Especial nº 10 Abril de 2005  
2005 de Mproactiva 
Junto con Las Horas, Mproactiva distribuye una vez al mes un número especial en el que tratamos algún tema que consideramos puede ser del interés de nuestr@s lector@s.
Éste es un especial sobre El fantasma del desamor.

El miedo a "no ser queridas" es una de las cárceles más terribles de las mujeres. Por miedo a no ser queridas cedemos tiempo y espacio, postergamos proyectos, toleramos dependencias, silenciamos opiniones y asumimos unilateralmente responsabilidades que no nos corresponden de forma exclusiva. El precio que pagamos por traicionarnos a nosotras mismas es demasiado elevado. En este especial, os ofrezco una reflexión personal sobre este tema, fruto de una experiencia como telespectadora.

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"Tolero mal que haya alguien en el mundo que no me quiera y debo reconocer que gran parte de mis comportamientos está dirigida a que los demás puedan pensar que yo soy buena y macanuda"
Clara Coria, Las negociaciaciones nuestras de cada día
Hace un par de semanas me dispuse a ver la tele. Mi cuerpo me pedía que me apalancase en el sofá y pensé, ¡bueno!, un día es un día... no puede hacerme daño, ¿verdad? Lo dicho. Me estiré en el sofá y cuál fue mi sorpresa al descubrir una serie que puede dar pie a numeros estudios sociológicos. Me consta que en la prensa ya se han publicado algunas cartas de denuncia sobre la forma en que se abordan determinadas psicopatologías. Se llama Nip/Tuck y ha sido la ganadadora de un Globo de Oro. Uno de los protagonistas, un cirujano plástico emocionalmente inmaduro, es prisionero de una adicción al sexo en grado severo. Su máxima preocupación diaria es encontrar alguien con quien pasar el rato —y no precisamente leyendo los clásicos— para evadirse del fantasma de la soledad.
El motivo de que escriba estas líneas no es la conducta adictiva de este individuo, sino la historia de su socio empresarial, Sean Mcnamara, otro cirujano plástico, cuyo estilo de vida es diametralmente opuesto al de su compañero. Responsable, emocionalmente maduro, felizmente casado, padre de dos hijos... aparentemente, todo un modelo a seguir. Mientras su amigo sale al asfalto en busca de alguna chica despampanante que le permita evadirse de la realidad, nuestro protagonista se enfrenta a una nueva aventura que promete liberarlo de la rutina: ser padre por tercera vez.
Ésta podría ser una historia con final feliz, pero no lo es. Antes de quedarse embarazada, su mujer, Julia, decide que quiere ir a la universidad para estudiar la carrera de medicina. De joven abandonó las aulas para dedicarse al cuidado de sus hijos y, ahora que éstos son mayores, le gustaría retomar los estudios. Tener otro hijo altera sus prioridades. Significa perder de nuevo el tren de la universidad y volver a recluirse en el hogar. En estos momentos lo último que le apetece es tener otro hijo, pero no se atreve a plantearle a su marido la posibilidad de abortar para no desilusionarlo.
Para el cirujano, en cambio, este embarazo supone una nueva oportunidad para asumir una paternidad responsable y poderle dedicar al nuevo vástago la atención y el tiempo que no dedicó, en el pasado, a sus otros dos hijos. Además, piensa que tener un nuevo bebé les ayudará a resolver algunos problemas matrimoniales que hace tiempo que arrastran y que hacen peligrar su relación.
Por problemas en el embarazo, el ginecólogo aconseja a Julia que haga reposo absoluto hasta que dé a luz. Aun así, ella decide presentarse a la prueba de acceso a la universidad y mientras está fuera de casa, sufre un aborto. Cuando el marido se entera de que ha perdido la criatura, la responsabiliza de lo sucedido. La acusa de haberlo hecho voluntariamente porque no deseaba tener otro bebé y le echa en cara que no lo quiere lo suficiente. Si me quisieses —le dice— hubieras tenido ese hijo por mí.
En la serie aparecen otros ejemplos interesantes. Una mujer que ha sufrido un cáncer de mama y una mastectomía está decidida a aumentar la talla de pecho para compensar a su marido por el sufrimiento que le ha ocasionado su enfermedad y satisfacer, así, sus fantasías eróticas. "Ese es el regalo que voy a hacerle, ¡pobre!, se lo merece, ha sufrido tanto con todo esto..." Si a ella le apeteciese aumentar tu talla, sería fantástico, pero en cuanto ve los globos de silicona tamaño XL, a la pobre se le hace un nudo en la garganta. ¿Es necesario que lo recompense de esta manera? —se pregunta.
Es sólo una serie de televisión, me diréis. Sí, es una serie, pero lo que refleja no se aleja demasiado de la realidad. Son muy frecuentes los casos de entrega y sacrificio femenino "por amor". Decidir ser mamá para complacer a la pareja o para responder al mandato social, es algo que, por desgracia, todavía es demasiado frecuente. Entre otras cosas porque nos han socializado para que nos creamos que el rol de madre va obligatoriamente en el pack de roles que, como mujeres, nos corresponde asumir (*). ¿Qué harías tú si alguien te pidiese una prueba de amor de este calibre? ¿Renunciarías a tus propios deseos y necesidades para satisfacer las expectativas del otro?
Son muy variados los sacrificios y las renuncias que están dispuestas a hacer muchas mujeres: "ya me hago yo cargo de las niñas para que puedas conseguir ese ascenso"; "no te preocupes, me quedaré en casa para no tener que pagar guardería..."; "hagamos lo que tu quieras, cariño, a mí me da igual"; "no importa, puedo posponer mis proyectos, cuando tengamos más dinero ya lo haré..."

Todos estos ejemplos ponen de manifiesto la facilidad con la que las mujeres caen en la trampa de creer que el único amor verdadero es el "amor incondicional". Cuando una mujer actúa de forma incondicional — haciendo todo lo que el otro desea— cree que así podrá garantizar el amor eterno, y con ello erradicar el fantasma del desamor. Pero la pretensión de garantías es una creencia ilusoria; a todos y a todas nos consta que en lo que al amor se refiere, no existen garantías de ningún tipo (**).

Según esta concepción particular del amor, el sacrificio forma parte del destino femenino. Y es que las fuerzas sociales han hecho una gran labor de fondo para hacernos creer que la abnegación, la entrega y la autopostergación son legítimas si se hacen en aras de la felicidad de aquellos a quienes amamos. Si soy buena, si me entrego, si me sacrifico, si estoy siempre disponible para ayudar a los demás... me querrán. Demasiadas condiciones y demasiadas concesiones.
El miedo a "no ser queridas" es una de nuestras más terribles y lastimosas cárceles. Ese miedo hace que las expectativas de los otros funcionen para nosotras como mandatos. Como dice C. Coria en Las negociaciaciones nuestras de cada día: "por miedo a no ser queridas, cedemos espacios, postergamos proyectos, hacemos concesiones innecesarias, toleramos dependencias, silenciamos opiniones y asumimos unilateralmente responsabilidades que no nos corresponden exclusivamente a nosotras".
Cuando nos traicionamos a nosotras mismas estamos pagando un precio demasiado elevado. ¿Adónde van los anhelos y los planes abortados? ¿Adónde van a parar los deseos no manifestados? ¿Qué heridas te dejan los silencios forzados y las renuncias autoimpuestas?
Afortunadamente, el caso de la paciente de Nip/Tuck que ha sufrido una mastectomía tiene un final feliz. Deja a su marido y decide no hacerse un implante de silicona talla XL. No está dispuesta a alterar su anatomía de forma exagerada para complacer a otra persona. Decide colocar su Yo en el centro.

Gracias a todas y a todos por los comentarios que nos habéis hecho llegar sobre el último número de Las Horas. Nos alegra que os haya gustado. Nos vemos en Mayo.

Maria Pallarés
Coach Personal

Notas y Referencias
(*) Ser mamá es una aventura apasionante para muchas mujeres. Pero no es una aventura obligatoria. Cada mujer debería escoger libremente si desea transitar la maternidad o no.

(**) Clara Coria, Las negociaciaciones nuestras de cada día. Editorial Paidós, 1996. El título de este especial "El fantasma del desamor", está extraído de este libro.

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