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2004-2005 de mproactiva |
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1.
¿Sabías que...? La historia
del prisionero chino que guardaba alambres en una botella es
un buen ejemplo para reflexionar sobre los peligros de repetir
las mismas conductas de forma mecánica. |
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2.
Está en tus manos. Hacer
algo distinto para dejar de ser una esclava de tus propios estándares. |
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3.
Ellas tienen la palabra. Recogemos
algunos de los consejos que propone Jan Yager, doctora en sociología
y experta en gestión del tiempo, para liberarse del sentimiento
de culpa. |
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El
día 5 de Julio en la librería Excellence de
Barcelona, Maria Pallarés compartirá algunos
principios del coaching personal en la conferencia:
Coaching para mujeres. Organizando valores y prioridades.
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El
día 14 de julio, impartimos un taller intensivo de verano,
"Coaching
para organizarse de forma efectiva", dirigido a mujeres
profesionales que están cansadas de hacer juegos malabares
para llegar a todo. |
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Un hombre pasó varios años en una cárcel
de China. Un día, en el taller de la prisión en
el que trabajaba, encontró unos pequeños trocitos
de alambre que brillaban entre las virutas del suelo. Empezó
a recogerlos y a guardarlos en una botella que tenía
en su habitación para alegrar un poco la celda. Finalmente
salió de la prisión después de años
de confinamiento, llevándose consigo la botella llena
de alambres como recuerdo del tiempo que había pasado
allí. Convertido en un hombre mayor que ya no tenía
edad para trabajar, seguía levantándose todos
los días exactamente a la misma hora a la que el guardián
había decretado que los prisioneros debían levantarse
y yéndose a dormir a la hora en que solían apagarse
las luces de la prisión. Se movía dentro de sus
habitaciones siguiendo los mismos patrones que había
seguido cuando estaba confinado en su celda; cuatro pasos a
adelante y cuatro pasos atrás. Después de algún
tiempo haciéndolo, un día su frustración
le hizo romper la botella que se había llevado como recuerdo.
Y pudo ver cómo la masa de alambres oxidados había
adoptado la forma de la botella. (1) |
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Esclavas
de nuestros propios estándares
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En
muchas ocasiones nos comportamos como el prisionero chino descrito
por Bette Bao Lord: repetimos como autómatas los mismos
pasos una y otra vez y nos preguntamos: ¿cuándo
cambiarán las cosas? Esto es muy frecuente en el día
a día de la mujeres profesionales. Muchas se quejan de
la falta de tiempo para sí mismas, pero no hacen nada
diferente para cambiar su situación actual. |
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Son
muchas las mujeres que se autoexigen cumplir a la perfección
con un sinfín de tareas las 24 horas del día
para poder compatibilizar profesión, pareja, hijos
y padres mayores. Atrapadas en rutinas poco flexibles y desbordadas
por la multitud de tareas del día a día, no
encuentran tiempo para detenerse a pensar si pueden cambiar
las reglas del juego que ellas mismas se autoimponen. El precio
que pagan por ello es de sobras conocido: estrés, cansancio,
dificultades para priorizar, falta de realización personal...
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Una de las causas de esta situación de desbordamiento
es la poca flexibilidad para cambiar nuestras pautas de conducta
y nuestros estándares. Quizás os resulten familiares
algunas de estas frases: "Me gusta hacerlo a mi manera";"yo
soy la única capaz de tomar ese tipo de decisiones";
"Mi ex lleva a la niña hecha un asco. ¡No
le ha puesto el vestido que le dije!"; "Mi marido
es un desastre para las tareas domésticas; prefiero hacerlo
todo yo, acabo mucho antes". |
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Pensar
que solo existe una manera correcta de hacer las cosas la
propia aboca a muchas mujeres a un excesivo despilfarro
energético. Al final no disponen del tiempo que desearían
y su espacio mental está permamentemente ocupado por
los "tengo que" y los "debería",
propios y ajenos. |
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Para
más mortificación, es frecuente oír voces
que defienden la supuesta habilidad de las mujeres para hacer
varias cosas al mismo tiempo. ¿La multitarea es una cualidad
intrínseca al género femenino? ¿o de tanto
oírlo y hacerlo al final nos lo hemos acabado
creyendo? ¿Cuánto tiene de diferencia biológica
y cuánto de diferencia cultural? ¿Qué pensáis
vosotras? |
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Nosotras
pensamos que la creencia "somos buenas para la multitarea"
legitima la expectativa social según la cual las mujeres
deberíamos tener un alto nivel de desempeño en
los múltiples roles que se nos atribuye. Y, a fuerza
de repetir una determinada conducta, cualquiera puede acabar
convirtiéndose en un experto/a. Pregunta de examen: ¿La
mutitarea juega a nuestro favor o en nuestra contra? |
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Sólo
tres apuntes que nos parecen especialmente relevantes: |
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(1)
Practicar la multitarea no nos hace ser más productivas.
Aunque hay algunas tareas ligeras que pueden hacerse al mismo
tiempo véase planchar y ver la tele si queremos
acometer una tarea más sesuda es necesario poder mantener
el nivel de concentración adecuado. Cuando atacamos muchos
frentes e incompletos a la vez nuestra energía se dispersa
y acabamos saltando de una cosa a la otra. Ya lo dice el refranero
popular: quien mucho abarca poco aprieta. |
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(2)
Una de las formas de liberarse de la multitarea es delegar más
a menudo. Eso significa evitar caer en la trampa de hacer las
cosas por el otro bajo el pretexto de ganar tiempo. A medio
y a largo plazo, es más rentable enseñar al
otro a pescar antes de darle el pez. Para conseguir que
los demás asuman sus responsabilidades hemos de creer
que ellos/ellas son tan capaces como nosotras de hacer esas
tareas aunque las hagan de una forma distinta y
que tenemos derecho a pedir y a negociar. |
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(3)
Eliminar aquellas tareas no esenciales que nos roban tiempo,
espacio y energía es otra buena manera de rebajar nuestros
estándares. A la hora de tomar una decisión con
respecto a hacer o no hacer una determinada tarea casi siempre
disponemos de más opciones de las que percibimos como
posibles. Veamos algunas de ellas: eliminarla, hacerla, delegarla,
subcontratarla, posponerla, hacer trueque, comprar ayuda...
¿Cómo saber cuál es mejor en cada momento?
Aquí tienes algunas preguntas que pueden ayudarte: ¿es
realmente necesario hacer esta tarea?; ¿qué va
a suceder si no se hace?; ¿de verdad tiene que hacerse
ahora mismo?; ¿qué pasaría si se quedase
sin hacer?; ¿de qué otras maneras puedo hacerla?;
¿quién más podría hacerla?; ¿hay
una forma más fácil de hacerla?
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Quizá
vale la pena recordarse de vez en cuando que nuestros estándares
no están labrados en piedra. Está en nuestras
manos cambiarlos y ajustarlos a medida que cambian nuestras
prioridades y valores si queremos evitar que nuestra vida acabe,
a la larga, encajándose en la forma de una botella. |
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¿Qué
ocurre cuando no actuamos de acuerdo con nuestros estándares?
Es posible que nos hagamos íntimas amigas de la culpa.
Culpabilizarnos por no haber actuado como supuestamente deberíamos
es uno de los castigos que nos autoimponemos por no ser "perfectas".
Detrás de este castigo suelen haber pensamientos irracionales
muy variados. Pensar, por ejemplo, que debemos ser siempre pacientes
con nuestros hijos e hijas, es una idea poco racional. Nadie
tiene paciencia absoluta. Querer a alguien no significa que
debamos ser siempre perfectas o que debamos estar siempre disponibles.
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Se
han escrito muchos tratados sobre cómo liberarse de
la culpa en sus distintas formas y manifestaciones. A continuación
recogemos algunos de los consejos que propone Jan Yager (2),
doctora en sociología de la City University de Nueva
York y experta en gestión del tiempo :
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1. Clarifica tus valores, prioridades y creencias. La
culpa surge de tratar de gustar a los demás. Si estableces
tus propias directrices no te dejarás sacudir por la
presión que ejercen los otros sobre ti. |
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2.
Date permiso para cometer errores. Deja de darle vueltas
a los errores. Aprende de los errores actuales y pasados y toma
notas sobre lo que pasó y por qué, pero deja de
castigarte una y otra vez. |
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3.
Recuerda que hay cosas que puedes controlar y otras que no;
y establece la diferencia.
No deberías culparte por el mal humor de tu jefe o por
la decisión de recolocar tu empresa. Tú no eres
responsable de los demás, sólo de ti misma, aunque
los otros pueden escoger comportarse de una manera determinada
en función de tus acciones. |
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4.
Baja tus expectativas.
Si tus expectativas son inalcanzables te estás condenando
a sentirte culpable si fracasas, aunque tus estándares
sean impracticables. Si tus objetivos no son realistas, ajústalos.
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A
las puertas de la verbena de San Juan, ¿qué os
parecería organizar un ritual para enterrar la culpa? |
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Referencias
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(1)
Bette Bao Lord, 1990, A Chinese mosaic, Nueva York, Fawcett
Books, 1991. |
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(2)
Jan Yager. Creative Time management for the New Millenium.
Hannacroix Creek Books, Inc. 1999. |
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