N. 10, Abril de 2005

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1. ¿Sabías que...? Varios estudios y trabajos de investigación ponen de manifiesto que las mujeres son más sensibles al feedback, tanto si es positivo como si es negativo.
2. Está en tus manos.  Identifica algunas de las creencias y de los estereotipos de género que explican por qué a las mujeres les resulta difícil pedir un aumento de sueldo o solicitar ayuda en el hogar.
3. Ellas tienen la palabra. En Las Mujeres no se atreven a pedir, Linda Babcock y Sara Laschever analizan, con profundidad y rigor, los retos a los que se enfrentan las mujeres a la hora de negociar.


El día 22 de Abril, taller de Coaching para mujeres profesionales, en la ESCI.

En "Vale la pena leer", reseña del libro de Xavier Guix Si no lo creo no lo veo.

En "Artículos y entrevistas", entrevista a Linda Babcock, coautora de Las mujeres no se atreven a pedir.

En "Historias y metáforas", esperamos que disfrutes la Historia de la pequeña luciérnaga.

A pesar de que todos nos sentimos mejor cuando recibimos alabanzas y aprobación, una amplia investigación ha demostrado que los sentimientos del propio valor de la mujer media tienen tendencia a fluctuar más en respuesta al feedback —tanto si es positivo como negativo— que los del hombre medio.

Un estudio descubrió que los sentimientos positivos de las mujeres en cuanto a sus capacidades y a su actuación en el trabajo, aumentaban significativamente en respuesta al feedback positivo y que caían en picado de forma espectacular en respuesta al feedback negativo.
En comparación, los sentimientos de los hombres respecto a la calidad de su trabajo cambió muy poco en respuesta a cualquier tipo de feedback. Ser recompensada por sus logros (en oposición a pedir reconocimiento) es posible que no sólo aumente el orgullo de una mujer respecto a su trabajo, sino que también puede aumentar su sensación de que tiene derecho a algo. Muchas mujeres esperan ser recompensadas por sus esfuerzos, en otras palabras, no saben si merecen algo, a menos que alguna otra persona les confirme que lo merecen". (1)
"Las mujeres nunca piden nada. No piden aumentos de sueldo, ascensos ni mejores oportunidades de trabajo. No piden reconocimiento por el buen trabajo que hacen. No piden más ayuda en el hogar. En otras palabras, es mucho menos probable que las mujeres utilicen la negociación para conseguir lo que quieren que los hombres."
Linda Babcock y Sara Laschever, Las Mujeres no se atreven a pedir.

Diversos estudios ponen de manifiesto que las mujeres están dispuestas a sacrificar tiempo y espacio por no pedir. Las mujeres se sienten incómodas utilizando la negociación a favor de sus intereses. En cambio, se sienten mucho más cómodas pidiendo por cuenta de otros, porque esta actividad les parece que está de acuerdo con las normas de género existentes para las mujeres.

Las fuerzas sociales les han enseñado desde pequeñas a concentrarse en las necesidades de los demás, en lugar de en las propias. Eso explica que cambien comportamientos para proteger conexiones personales, a veces pidiendo las cosas indirectamente, pidiendo menos de lo que desean, o trabajando más para conseguir que les den lo que quieren sin tener que pedirlo.
Según Linda Babcock y Sara Laschever (2) las mujeres siguen trabajando por menos dinero del que se merecen y llegan menos lejos y con menos rapidez que los hombres porque:
Desconocen que tienen el derecho personal a pedir.
Perciben que las circunstancias son más fijas—menos negociables— de lo que son en realidad.
Asumen que alguien o algo tiene el control y, por tanto, esperan que los demás se den cuenta de su valor y las asciendan.
No están seguras de merecer más, y por eso se conforman con menos.
Temen que pedir algo que quieren dañe sus relaciones con la persona a la que tienen que pedírselo.
Temen que un desacuerdo por el resultado de una negociación represente un conflicto personal entre los negociadores involucrados.
¿Te sientes identificada con alguno de estos puntos? ¿Consigues lo que deseas? ¿Pides las cosas directamente o esperas que te lean el pensamiento? ¿Trabajas más de la cuenta para que te den lo que quieres sin tener que pedirlo? ¿Qué precio pagas cada vez que no pides algo que es importante para ti?
Sea cual sea tu situación, es importante que liberes la palabra "negociación" de cualquier posible connotación negativa. En medio de un cambio personal y profesional tan rápido, la negociación ya no es opcional; se ha convertido en una habilidad básica para la supervivencia.
Las mujeres proactivas desarrollan las habilidades necesarias para pedir lo que quieren, tanto en el ámbito doméstico como en el laboral, en lugar de esperar a que alguien se lo proporcione. Saben que si se quedan sentadas esperando que los demás reconozcan sus logros y sus méritos es bastante probable que les salgan raíces. Las mujeres proactivas estan dispuestas a negociar.
En Las Mujeres no se atreven a pedir. Saber negociar ya no es sólo cosa de hombres (2) Linda Babcock y Sara Laschever analizan los retos a los que se enfrentan las mujeres a la hora de negociar.
Este soberbio trabajo nos enseña a reconocer el modo en que nuestras instituciones, las costumbres de educar a los hijos y las asunciones no manifestadas perpetúan la gran diferencia que hay entre hombres y mujeres en su capacidad para negociar y luchar por lo que quieren.
Aquí tienes un fragmento que demuestra hasta qué punto las mujeres estamos condicionadas por las expectativas sociales y los estereotipos de género:
"A Las mujeres no les gusta competir con los hombres y gran parte de lo que sabemos respecto a las normas de género, apoya esta interpretación. Los chicos aprenden que se espera que compitan y que demuestren una capacidad superior sobre las chicas en ciertas áreas (inteligencia, proezas físicas, éxito en los negocios) y que esta superioridad es de la máxima importancia para la definición que hace nuestra sociedad de la masculinidad. Las chicas también aprenden estas lecciones sobre los varones.  
(....) Competir con un hombre en una negociación y ganar conseguir que él le dé un aumento de sueldo mejor de lo que él quería, un precio mejor para un automóvil, más responsabilidad en un proyecto de la que él tenía intención de darle— puede amenazar la idea que ha recibido, de la sociedad, de su propia masculinidad. Y las mujeres aprenden que esto raras veces es una buena idea, porque una amenaza tan desestabilizadora actuará casi inetivablemente de manera negativa, castigando a la mujer que la formuló o la representaba.
Es posible que ella pague un precio en su vida privada, así como en el trabajo. En Creating A life: Professional Women and the Quest for Children, la economista Sylvia Ann Hewlett dice que "cuanto más éxito tiene la mujer, menos probable es que encuentre un marido o tenga un hijo". A pesar de que muchos hombres se mofan de la idea de que se sienten amenazados por las mujeres inteligentes o que es menos probable que se citen con ellas, este fenómeno parece persistir. Dos chicas estudiantes de un MBA en Harvard, entrevistadas en 60 Minutos en la televisión en 2002, confesaron que ya no admiten, ante los hombres, que estudian en Harvard porque los hombres se sienten demasiado amenazados por su éxito para seguir manteniendo relaciones con ellas.
La popular serie de televisión Sexo en Nueva York, que trata de las vidas personales de cuatro mujeres de carrera en Nueva York (una de las cuales deja de trabajar para casarse), ilustró este dilema en un episodio. Miranda, uno de los principales personajes de la serie, es una abogada de éxito y socia de la empresa. Como ha observado que el éxito en su carrera asusta a muchos de los hombres a los que conoce, Miranda finge que es azafata de vuelo para ver si los hombres le responden de modo diferente. Esta ficción, para su mortificación, resulta tener mucho éxito. Los hombres le responden de una manera mucho más entusiasta que antes, demostrando de forma concisa la presión que sienten las mujeres para que hablen menos de sus logros a fin de que los hombres no se sientan intimidados y para proteger sus propias posibilidades de establecer relaciones con ellos.
Éste es sólo un ejemplo de cómo los estereotipos de género pueden condicionar el comportamiento de hombres y mujeres. Para más ejemplos, basados en investigaciones psicológicas, sociológicas y del ámbito organizacional, os recomendamos la lectura de este iluminador e inspirador libro.
(1) Roberts, T. y S. Nolen-Hoeksema, 1989. "Sex differences in reactions to evaluative feedback". Sex Roles 21: 725-747. (Referencia extraída del libro de Linda Babcock y Sara Laschever).
(2) Linda Babcock y Sara Laschever, 2005. Las Mujeres no se atreven a pedir. Saber negociar ya no es sólo cosa de hombres. Editorial Amat. Barcelona, 2005.
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