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2004-2005 de mproactiva |
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1.
¿Sabías que...? Varios estudios y trabajos
de investigación ponen de manifiesto que las mujeres
son más sensibles al feedback, tanto si es positivo
como si es negativo. |
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2.
Está en tus manos.
Identifica algunas de las creencias y de los estereotipos de
género que explican por qué a las mujeres les
resulta difícil pedir un aumento de sueldo o solicitar
ayuda en el hogar. |
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3.
Ellas tienen la palabra. En Las Mujeres no se atreven
a pedir, Linda Babcock y Sara Laschever analizan, con profundidad
y rigor, los retos a los que se enfrentan las mujeres a la hora
de negociar. |
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El día 22 de Abril, taller de Coaching
para mujeres profesionales, en la ESCI.
En "Vale la pena leer", reseña del libro
de Xavier Guix Si
no lo creo no lo veo.
En "Artículos y entrevistas", entrevista
a Linda Babcock, coautora de Las mujeres no se
atreven a pedir.
En "Historias y metáforas", esperamos que
disfrutes la Historia
de la pequeña luciérnaga.
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A
pesar de que todos nos sentimos mejor cuando recibimos alabanzas
y aprobación, una amplia investigación ha demostrado
que los sentimientos del propio valor de la mujer media tienen
tendencia a fluctuar más en respuesta al feedback
tanto si es positivo como negativo que los del
hombre medio.
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Un estudio descubrió que los sentimientos positivos de
las mujeres en cuanto a sus capacidades y a su actuación
en el trabajo, aumentaban significativamente en respuesta al
feedback positivo y que caían en picado de forma
espectacular en respuesta al feedback negativo. |
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En
comparación, los sentimientos de los hombres respecto
a la calidad de su trabajo cambió muy poco en respuesta
a cualquier tipo de feedback. Ser recompensada por sus
logros (en oposición a pedir reconocimiento) es posible
que no sólo aumente el orgullo de una mujer respecto
a su trabajo, sino que también puede aumentar su sensación
de que tiene derecho a algo. Muchas mujeres esperan ser recompensadas
por sus esfuerzos, en otras palabras, no saben si merecen algo,
a menos que alguna otra persona les confirme que lo merecen".
(1) |
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"Las
mujeres nunca piden nada. No piden aumentos de sueldo, ascensos
ni mejores oportunidades de trabajo. No piden reconocimiento
por el buen trabajo que hacen. No piden más ayuda en
el hogar. En otras palabras, es mucho menos probable que las
mujeres utilicen la negociación para conseguir lo que
quieren que los hombres." |
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Linda
Babcock y Sara Laschever, Las Mujeres no se atreven a pedir. |
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Diversos
estudios ponen de manifiesto que las mujeres están
dispuestas a sacrificar tiempo y espacio por no pedir. Las
mujeres se sienten incómodas utilizando la negociación
a favor de sus intereses. En cambio, se sienten mucho más
cómodas pidiendo por cuenta de otros, porque esta actividad
les parece que está de acuerdo con las normas de género
existentes para las mujeres.
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Las fuerzas sociales les han enseñado desde pequeñas
a concentrarse en las necesidades de los demás, en lugar
de en las propias. Eso explica que cambien comportamientos para
proteger conexiones personales, a veces pidiendo las cosas indirectamente,
pidiendo menos de lo que desean, o trabajando más para
conseguir que les den lo que quieren sin tener que pedirlo. |
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Según
Linda Babcock y Sara Laschever (2) las mujeres siguen trabajando
por menos dinero del que se merecen y llegan menos lejos y con
menos rapidez que los hombres porque: |
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Desconocen que tienen el derecho personal a pedir. |
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Perciben que las circunstancias son más fijasmenos
negociables de lo que son en realidad. |
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Asumen que alguien o algo tiene el control y, por tanto, esperan
que los demás se den cuenta de su valor y las asciendan. |
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No están seguras de merecer más, y por eso se
conforman con menos. |
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Temen que pedir algo que quieren dañe sus relaciones
con la persona a la que tienen que pedírselo. |
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Temen
que un desacuerdo por el resultado de una negociación
represente un conflicto personal entre los negociadores involucrados.
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¿Te
sientes identificada con alguno de estos puntos? ¿Consigues
lo que deseas? ¿Pides las cosas directamente o esperas
que te lean el pensamiento? ¿Trabajas más de la
cuenta para que te den lo que quieres sin tener que pedirlo?
¿Qué precio pagas cada vez que no pides algo que
es importante para ti? |
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Sea
cual sea tu situación, es importante que liberes la palabra
"negociación" de cualquier posible connotación
negativa. En medio de un cambio personal y profesional tan rápido,
la negociación ya no es opcional; se ha convertido en
una habilidad básica para la supervivencia. |
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Las
mujeres proactivas desarrollan las habilidades necesarias para
pedir lo que quieren, tanto en el ámbito doméstico
como en el laboral, en lugar de esperar a que alguien se lo
proporcione. Saben que si se quedan sentadas esperando que los
demás reconozcan sus logros y sus méritos es bastante
probable que les salgan raíces. Las mujeres proactivas
estan dispuestas a negociar. |
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En
Las Mujeres no se atreven a pedir. Saber negociar ya no es
sólo cosa de hombres (2) Linda
Babcock y Sara Laschever analizan los retos a los que se
enfrentan las mujeres a la hora de negociar. |
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Este
soberbio trabajo nos enseña a reconocer el modo en
que nuestras instituciones, las costumbres de educar a los
hijos y las asunciones no manifestadas perpetúan la
gran diferencia que hay entre hombres y mujeres en su capacidad
para negociar y luchar por lo que quieren.
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Aquí tienes un fragmento que demuestra hasta qué
punto las mujeres estamos condicionadas por las expectativas
sociales y los estereotipos de género: |
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"A
Las mujeres no les gusta competir con los hombres y gran parte
de lo que sabemos respecto a las normas de género, apoya
esta interpretación. Los chicos aprenden que se espera
que compitan y que demuestren una capacidad superior sobre las
chicas en ciertas áreas (inteligencia, proezas físicas,
éxito en los negocios) y que esta superioridad es de
la máxima importancia para la definición que hace
nuestra sociedad de la masculinidad. Las chicas también
aprenden estas lecciones sobre los varones.
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(....)
Competir con un hombre en una negociación y ganar
conseguir
que él le dé un aumento de sueldo mejor de lo
que él quería, un precio mejor para un automóvil,
más responsabilidad en un proyecto de la que él
tenía intención de darle puede
amenazar la idea que ha recibido, de la sociedad, de su propia
masculinidad. Y las mujeres aprenden que esto raras veces es
una buena idea, porque una amenaza tan desestabilizadora actuará
casi inetivablemente de manera negativa, castigando a la mujer
que la formuló o la representaba. |
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Es
posible que ella pague un precio en su vida privada, así
como en el trabajo. En Creating A life: Professional Women
and the Quest for Children, la economista Sylvia Ann Hewlett
dice que "cuanto más éxito tiene la mujer,
menos probable es que encuentre un marido o tenga un hijo".
A pesar de que muchos hombres se mofan de la idea de que se
sienten amenazados por las mujeres inteligentes o que es menos
probable que se citen con ellas, este fenómeno parece
persistir. Dos chicas estudiantes de un MBA en Harvard, entrevistadas
en 60 Minutos en la televisión en 2002, confesaron que
ya no admiten, ante los hombres, que estudian en Harvard porque
los hombres se sienten demasiado amenazados por su éxito
para seguir manteniendo relaciones con ellas. |
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La
popular serie de televisión Sexo en Nueva York, que trata
de las vidas personales de cuatro mujeres de carrera en Nueva
York (una de las cuales deja de trabajar para casarse), ilustró
este dilema en un episodio. Miranda, uno de los principales
personajes de la serie, es una abogada de éxito y socia
de la empresa. Como ha observado que el éxito en su carrera
asusta a muchos de los hombres a los que conoce, Miranda finge
que es azafata de vuelo para ver si los hombres le responden
de modo diferente. Esta ficción, para su mortificación,
resulta tener mucho éxito. Los hombres le responden de
una manera mucho más entusiasta que antes, demostrando
de forma concisa la presión que sienten las mujeres para
que hablen menos de sus logros a fin de que los hombres no se
sientan intimidados y para proteger sus propias posibilidades
de establecer relaciones con ellos. |
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Éste
es sólo un ejemplo de cómo los estereotipos de
género pueden condicionar el comportamiento de hombres
y mujeres. Para más ejemplos, basados en investigaciones
psicológicas, sociológicas y del ámbito
organizacional, os recomendamos la lectura de este iluminador
e inspirador libro. |
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(1)
Roberts, T. y S. Nolen-Hoeksema, 1989. "Sex differences
in reactions to evaluative feedback". Sex Roles
21: 725-747. (Referencia extraída del libro de Linda
Babcock y Sara Laschever). |
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(2)
Linda Babcock y Sara Laschever, 2005. Las Mujeres no se atreven
a pedir. Saber negociar ya no es sólo cosa de hombres.
Editorial Amat. Barcelona, 2005. |
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