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Dos
décadas después de la publicación del famoso
best seller de Marjorie Hansen Shaevitz, todavía son muchas
las mujeres que padecen en el mundo el "síndrome de
la superwoman". Algunas, sin embargo, han conseguido escapar
a los cantos de sirena de esta peligrosa trampa. ¿Cuál
es su secreto? Han descubierto el coaching personal, un entrenamiento
personalizado gracias al cual han aprendido a marcarse objetivos
personales y a establecer prioridades; y han adquirido las habilidades
de organización personal y gestión del tiempo necesarias
para simplificar su día a día.
Educadas bajo los mandatos de una sociedad que les exige dar el
máximo en cada rol y faceta de su vida, muchas mujeres profesionales
se autoimponen cumplir a la perfección un sinfín de
tareas las veinticuatro horas del día para poder compatibilizar
trabajo y vida privada; y dar respuesta a unas elevadas expectativas:
alcanzar el éxito profesional, tener una relación
de pareja perfecta, unos hijos maravillosos, mantenerse estupendas
físicamente, cultivarse intelectualmente... y tener estilo
de vida que haga justicia a todas estas aspiraciones.
El precio que pagan por tratar de llegar a TODO con el mismo nivel
de exigencia es de sobras conocido: fatiga, déficit de atención,
tensión muscular, desórdenes digestivos, insomnio,
estrés... La "supermujeres" acaban sus dobles y
triples jornadas con la sensación de que se le ha descargado
la batería; exhaustas física y mentalmente. Pero el
estrés es sólo la punta visible del iceberg. La base
que sostiene este edificio es la sobrecarga de tareas y responsabilidades
que asumen: querer tenerlo todo simultáneamente en todas
las esferas de la vida.
Tenerlo TODO significa para muchas mujeres "hacerlo todo"
y "hacerlo todo al mismo tiempo". Éste es un sueño
imposible. Quizás podemos tener todo lo que deseamos en la
vida, pero no al mismo tiempo y menos si tenemos que hacerlo todo
nosotras. Lograr ese objetivo o algo que se le parezca requiere
una visión a largo plazo que nos permita secuenciar, planificar,
definir planes de acción y buscar los recursos necesarios
para compartir y delegar responsabilidades.
Secuenciar no significa renunciar a nuestras ambiciones. No se trata
de abandonar el trabajo y las aspiraciones profesionales como se
desprende de algunos eslóganes de marcado carácter
reaccionario. Es bueno tener unas metas exigentes siempre que éstas
no sean contradictorias entre sí y que estén alineadas
con nuestros valores, intereses y necesidades. Lamentablemente no
siempre es así. ¿Tenerlo todo es lo que quiere la
"supermujer" o lo que piensa que debería querer?
Esta pregunta pone el dedo en la llaga, porque a menudo la "supermujer"
actúa en función de lo que los otros esperan de ella
o de lo que piensa que los otros esperan de ella. Obtiene un sentido
de quién es buscando la aprobación de los demás,
siendo eficaz, perfecta y competente en todos los roles y facetas
de la vida. Sin embargo, a pesar de aspirar a ser autosuficiente
hay una batalla que está muy lejos de haber ganado: conseguir
la independencia emocional.
La mujer trabajadora que padece el "síndrome de la supermujer"
necesita ayuda para conocerse, saber cuáles son sus propias
necesidades y asumir sus limitaciones de tiempo y energía.
Necesita encontrar su propio camino para jugar el juego que le permita
ser efectiva y autogestionarse sin hacerse autosabotaje.
En este terreno el coaching personal se convierte en uno de sus
principales aliados. Esta nueva disciplina cuenta con numerosas
herramientas y recursos para ayudar a las mujeres a equiparse con
las habilidades necesarias para establecer prioridades y organizarse
en casa y en el trabajo
de manera que puedan alcanzar una mayor calidad de vida y destierren
definitivamente el fantasma de la "superwoman" de sus
vidas. |