista está
tan ocupada en ser "perfecta" que no le queda tiempo
para nada más. Revisa numerosas veces un carta o un boletín
electrónico antes de enviarlo. Siempre encuentra algún
error o algún aspecto que mejorar. Si está haciendo
un proyecto de envergadura va alargando la fecha de finalización.
Puede que tarde siete años en acabar una tesis doctoral
porque siempre encuentra algo que añadir o corregir.
Se recrea en exceso en los detalles y a pesar de las múltiples
correcciones y revisiones nunca está del todo satisfecha
con el resultado conseguido. Nada es lo bastante bueno... ¿Cuándo
es suficiente? Probablemente nunca, porque cualquier trabajo
se puede mejorar. |
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Según los profesionales de la psicología, la persona
perfeccionista actúa movida por una motivación
negativa: trata de evitar la desaprobación, el rechazo
y la crítica de los demás o de su propio crítico
interior. Y es que le aterra cometer errores. Cuando las cosas
no salen como espera, se culpa y se castiga. A veces, si cree
que no va a poder dar el 100% en una tarea, prefiere abandonar
antes de empezar. Así, por miedo a no ganar todas las
batallas, es posible que no gane ninguna. |
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¿Te
sientes identificada con esta actitud? ¿Te estás
exigiendo estándares tan elevados que te hacen sentir
frustrada o bloqueada? ¿Sientes que debes de dar el 100%
en cada tarea que emprendes y que si no lo haces, tu trabajo
será mediocre? ¿Sufres por ello? |
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Si
piensas que eres carne de cañón del perfeccionismo,
te sugerimos algunas pautas que te ayudarán a vencer
este círculo vicioso: |
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1. |
Baja
el listón y sé más indulgente contigo misma.
Reconoce y valora tus fortalezas y considera tus puntos débiles
como limitaciones de cualquier ser humano. |
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2. |
Establece
prioridades. Aprende a diferenciar entre lo que es importante
y lo que no lo es; y puestos a buscar la "perfección",
búscala globalmente, no en todas las partes. |
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3. |
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Márcate
objetivos realistas, que respondan a tus deseos y necesidades,
y abórdalos de forma secuencial. No quieras comerte el
elefante de un sólo bocado. |
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4. |
Fija
de antemano unos límites estrictos de tiempo para cada
proyecto. Cuando suene la campana pasa a otra actividad. Esta
técnica reduce la dilación típica del perfeccionismo.
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5. |
Cambia
los pensamientos negativos y catastróficos respecto a
la posibilidad de cometer errores. ¿Como vas a crecer
y a aprender si no cometes errores? |
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6. |
Centra
tu atención en el proceso y no sólo en el resultado
final. Evalúa tu éxito no sólo en función
de tus logros sino también de lo que has disfrutado haciendo
la tarea. |
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Alcanzar la perfección es imposible y es tomarse las
cosas demasiado en serio. Una buena manera de romper las cadenas
del perfeccionismo es reírnos más de nosotras
mismas. El sentido del humor reduce la sacralidad de nuestros
pensamientos. ¿Para qué obstinarse en ser perfectas
si podemos ser estupendas y maravillosas? ;-) |
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Se
ha escrito mucho sobre el perfeccionismo en sus diferentes formas
y manifestaciones. Para identificar este tipo de hábitos
y descubrir qué podemos hacer con ellos, os recomendamos
la lectura del libro Atrévase a no ser perfecto
(1), de Cristina Ruiz Coloma. |
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Esta
psicóloga clínica explora las características
del perfeccionismo desde el marco epistemológico de la
terapia cognitiva conductual. Utiliza numerosos ejemplos basados
en casos reales y recoge un amplio abanico de técnicas
para detectar cómo el afán constante de superación
puede incidir negativamente en nuestra calidad de vida. |
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Os
adelantamos un fragmento sobre la falacia de los "debería",
o la distinción entre deseos y autoimposiciones: |
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"Los
perfeccionistas tienen tendencia a ser especialmente sensibles
a las exigencias, reales o imaginarias, que se les hace o
se hacen ellos mismos. A veces convierten sus propios deseos
en deberes. Desde el momento en que se es un perfeccionista
exigente, el "quiero" se convierte en "debo",
el deseo es reemplazado por la obligación. Si la persona
se siente bajo una intensa presión (tanto interna como
externa) de actuar e intenta motivarse con "debería"
o "tendría que", se cree obligada a llevar
a cabo cualquier actividad y además finalizarla. Aun
cuando sea una tarea que inicialmente pueda producir placer,
el pensar que debe llevarla a cabo la transforma en obligación
y eso elimina la opción de todo individuo a elegir
libremente. Esto provoca al perfeccionista la sensación
de tener una carga encima que puede producir tensión,
sentimientos de culpabilidad, resentimiento y numerosos problemas
más".
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Nos
despedimos hasta el próximo mes, con las palabras con
las que Cristina Ruiz concluye este espléndido trabajo:
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"Libérese
de las cadenas del perfeccionismo y dedique su energía
a relajarse y disfrutar de la vida. Puedo garantizarle que es
posible vivir con plenitud y felicidad aun sin ser perfecto.
¿No es preferible entonces ser "imperfecto"
y feliz?" |
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(1)
Cristina Ruiz Coloma, Atrévase a no ser perfecto.
Cuando el perfeccionismo es un problema. Editorial Debolsillo,
Barcelona, 2003. |
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